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Pofesionales y outsiders: la otra pelea y un enemigo común que asusta

Hay un menú particular en las elecciones. Por un lado la pelea en primer plano es entre "profesionales" de la política. Un grupo de dirigentes nuevos aparecen como retadores, aunque también son parte del esquema de poder. Pero ambos tienen un enemigo común: el desinterés social.
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"De profesión, político". La frase está cargada de prejuicios y, vale decir, el contexto no ayuda para que sea incorporado en un currículum vitae. Tanto, que ocurre una curiosidad: la mayoría de las personas que buscan incursionar en política se "autoperciben" como no políticos. O, mejor dicho, buscan construir una imagen de "outsider" para no quedar asociados a valores negativos. 

Las elecciones en Mendoza tienen un extremo singular, porque hay listas completas de dirigentes que provienen de la actividad privada y que construyen su proyecto enfrentándose a la corporación política, aún a pesar de que la mayoría de ellos en realidad sí son parte de la vida pública, el sistema de influencia y poder. La diferencia es que, por primera vez someten sus ideas, muchas de ellas particulares, al voto. Así, incomodan a los otros, pero también a ellos mismos al quedar expuestos en un terreno desconocido. 

En el fondo lo que se trasluce es una desconexión en el sistema de relaciones para planificar, tomar decisiones y poner el bien común por delante. En discursos plagados de eufemismos, la corporación política no busca cambiar la lógica que de manera endogámica reproduce sus propios vicios y los "outsider" tienen problemas para romper el cascarón de los intereses particulares que los motivan a participar. 

La elección del 2019 fue una bisagra en ese sentido. Las cámaras empresarias y los dos principales candidatos para gobernar, Anabel Fernández Sagasti y Rodolfo Suarez, tuvieron instancias de diálogo y hubo algunos acuerdos de agenda. Por un lado, desarrollar actividades extractivas, principalmente la minería. Para ello debían modificar la ley 7722, cuyo intento ocurrió antes de lo esperado: fue la primera medida fuerte de Rodolfo Suarez y también la primera en revertir. La crisis generada por la tensión social que rodeó a ese debate rompió también la confianza. Suarez sintió que "lo dejaron solo", los empresarios cuestionaron la marcha atrás y Fernández Sagasti (que empujó al PJ a cambiar de opinión) quedó mal con todos; con los empresarios, con Suarez y también con las organizaciones sociales que se oponen a la minería. El tema es una muestra de los desencuentros. 

Si alguien ayudó a entender el error de enfoque sobre la actividad política como "trabajo" fue el presidente Alberto Fernández. "Soy un hombre común con responsabilidades extraordinarias", dijo como frase muletilla para justificar sus yerros  y violaciones a las leyes. Nada más errado: los políticos son personas con responsabilidades extraordinarias, que no se pueden creer hombres comunes. La política demanda sacrificios, renunciamientos y voluntad de servicio; poner por encima el interés común que los gustos personales, la austeridad sobre la ostentación.  

Los profesionales

Los dos principales referentes de las elecciones 2021 en Mendoza son políticos profesionales. De generaciones distintas, pero con métodos similares y con una obsesión entre ceja y ceja; el poder. Anabel Fernández Sagasti y Alfredo Cornejo son dos "animales de la rosca", que viven por y para ello. No se les conoce otra actividad extra y no la tendrán. No son bichos raros: en el mundo la política es una vocación y una actividad "profesionalizada".

En el costado más frívolo, se puede evaluar desde su evolución profesional y patrimonial, hasta los sacrificios personales que tuvieron que hacer.  Anabel Fernández Sagasti va a cumplir una década como legisladora; casi un privilegio militante: nació a la política con cargo alto y va camino a su reelección como senadora nacional. En el medio fue candidata a gobernadora y ahora es presidenta del PJ. Comenzó sin bienes, y hoy declara un patrimonio que la ubica como una mujer acomodada: casa, auto y lote. Clase media nacional. Su dieta como legisladora justifica de manera holgada su estilo de vida.  Alfredo Cornejo fue desde asesor legislativo,  hasta gobernador; pasando por una banca en el senado provincial, la intendencia de Godoy Cruz y ahora, por segunda vez, va camino a cumplir un mandato como diputado nacional. Su patrimonio también responde a esa idea de clase media que hoy es mucho más fácil obtener desde un cargo político que en la actividad privada: casa, terrenos, autos; nada lujoso, pero sí un buen pasar. 

El repaso no tiene que ver con el morbo fiscal, sino que es una imagen, quizá arbitraria, para ilustrar una parte de la distancia que siente la comunidad con "los políticos": el sueño argentino es cada vez más duro de lograr para cualquiera que deba rebuscársela o tenga un empleo fuera del Estado, mientras que la calidad de vida de la dirigencia se mantuvo al menos estable. 

Sagasti y Cornejo dedican su vida a la política para "transformar la realidad". Aunque no todo. Ellos, como gran parte de los dirigentes, pueden negociar y especular, pero tienen límites. No van a ceder, como lo hicieron hasta ahora, para modificar algo de la sinergia política que sostiene a los vínculos del poder. Tanto en el territorio, con mecanismos clientelares, como en la capilaridad que tienen en cualquier organismo que tenga alguna pisca de poder. Por eso pueden bregar por la transparencia electoral, pero no van a modificar los mecanismos de votación, el uso de recursos para la política y el vacío que hacen a cualquier organismo, persona o institución que pueda amenazarlos. Ambos apoyaron una reforma política en Mendoza a la que no vistieron de recursos: está la ley, pero es inaplicable porque los propios "controlados" no le dan recursos y, menos, independencia. 

Nuevos, no tan nuevos, y un enemigo común

El "Mendoexit" se transformó en opción política.

En el cuarto oscuro habrá en Mendoza una variedad de opciones. Los "profesionales" de la política están; tanto que hay nombres redundantes que son parte de la estructura de poder de la provincia desde hace más de dos décadas. Para bien o para mal, son parte de los que construyeron la realidad que se vive. En la diversidad hay varios autodenominados sapos de otro pozo; quienes buscan capitalizar la bronca social. Los "no profesionales" de esa actividad tienen dos vetas distintas: por un lado los empresarios, sobrerepresentados en las listas, y los "ciudadanos enojados", encarnados principalmente con el eslogan del Mendoexit. 

Allí hay que diferenciar entre la inexperiencia partidaria electoral y la participación política, actividad de la que son parte los nuevos candidatos. La inexperiencia es lo que les jugó en contra y terminó con una dispersión de energías que diluye las chances reales de tener relevancia. Por eso las variopintas opciones nuevas: desde el Partido Federal, que tiene caras nuevas pero usa un sello "alquilado" por distintas fuerzas políticas, hasta el frente Mendocinos, donde conviven dirigentes de larguísima trayectoria con candidatos que intentan ser disruptivos; pasando por el Partido Verde, que representa el intento de rearmado de lo que fue el Protectora, partido inmolado por los propios creadores. 

Los profesionales y los "nuevos" tienen un objetivo común que también es un temor: el poco entusiasmo por las elecciones. Las señales no son positivas y también existe el peligro de malinterpretar: el desinterés no es un dato inocuo, sino un llamado de atención. Por eso se vive una campaña que no solo no tiene propuestas, sino que muestra a los candidatos encapsulados, con escenarios montados y reacciones guionadas. Según el Índice de Desarrollo para la Gestión, Mendoza está entre las provincias donde más bajó la participación política, cruzando datos de  participación electoral, afiliación partidaria y organizaciones de la sociedad civil.