Flexibilizaciones: para el Gobierno, Argentina es solo una campaña electoral

Flexibilizaciones: para el Gobierno, Argentina es solo una campaña electoral

La dura derrota que sufrió el oficialismo en las PASO fue necesaria para que las autoridades entendieran que su agenda política está en las antípodas de las demandas de la sociedad. Pero no alcanza.

Redacción MDZ

Redacción MDZ

Para el Gobierno nacional, la Argentina, es sólo una campaña electoral. Al menos, eso es lo que parece en los últimos meses, donde funcionarios en cargos claves, desde el presidente para abajo, tienen la atención puesta, exclusivamente, en los comicios de noviembre próximo. Lo demás no importa.

La dura derrota que sufrió en las PASO fue necesaria para que las autoridades entendieran que su agenda política está en las antípodas de las demandas de la sociedad. Pero no alcanza.

Un claro ejemplo es lo que sucede en materia de restricciones sanitarias para la industria turística argentina, donde el país soporta, desde marzo del año pasado, un encierro absurdo. Mientras en el mundo, por el avance de la vacunación, la pandemia va quedando atrás, en la Argentina hay sectores que vienen sufriendo una cuarentena eterna, sin lógica ni argumentos válidos, que lleva a lleva a la quiebra inevitables de infinidad de empresas, comercios y deja sin trabajo a miles de personas.

Como una respuesta a la debacle electoral, el Gobierno nacional anunció una serie de medidas de flexibilización en materia turística, con una leve apertura de fronteras. Es de forma restringida, con el poder para funcionarios para la discrecionalidad y con demasiadas condiciones que limitan su efectividad. Como si hiciera algo a regañadientes, en contra de sus intenciones y para atenuar las críticas que viene recibiendo.

Aunque el problema más grave es que lo hace tarde, cuando muchos jugadores del sector han quedado por el camino y otros, difícilmente, podrán recuperarse. No se entiende la justificación de esperar hasta casi un punto de no retorno.

Un duro contraste con el mensaje que llega desde los políticos que, pese al difícil momento que vive la población, no tuvieron ni el mínimo gesto de recortarse sus ingresos. Al contrario, respondieron con festejos que violaron sus propias restricciones o el reparto discrecional de las vacunas, para propios y amigos.

Estados Unidos anunció hace dos días que, a partir de noviembre, ciudadanos de más de treinta países de la Unión Europea y del Reino Unido podrán ingresar a ese país con el certificado de vacunación completa. Una muestra de que, a nivel internacional, el camino avanza de manera más rápida hacia una nueva normalidad, que estará basada en cómo convivir con el coronavirus sin afectar la economía y la vida de la gente.

Basta con mirar los eventos deportivos internacionales, como fútbol, rugby, fórmula 1, MotoGP, llenos de público.

No es el único caso. Muchos más próximos, como en Uruguay o Chile, también la apertura de fronteras, con protocolos claros y simples, es la norma a seguir.

Son señales que se contraponen con lo que sucede en la Argentina que ha mantenido la prohibición del ingreso de turistas extranjeros, con el agravante de que aún hoy hay cientos o miles de argentinos varados en distintos países por la vigencia de un insólito cupo aéreo.

Durante todo este tiempo, el Gobierno nacional ha venido prohibiendo la entrada y salidas del país, afectando las libertades personales y el derecho a transitar, en contra de lo que marca la Constitución Nacional.

Los aeropuertos internacionales en las provincias permanecen cerrados, provocando un daño incalculable a las economías regionales que tienen un gran efecto multiplicador.

Con una política aerocomercial, utilizada como símbolo falso de la soberanía aeronáutica, se avanza hacia un monopolio de Aerolíneas Argentinas, un botín político y económico que quedó en manos de los gremios y La Cámpora. Todas acciones erradas que castigan a los ciudadanos comunes que ya no pueden acceder a tarifas accesibles, y provocó la salida de varias compañías internacionales.

Nada se aprendió durante todo este tiempo y el Gobierno nacional utiliza herramientas perimidas, como este tipo de prohibiciones, para enfrentar la pandemia

Hay datos que son contundentes. En agosto pasado, la cantidad de vuelos internacionales representaron el 30% de los que había en 2019, antes de la pandemia, pero sólo el 8% en cuanto a pasajeros transportados, por la restricciones de asientos disponibles. En Europa, por ejemplo, durante el mismo mes, la actividad aérea internacional estuvo por arriba del 50%, en la mayoría de los países, con casos como Grecia que llegó al 95%.

En cabotaje, los vuelos cayeron 75% respecto a los niveles anteriores al covid.

Esta claro que el Gobierno nacional ha utilizado la pandemia como un regulador de la salida de divisas a través del turismo al exterior. En 2019, el ultimo año previo al coronavirus, el déficit de la balanza del sector fue de U$S5.681 millones. Liberar los vuelos, le significará una presión en el mercado de cambios que el Banco Central no está en condiciones de afrontar.

