Confirmado: algunos políticos viven en una realidad paralela y lo demuestran
Muchas veces se dice que los políticos, la mayoría de ellos, viven en una realidad paralela, muy diferente a la del resto de los ciudadanos de este invivible país. Esta semana se dieron un par de situaciones que dan cuenta de esa dimensión alternativa en la que transitan su realidad dos dirigentes de primera línea a nivel nacional, nada menos que el presidente Alberto Fernández y la senadora mendocina, Anabel Fernández Sagasti.
Lo del Presidente rozó lo burdo, cuando al referirse a las visitas de cientos de personas a la Quinta de Olivos en pleno aislamiento estricto por la pandemia de coronavirus, expresó: “Yo estaba trabajando de Presidente. Mientras estaba la pandemia recibí a miles de personas, no a una, a miles... y seguí trabajando, ¿o querían que me me quede encerrado en mi casa? Tenia que gobernar un país”.
Quedarse encerrados en casa, con un imprescindible apoyo de la militancia, fue lo que se le pidió a la ciudadanía, que en un altísimo porcentaje acató a pesar de las consecuencias económicas, laborales y psicológicas que eso trajo. En un contexto en el que desde la reunión menos importante de una pyme hasta los encuentros entre líderes mundiales se realizaron de manera virtual, la verdad es que sí, lo menos que se podía esperar del Presidente era que se quedara encerrado en su casa.
Difícil es que puedan justificar que para solucionar los problemas que tenían algunos sectores puntuales como el del espectáculo, por el cual recibió a Florencia Peña y Adrián Suar, hayan tenido que haber incumplido con el aislamiento que diariamente insistían con que se cumpliera a rajatabla.
Pero, como dice Patricio Rogelio Santos Fontanet en uno de los temas de su último disco con Don Osvaldo: "Habrá explicaciones que nunca nos van a dar".
Mientras tanto, la oposición juega un papel sumamente lamentable, atacando de manera grosera a Florencia Peña por sus visitas, asegurando que tuvieron fines sexuales. No solo quedan mal parados por su machismo arcaico explicito, sino que desenfocan la verdadera crítica que se puede hacer, que tiene que ver con lo injustificado de esas citas, tanto la de la actriz y conductora como la del resto de las personas que asistieron a la Quinta de Olivos.
¿La vida es un carnaval?
Si algo caracterizó al último año y medio en Argentina fue la angustia. Más de 100 mil personas murieron por coronavirus, miles de empresas quebraron por la cuarentena extendida, cientos de miles de personas se quedaron sin empleo, y otras tantas se sumaron a la cada vez más grande cifra de pobreza. Mientras, los sueldos de los políticos no hicieron más que crecer. "En Argentina conviven la riqueza y el hambre", dice Fontanet en otro pasaje del mismo tema.
En ese contexto, la mendocina Anabel Fernández Sagasti lanzó junto a Adolfo Bermejo su candidatura para la reelección en el senado nacional y para la diputación nacional, respectivamente. Pero lo hizo con un spot que rápidamente dio que hablar por la música elegida: "La vida es un carnaval", de la histórica Celia Cruz.
Si bien es de esperar que Fernández Sagasti destaque todos los aspectos que crea positivos del Gobierno nacional y busque a partir de allí ganar la elección en Mendoza, donde es oposición desde 2015, se ven en la propaganda imágenes que van en contra de la realidad que viven miles de mendocinos.
Es cierto que la situación de la provincia no es responsabilidad de su partido, sino del Frente Cambia Mendoza, encabezado por la Unión Cívica Radical, por lo cual no se le puede achacar directamente la mala situación económica que atraviesan sectores clave como el de la Salud, que realizó dos importantes paros en la última semana, y el de la Educación, en crisis hace años.
Pero de allí a destacar supuestos logros del gobierno de Alberto Fernández asegurando que "no hay que llorar, que la vida es un carnaval", muestra un elevado grado de desconexión de la realidad mendocina, que lejos está de ser un carnaval.

