Cambio climático: el duro diagnóstico que modifica las decisiones políticas del futuro para Mendoza

Cambio climático: el duro diagnóstico que modifica las decisiones políticas del futuro para Mendoza

La sequía histórica perdura y puede condicionar decisiones políticas. Escenarios duros para el futuro.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Mendoza está en debate sobre qué hacer hacia el futuro. Pero los que tienen esas decisiones en las manos lo hacen tomando en cuenta una realidad que ya no existe y, sobre todo, un elemento que ha cambiado drásticamente por su carencia: el agua. Mendoza, y toda la zona cordillerana, atraviesa una sequía histórica y todo indica que en la próxima temporada la situación se agudizará: no hay nieve en la cordillera; la reserva de agua estacional es baja y se superará al década de carencia.

Es un problema ambiental profundo; tanto que el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático emitió una nuevo alerta sobre el impacto que tendrá el cambio climático. Pero no es un tema ambiental, sino social, político y económico. Mejor dicho, es un problema ambiental imposible de obviar para tomar decisiones. 

La falta de nieve cambia la estructura de gestión que tiene Mendoza desde hace más de 100 años. La baja en el caudal de los ríos supone, según los modelos que los especialistas diagraman y algunos ya comprueban, que la provincia depende y dependerá de otras fuentes de agua: las lluvias estivales, los glaciares (como caja de ahorro) y el agua subterránea. Pero sobre todo demandará cambios en la gestión.

Ese camino ya afecta directamente las decisiones políticas. Así, por ejemplo, una de las principales dudas que surgieron alrededor de la represa Portezuelo del Viento y el resto de los diques que están planificados tiene que ver con el agua que habrá disponible y si es rentable o no a futuro en base a ese problema. 

Por el otro lado, la mayor dependencia de otras fuentes de agua también hace crecer una realidad que ya se vivió: el negocio detrás del acceso a pozos, los permisos y las negociaciones en paralelo a las normativas. No se trata de retórica. Los pozos de agua llegan a venderse en Mendoza a más de 100 mil dólares y generan desde demandas judiciales a sospechas de corrupción alrededor de esos negocios.

Mucho más en algunas zonas privilegiadas que aún no están tan impactadas. Es que, además, las prácticas agrícolas intensivas y la actividad petrolera han generado un fuerte impacto ambiental en los acuíferos, sobre todo en el Este (con el agro) y algunas zonas periféricas del Gran Mendoza por las actividades extractivas. Por eso la disponibilidad de agua en cantidad y calidad, es uno de los ejes clave del futuro.

Una imagen satelital que marca el contraste y la falta de nieve. 

Sequía histórica

Las mediciones diarias del Departamento General de Irrigación donde se informa sobre la nieve acumulada y su equivalente en agua tiene un gráfico dramático: en todas las cuencas hay una línea prácticamente plana. Es decir, no hay agua de reserva que se haya ahorrado durante el invierno. Los ríos ya traen la mitad del caudal histórico, mientras (como ocurre en esta época) los diques comienzan a almacenar. El pronóstico se conocerá en octubre.

En Chile y Argentina, en la zona de los Andes centrales, se habla de una "mega sequía" que lleva más de una década. Como ocurrió en otros años, como en 1968, una de las fuentes de aprovisionamiento de agua serán los glaciares. Según consideran los especialistas, eso ya ocurrió. En los últimos años, los ríos tuvieron algo más de caudal gracias a ellos. 

Mendoza es la segunda provincia que más glaciares tiene con 1.239 km2 de superficie ocupados y 4.172 cuerpos inventariados. Los científicos asociaron la brusca pérdida de masa glaciar en la región central de los Andes con la mega sequía que está sufriendo la región en el último tiempo.

Desde el IANIGLA, por ejemplo, ratifican que en los Andes de Mendoza y San Juan entre el 2010 y el 2018, se registró uno de los períodos más secos de la historia.  La región  formó parte de una investigación internacional en la que se comparó y evaluó la masa de los glaciares a través de imágenes satelitales. El trabajo fue publicado en la revista Nature y tuvo una actualización reciente.

