El Frente de Todos se desbarranca junto a la imagen de Alberto Fernández

El Frente de Todos se desbarranca junto a la imagen de Alberto Fernández

El presidente de la Nación, quien iba a ser el eje de la campaña bonaerense porque era el único que medía por encima del resto de la dirigencia del Frente de Todos, vuelve a ser destratado por su vice y lo que iba a ser una campaña "compleja" se transformó en un martirio.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

Nadie en el oficialismo sabe cuándo encontrarán el piso que detenga la caída en la imagen presidencial. Se siguen agregando más problemas a una campaña ya de por sí desdibujada por la ausencia de candidatos de renombre y prestigio, sin relación con el territorio que representan como lo es la Provincia de Buenos Aires. El problema es que la apuesta del Frente de Todos era apoyarse en la imagen del presidente para ganar la elección en ese territorio.

Todas las encuestas que tenía el oficialismo previo al conocimiento de la "clandestina de Olivos" tenía al presidente Alberto Fernández como el único referente con más imagen positiva que negativa dentro del Frente de Todos. Para decirlo en términos que permitió la vuelta del peronismo al poder en 2019, "era el único que podía capitalizar algo por encima del voto duro", según aseveró un reconocido consultor que prefirió mantener todo en el más estricto off.

La preocupación más importante, como se muestra cotidianamente, es Buenos Aires, y fundamentalmente su conurbano, único lugar donde el kirchnerismo muestra fortaleza. Pero ni en este territorio ya alcanza con los mensajes de Cristina Fernández de Kirchner, de su hijo, Máximo, o de quien hace sólo ocho años la arrasó en ese mismo lugar, Sergio Massa. Hoy los tres mantienen una misma línea de negatividad con respecto a la opinión pública.

Esta elección tiene algunas similitudes con las que se dieron en 2013 la última en la que el oficialismo kirchnerista era oficialista. En aquel momento no se eligió al más conocido ni potente candidato para representar al Gobierno, pero por lo menos era un intendente con penetración y aliados territoriales fuertes, como Martín Insaurralde, de Lomas de Zamora. Su designación fue personal de Cristina Fernández porque creyó más en las fortalezas que proponía su estructura que en "gastar" a otro dirigente para enfrentar al ascendente Massa, que hasta meses antes coqueteaba con no romper el entonces Frente para la Victoria

En 2021 nadie quiso ponerse el saco de representante oficial. Ni los ministros más importantes ni los dirigentes que podían salir a revalidar su respaldo al proyecto del Frente de Todos, un artefacto extraño que combina fuerzas y debilidades entre personas que no piensan nunca de la misma manera salvo por el convencimiento que sólo la unidad los hace fuerte. 

Victoria Tolosa Paz y Daniel Gollan no representan a nadie y son desconocidos por la mayoría de la población a la que pretenden expresar. La primera inclusive perdió su interna en La Plata hace dos años contra la ultrakirchnerista Florencia Saintout, mientras que el segundo tuvo que acomodar rápidamente sus papeles para no tener problemas con su postulación ya que siempre vivió en la Ciudad de Buenos Aires. 

Entonces, lo que se preveía como una campaña "difícil pero con cosas para mostrar", se transformó en "un martirio donde todos los días tenemos que salir a explicar lo inexplicable", como lo reconoció uno de los pocos que piensan seriamente en el futuro del oficialismo. 

Con el presidente como eje, la vuelta a la normalidad con la continuidad del plan de vacunación, y un incipiente rebote económico, el oficialismo preveía que no tendría problemas en este tramo del proceso electoral. Pero algo falló. Los cisnes negros que acompañaron toda la gestión volvieron a aparecer. En la Casa Rosada, desde mayo del año pasado, cuando propusieron la privatización de Vicentin, jamás volvieron a tener paz y la caída fue constante. 

Ante esta renovada crisis provocada por la foto de la "clandestina de olivos", en la que Fernández volvió a mostrar que "quien no puede lo menos, no puede lo más", ya que como piensa su vicepresidenta pero jefa del espacio, "no controla ni Olivos", obliga al oficialismo a repensar drásticamente la campaña.

Tampoco parecen alcanzar las charlas privadas y los consejos que le acercan a Fernández sus allegados, amigos y aliados. Ya en público, un sereno Máximo Kirchner, el que menos grita en el espacio, quizás porque sabe que no lo necesita para dejar en claro por dónde tiene que ir el proceso del Frente de Todos, ayer le volvió a reclamar que "no piense tanto en el equilibrio político del espacio" sino que "se dedique a la gestión, porque por eso nos caracterizamos los peronistas". 

La puesta en escena de los últimos días, en Avellaneda y La Plata, fundamentalmente, refleja que la ex presidenta está más que preocupada. Se la nota furiosa, con ganas de decir un montón de otras cosas, no sólo retar en público a su superior institucional porque toma de la botella o lo interrumpe en medio del discurso. 

El presidente se ha transformado no sólo en el "rey del meme", sino que tampoco parece poder resistir por mucho tiempo la inconclusa presión que realizan sus aliados Cristina y Máximo Kirchner, Massa y Axel Kicillof para que se cambie drásticamente de rumbo, con el alejamiento del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero y el ministro de Economía, Martín Guzmán. "El resto se acomoda", como describió una referente que los escucha a diario. 

Habrá que ver cuanta fortaleza le aportan los intendentes que tiene en el gabinete. Su poder territorial es importante, pero siempre están necesitando que Fernández se plante y no deje más que su vice le imponga la agenda. Pero sin resultados, con "tiros en los pies", no pueden mostrar resultados que los empodere.

Mientras tanto, las organizaciones sociales "aliadas", que administran buena parte del sistema asistencial del país, también intervienen y dinamitan acuerdos, conspiran y se alían en el territorio con quien más le conviene. "En algunos lados son camporistas, en otros no. Lo único en lo que coinciden ciento por ciento con La Cámpora es en el desprecio que tienen por la mayoría de los intendentes", tal cual lo remarcan las actitudes públicas de sus máximos dirigentes y la puesta en marcha de candidaturas en varios municipios para competir contra ellos. 

Los jefes comunales, como ya se expuso en MDZ, saben de sus fortalezas, los únicos con votos propios en el territorio, que para la política es lo único que importa, ya saben que no los quieren. De nuevo fue el jefe de La Cámpora, ayer, quien expuso con todas las letras cuáles son sus preferencias y cuales no cuando nombró sólo a los que le responden, y, de paso, dejando en claro que no dará apoyo al pedido subterráneo para habilitar un nuevo mandato para los que así lo necesitan. 

Perdidos por perdidos, parece que más de uno ya tiene preparada una respuesta para después de noviembre. 

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