Lo que las PASO nos mostraron: ¿una base para salir adelante?

Lo que las PASO nos mostraron: ¿una base para salir adelante?

A una semana de las PASO, y luego de que pasara (mucha) agua debajo del puente de la política nacional, corresponde poder hacer un análisis un tanto más sereno y amplio de los resultados y sus consecuencias, y qué nos dicen sobre la realidad sociopolítica de nuestro país.

Rodrigo Fernández Madero

En primer lugar, quisiera detenerme en un análisis “territorial” de los resultados. La diferencia obtenida a favor de Juntos por el Cambio se explica, ante todo, por la caída en el apoyo al oficialismo en importantes zonas del Conurbano bonaerense (la Primera Sección electoral y algunos municipios de la Tercera), así como en su derrota en regiones que, hasta ahora, eran esquivas a las fuerzas no peronistas: el NEA (con Chaco como el mejor ejemplo) y la Patagonia (en la que, sin dudas, se destaca el resultado en Santa Cruz).

El Frente de Todos solo ganó en 7 de los 24 distritos y, a excepción de Salta (en donde lo hizo con una diferencia exigua y fácilmente remontable) en todos ellos la victoria se explica más por el control cuasi-feudal por parte de los mandatarios provinciales que por el apoyo que pueda tener el Gobierno nacional en esos territorios. Aun así, en ninguna de esas provincias, las victorias se dieron con los abultados números a los que mandatarios como Insfrán o Zamora están acostumbrados.

Otro dato a destacar en cuanto a los resultados ha sido la emergencia del Frente de Izquierda y de los múltiples exponentes enlistados en la categoría de “liberales” o “libertarios” como “terceras fuerzas”. Mientras que el primero consiguió su objetivo explícito de salir tercero a nivel nacional, los segundos (muchos de los cuales, como la sorpresa Javier Milei, se estrenaban en una elección) mostraron una performance envidiable.

En este sentido, es destacable que, a diferencia de lo que tradicionalmente ocurre, en esta elección estas fuerzas no son partidos “atrapatodo” que buscan posicionarse en el centro de la “grieta” entre las dos principales coaliciones, ni tampoco son (como en el caso de Florencio Randazzo o, más atrás en el tiempo, Lavagna) escisiones de ninguna de ellas.

Tanto la izquierda “clasista” como los libertarios son expresiones que “corren” a los frentes “mayoritarios” por los extremos de sus propios posicionamientos. Esto debe ser leído más como una muestra del hartazgo social respecto de las fuerzas tradicionales que como un ascendente de una fuerte ideologización del electorado, como se ha visto en elecciones anteriores (recordemos a Luis Zamora llegando al Congreso tras la crisis de 2001).

Si bien esto tampoco resulta un fenómeno distintivo de la Argentina (de hecho, el auge de partidos más extremistas y/o “antisistema” se presenta en gran parte del mundo desarrollado), ni nada indica que vaya a cristalizarse como una tendencia a mediano o largo plazo, sí presenta dificultades tanto al oficialismo como a la oposición, ya que no son expresiones que puedan pretender “fagocitar” (como hizo el Frente de Todos con Massa o, como ejemplo histórico, la UCR con el FrePaSo), sino que son una constante amenaza de pérdida de votos. Asimismo, como ha ocurrido en otras latitudes (y en parte ya se está viendo entre nosotros), tienen el potencial de generar una “fuerza centrífuga”, reafirmando las posturas más extremas de “la grieta” tanto en la sociedad como en ambas coaliciones mayoritarias.

Finalmente, y aunque no tiene estrictamente que ver con los números de la elección, la crisis política interna del Frente de Todos que originó el resultado sí brinda una muestra de la forma en la que se construye y ejerce el poder en la política nacional.

En cuanto a esto, se destaca el simbolismo que sigue generando CFK en el universo político en general y del peronismo en particular. Ella y todos los demás creen fervientemente que es la “accionista mayoritaria” del Frente de Todos y, como tal, puede y debe imponer a los demás miembros su voluntad, aunque esto signifique dinamitar el Gobierno saltando las lógicas institucionales.

Sin embargo, la preeminencia de Cristina no cuenta con ningún asidero real más allá del fanatismo que genera en sus seguidores. Sus decisiones políticas han llevado a que su espacio pierda no una sino varias elecciones. Y, si bien puede ser la aportante del mayor caudal de votos (cosa que es discutible si volvemos a mirar el mapa de los resultados), bajo ninguna circunstancia posee la “acción de oro”. Porque la llave para ganar en 2019 no fue ella, sino el hecho de aliarse con el peronismo tradicional (gobernadores y sindicalistas que, una vez más, mostraron ser el mayor apoyo de Alberto) y, sobre todo, con Sergio Massa (quien se quedó esperando un incremento de su participación en el Gobierno que nunca llegó).

Una elección legislativa (y, mucho menos, una de carácter “Primario” como ésta) no modifica automáticamente el esquema de poder en un país como el nuestro. Pero sí nos brinda una imagen más que clara de lo que la sociedad y sus políticos son y hacen que es, en definitiva, lo que nos permitirá construir, entre todos, una base para salir adelante. Pero, para ello, todos deben hacer consciente esa realidad y estar dispuestos a trabajar sobre ella.

 

*Rodrigo Fernández Madero es director general en Open Group Consultores en Comunicación

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