Esta sin razón hace que el sector turístico esté al borde del colapso, ante la pasividad de las autoridades nacionales. Queda expuesta la debilidad del ministro Matías Lammens, que en ningún momento fue una voz de defensa del sector en el Gabinete. Hoy lo será, menos por tratarse de un hombre del presidente Alberto Fernández, que ha entregado a otros funcionarios que le respondían en esta insólita disputa de espacios internos. 

Sin turistas extranjeros, la actividad perdió una vital fuente de ingresos y el Estado le dio la espalda a la generación de dólares genuinos, en un momento en que la falta de divisas tiene al país al borde de un estallido económico. Más en circunstancias en que la Argentina es extremadamente barata, en dólares, para un visitante del exterior.

La situación de hoteles de lujo como el Fours Season, que presentó convocatoria de acreedores, o el Alvear o el Plaza, que no recibe huéspedes desde meses, son un clara muestra de esta irracionalidad oficial.

Los centros de esquí, que el año pasado apenas pudieron trabajar con turistas locales, vieron otro año imposibilitados de recibir a turistas extranjeros, como brasileños de alto poder adquisitivo, que suelen disfrutar de las bellezas del país. Algunos decidieron no abrir, con el costo que eso implica.

El reconocimiento recibido esta semana por bodegas argentinas, como Zuccardi Valle de Uco y Catena Zapata, en una nueva edición de The Worls’s Best Vineyard, al ubicarlas en el “top ten” internacional, muestra el potencial que tiene, no sólo la industria vitivinícola argentina, sino también la actividad turística que se desarrolla a su alrededor y hoy está desaprovechada.

La situaciones se repiten en todo el territorio nacional. No sólo las compañías de renombre sufren estas consecuencias. Hay un sin número de actividades pequeñas que ven cercenadas sus ingresos. Remiseros, guías turísticos, mozos, vendedores de productos regionales y tantas servicios más.

El senador nacional Julio Cobos presentó un pedido de informe para que el Gobierno nacional de a conocer los planes en materia de reapertura del turismo internacional, la normalización de los vuelos de cabotaje, las normativas de admisión de los viajeros extranjeros y el cupo de ingreso de argentinos al país.

El legislador plantea algo simple y elemental: el sector turístico necesita previsibilidad. No se puede pensar en invertir, en dar trabajo, en crecer si no se tienen reglas claras. Lo mismo corre para los turistas que, difícilmente, puedan decidir visitar el país si todo el tiempo se están cambiando normas.

Un caso claro es lo que sucede con el Parque Provincial Aconcagua que vive de un turismo internacional receptivo. La toma de decisiones de los viajeros se hace con mucha anticipación, a veces hasta de un año, y a medida que se dilata su apertura pone en peligro la próxima temporada de verano. Casos similares se repiten con actividades como la pesca con mosca o los cotos de cazas, que se nutren de turistas del exterior de alto poder adquisitivo. 

El plan de vacunación ha quedado desbordado. Mientras en el mundo se va imponiendo el pasaporte sanitario, como la llave de ingreso a la nueva realidad, los argentinos parecen haber quedado abandonados a su suerte.

Quien quiera viajar a otros países tendrá inconvenientes. El cocktail de vacunas que, de forma desordenada, se está aplicando en el país le cierra a miles de ciudadanos la posibilidad de ingresar a numerosos destinos. Aferrarse a la vacuna rusa Sputinik – que no es aceptada ni en Europa o Estados Unidos – fue una decisión política que privará a muchos argentinos de viajar.

Otra arbitrariedad es que no se piense otorgar el pasaporte sanitario a los argentinos que se han vacunado en el exterior, con el epicentro en Miami. Un muestra más de esa visión clasista con la que se manejan las autoridades.

A esto se suma que está quedando cada vez más claro que se requería una tercera dosis para estar protegidos contra el covid y que ese será, sin duda, un requerimiento que se impondrán para ingresar a otros países. Algo, que en la Argentina de hoy es imposible imaginar cuándo se llevará a cabo, mientras funcionarios siguen festejando como un logro que se apliquen segundas dosis.

Es por eso que esta flexibilización del absurdo cierre de fronteras, que llega tarde, sólo responde a la necesidad de tapar sus falencias en la lucha con el coronavirus. Una medida que, más que un fin sanitario, del alguna manera, mantiene su esencia en prejuicios ideológicos y está destinada a castigar a un sector de la sociedad que, supuestamente, no forma parte de su clientela electoral, pero que no tiene en cuenta que está provocando un daño irreversible a un sector, como el turístico, que genera miles de puestos de trabajo y que lo único que pide, simplemente, es que lo dejen crecer.

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