Allí se marca cómo hubo una evolución negativa en los cuerpos de hielo de los Andes centrales. "En En esta última región, la drástica pérdida de glaciares en los últimos años coincide con las condiciones extremadamente secas desde 2010 y ayudó parcialmente a mitigar los impactos hidrológicos negativos de esta sequía severa y sostenida. Estos resultados proporcionan un conjunto de datos completo, de los cambios recientes en la masa de los glaciares de los Andes", explica el resumen de ese estudio. El escenario "más benévolo" indica que los glaciares perderán 20% de su masa en los próximos años, siempre y cuando se pare el impacto del cambio climático. Pero el escenario más realista, sin cambios, duplica o hasta triplica ese cálculo. 

Mendoza vive en carne propia las tensiones que genera el cambio climático. Y ocurre con temas concretos: la licitación de Portezuelo del Viento aún es puesta en duda por los cambios en la disponibilidad de agua. El Fiscal de Estado Fernando Simón tomó argumentos de quienes piden suspender la obra para que el gobernador Rodolfo Suarez evalúe a fondo la conveniencia o no de adjudicarla. Es que en los últimos 10 años la disponibilidad de agua del Río Grande bajó fuertemente. La duda es técnica y difícil resolución: si es, como indica el Gobierno y EMESA, es parte de un ciclo que ya se vivió en otras épocas o, como marcan otros especialistas y hasta lo dijo Irrigación en otras consultas, es una "nueva normalidad" que obliga a recalcular todo.

En los últimos años el río trajo menos agua de lo necesario. 

El informe que presentó Irrigación para analizar la factibilidad marca que se excluyeron del análisis justamente los años de escasez. "En el Acta 812 – Anexo 4,se presenta la información hasta la temporada 2016/17, aunque se excluyen de la evaluación el período 2010/11 al 2016/2017 de escasez hídrica. Se indica que estos años de escasez merecerían un análisis de carácter institucional y no tanto de una evaluación hidrológica y pautas de llenado", advierten.

Para el llenado de esa represa se planteó un escenario con una demanda anual de 3.000 hm³ de agua para satisfacer las demandas aguas abajo y un volumen de llenado de Portezuelo del Viento de 1.800 hm³. "En el período de 70 años utilizado (1940/41 al 2009/10) hay 9 temporadas en las que el volumen escurrido en la sección Buta Ranquil es menor a 3.000 hm³", mencionan para tratar de tranquilizar las dudas. 

Pero la coyuntura es distinta: en los últimos 10 años, hubo 9 en los cuales el río trajo menos volumen de agua. "De acuerdo a la información obrante en el Sistema Nacional de Información Hídrica de la Secretaría de Infraestructura y Políticas Hídricas de la Nación, en la actualidad se cuenta con la serie completa de datos hasta la temporada pasada 2019/20,  puede verificarse que, en el período excluido de la modelación de factibilidad (temporada 2010/11 ala 2016/17), completada con los datos actualmente disponibles (temporada 2019/20), en un período de 10 años hidrológicos hay 9 en las que el volumen escurrido en la sección de Buta Ranquil es menor a 3.000 hm³", explican desde Irrigación. Sin embargo también aseguran que el embalse podría llenarse hasta la cota que permita la generación de energía y por eso defienden la represa. 

La tensión hacia el futuro es si las represas son un modo de adaptación al cambio climático (para guardar agua) o si son obras obsoletas por la baja disponibilidad de agua superficial que habrá. Nuevamente, son decisiones políticas fuertes en base a problemas ambientales y en una provincia que no tendrá muchos recursos económicos ni margen de error para decidir las inversiones. La Provincia está por adjudicar Portezuelo, tiene el proyecto para la represa Los Blancos y volvió a pedir estudios para el sistema de represas sobre el Río Mendoza (Cordón del Plata) y también para otra represa en el Diamante (El Baqueano). 

Hay profesionales que , por ejemplo, sugieren aprovechar otro camino; los "embalses" subterráneos que hay en Mendoza.

Por eso el análisis sobre el impacto del cambio climático no es un punto aislado. Involucra y cruza intereses que entran en tensión, incluso contra el bien común. 

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