Tras el escándalo, Alberto Fernández busca respaldo en el Conurbano

Tras el escándalo, Alberto Fernández busca respaldo en el Conurbano

Los intendentes sienten que deben volver a salir en respaldo del presidente. Lo hacen como gesto hacia "una persona que está en desgracia" pero también por el propio futuro del Frente de Todos, al que sus protagonistas lo empiezan a poner en plazo fijo según el resultado electoral en la Provincia.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

El presidente de la Nación, Alberto Fernández, tendrá dos días de furia en el Conurbano bonaerense en el que tratará de mostrar, junto con toda la plana mayor del Frente de Todos, un mensaje de unidad, pretendiendo dejar atrás el affaire de la “clandestina” de Olivos.

Hoy estuvo en La Matanza junto con el gobernador Axel Kicillof, su vice, Verónica Maggario, el intendente Fernando Espinoza y la mayoría de los intendentes del conurbano. La localidad queda en el centro geográfico del Gran Buenos Aires.

Que esté “a mano de la llegada de todos” hace que muchos intendentes, inclusive los que no estuvieron el jueves pasado en Lomas de Zamora, donde Cristina Fernández de Kirchner se sacó la selfie y criticó por la “ingenuidad” del oficialismo hayan garantizado su presencia.

Por primera vez los jefes comunales creen que la impronta de sus gestiones municipales será decisiva para el triunfo o la derrota del Frente de Todos. Lamentablemente para ellos, ninguno, salvo el local que se autoimpuso como primer candidato a concejal “testimonial”, no estará en la boleta.

Mañana el jefe de Estado estará en Avellaneda, junto con su vice, Cristina Fernández de Kirchner. Ese acto ya es otra cuestión. Cuando está ella cualquier cosa puede pasar, pero en su entorno lo toman como un gesto que revaloriza la unidad, la única fortaleza que tiene el oficialismo.

La traumática situación que disparó la aparición de las fotos en las que su mujer Fabiola Yañez festejó su cumpleaños en la Residencia Presidencial de Olivos más la publicación de una increíble lista de invitados en diferentes jornadas mientras regía el aislamiento obligatorio que exceptuaba solo a personal esencial, debilitó aún más la imagen de Fernández y profundizó la desconfianza que reina en el oficialismo.

Mientras los apoyos son tomados con cautela porque siempre suponen una “doble intención”, las críticas directamente son consideradas golpistas. Y en esta calificación no se tamiza el lugar de donde provenga. Y hasta se ve con mucho más preocupación las que surgen desde el propio oficialismo, como lo hizo Sergio Berni, el ministro de Seguridad bonaerense.

Berni sigue en su puesto a pesar de las múltiples críticas que viene expresando sobre el presidente y su ministra de Seguridad. En el peronismo eso es inadmisible en el poder, pero la propia consistencia del Frente de Todos permite que no haya sanciones ni desplazamientos.

El conurbano bonaerense es esencial para el futuro del oficialismo. Del resultado de las próximas elecciones se proyectará su continuidad o desintegración. Mientras tanto, ante el abismo de una posible derrota, los intendentes son los que más trabajan no sólo por la unidad sino para proteger al presidente.

No es que no lo critiquen ni piensen que lo que sucedió en Olivos, como último episodio que alteró el humor social, haya sido una situación menor. Por primera vez no se escuchó en el off excusas sobre situaciones como estas, que en otros momentos podrían haber aparecido. Nadie justificó nada.

La desazón general no se vivió ni siquiera en medio del escandaloso escenario del vacunatorio VIP. Allí ayudó que no solo los oficialistas se hubieran “colado” en la fila de la vacunación haciéndose pasar como personal médico.

El desconcierto dentro del gobierno es superior a lo que experimentaron los habitantes de la Casa Rosada en las jornadas del velatorio de Diego Maradona. Uno de los allegados más importantes que tenía el presidente de la Nación en aquel momento, hoy alejado por su propia decisión, describía que “nada de lo que hagamos va a tener un resultado feliz. No lo dejarán. Apenas la opinión pública nos da un resquicio, los propios “aliados” empiezan a esmerilar a Alberto”, confesaba.

Sergio Massa habla sólo de los temas que quiere. Ya no pone el cuerpo por una gestión a la que pocas veces toma como propia. Sostiene que es imprescindible un cambio de rumbo económico y una oxigenación directa del gabinete. Lo mismo piensan Máximo Kirchner y su madre, Cristina.

Las actividades de hoy y mañana, a la que se incluyór una presencia en un distrito más amigo, como General San Martín, donde el ministro Gabriel Katopodis le propuso una actividad para conmemorar al libertador de América, tendrán como objetivo apuntalar al propio presidente, caído en una depresión pocas veces vista desde que asumió la presidencia de la Nación.

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