Maridaje de vacunas o la era de la jarra loca covidiana
Desde el inicio de la pandemia y establecida la cuarentena devenida en “cuarenterna” (sic), el gobierno eligió caminos sinuosos a la hora de adquirir vacunas. Es la historia de cómo se rechazó el acuerdo con Pfizer-Biontech para adquirir su vacuna basada en la tecnología ARN-mensajero y la elección en cambio de la vacuna Sputnik V, elaborada en el instituto Gamaleya, forjando una alianza implícita con el régimen ruso en cabeza de Vladimir Putin.
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Esa alianza permitió el oportuno cierre de negocios con el empresario Marcelo Figueras por el filtrado y envasado del principio activo de la vacuna, para lo cual se contrató al laboratorio nacional MR Pharma de la familia Martínez Ríos.
En tanto se daban estos juegos de palacio buscando la alineación internacional con Rusia y China, la enorme lista de fallecidos llega a sumar, al correr de estas líneas, a 107 mil argentinos. Abuelos, hijos, hermanos, amigos que ya no están. Lo peor es que los datos duros aportados por estudios realizados en Chile nos confirman que, de haberse tomado otras decisiones, muchos de ellos aún estarían entre nosotros.
Estamos, ni más ni menos, ante la constitución de delitos de lesa humanidad. Tarde o temprano, la responsabilidad de estas decisiones van a caer sobre las actuales autoridades.
El inicio de la semana trajo este nuevo experimento a escala nacional que implica recibir la segunda dosis de una vacuna diferente a la de la primera aplicación. Es la estrategia del maridaje de vacunas, un coctel similar al de la jarra loca.
El estudio realizado en Chile abarca a toda la población vacunada en el país trasandino con Pfizer, Cansino, y AztraZeneca. Se trata de una mega muestra que revela que, en el caso de Pfizer, la protección ante la muerte es del 100%. Estamos hablando de la misma vacuna que pudo ser empleada para inocular a 13 millones de argentinos.
En Chile, se le aplicó dicha vacuna a una población de 8.700.000 personas. La efectividad para prevenir Covid sintomático fue del 54,9%. Para prevenir hospitalización, del 86%. 89% de efectividad para evitar internación UTI.
Argentina pudo evitar miles de muertes, reducir fuertemente el impacto del cierre de la economía, y despejar la agenda política para debatir los otros eventos pandémicos como son la pobreza brutal, el crimen desbordado en los conglomerados urbanos, y las muertes en siniestralidad vial que se llevan más de 3 mil vidas por año.
No es la pandemia: son los negocios espurios, y la estupidez de una dirigencia brutal que no empatiza con el otro, con el ciudadano.