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Argentina: un país condenado por sus políticos "bravucones"

En medio de un momento crítico en el que el país se hunde económicamente y donde se superan récords de contagios y fallecidos por covid, la dirigencia política se enfrasca en peleas sin sentido que alejan las soluciones. En el medio, un comerciante se hartó y se animó a increpar a los políticos.

Alberto Fernández tiene razón cuando asegura que la oposición construye en base a la denuncia. Tampoco se equivoca cuando habla de "bravucones" de la política que se dedican a generar conflictos y sembrar rumores. En lo que si parece confundido o al menos antojadizo es en atribuir esas características solamente a Juntos por el Cambio. Le faltó, durante la entrevista con Pedro Rosemblat, una pizca de autocrítica para reconocer que esos atributos -lamentablemente- son transversales a toda la dirigencia y la grieta sobre la que construyen sus campañas y estrategias.

Vivimos en un país de "bravucones" que en lugar de sentarse a resolver los problemas de los ciudadanos se dedican a ensuciarse unos a otros. Se señalan con el dedo y se culpan por la pobreza y el desempleo, mientras los pobres siguen pobres y los desempleados siguen sin trabajo. "Yo sigo creyendo que en algún momento van a entender. En algún momento vamos a poder convivir", manifestó el jefe del Ejecutivo Nacional en la entrevista que concedió el jueves por la noche. Pero para que eso suceda, indefectiblemente, se va a necesitar una fuerte introspección de la política en general.

"Esta es una oposición que creció sobre la base de la denuncia. Ahora no tienen mucho para denunciar y lo único que les queda  es ser bravucones como son y hacer planteos desde esos lugares que irritan, francamente irritan", dijo Alberto Fernández. Pero lo que debería hacer sonrojar a toda la clase política, a todos los "servidores públicos", es que esa frase los representa sin distinción. La definición del presidente no solo encaja para Juntos por el Cambio, sino que parece también un saco hecho a medida para la oposición que el Frente de Todos realiza -por ejemplo- en Mendoza.

Vivimos en un país donde la clase política ha olvidado su rol. Lo único que les interesa es conseguir un cargo en las próximas elecciones. Un conjunto de ambiciones personales sin vocación por lo público. Esta semana un comerciante de Arroyito, Córdoba, no aguantó más. El lunes a las 22 se tomó el tiempo de seguir en las redes la sesión especial que habían convocado en el Concejo Deliberante y explotó. Ahogado por la situación económica que atraviesa, el dueño de un local de ropas agarró el auto y se trasladó al recinto.

"Ustedes no tienen idea de la actividad privada y por eso legislan como legislan", aseveró el comerciante contra todos los concejales presentes sin distinguir colores partidarios. "Encima se tiran la pelota unos con otros de acá para allá. Parece un partido de tenis en el Instagram para ver quién da un discurso más bonito. La gente está asqueada", disparó. 

"Ustedes parásitamente se nos pegaron a los contribuyentes y no cedieron un mango. Y nosotros acá estamos, poniendo el pecho y a ustedes no les da vergüenza", sentenció de cara a los "servidores públicos" de su ciudad.

"Generalmente yo no soy así pero fue una situación límite de decir: esto no da más. Mi comercio de ropa y calzado el año pasado estuvo cerrado dos meses. Nos han metido en una especie de hospital neuropsiquiátrico donde los directores están más locos que nosotros", comentó luego el comerciante Gabriel Ferace en una entrevista realizada en MDZ Radio.

Un neuropsiquiátrico dirigido por "bravucones" que se dedican a la pirotecnia verbal en las redes sociales en lugar a sentarse a "convivir" y buscar soluciones para un país que desde hace tiempo parece expulsar a sus habitantes. Bravucones que se alejan de los problemas de los ciudadanos y se enfrascan en discusiones anacrónicas sobre reformas que solo buscan beneficiarlos a ellos.

Durante su discurso en la apertura de las sesiones ordinarias de la legislatura porteña el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta admitió lo que muchos sospechaban: "la grieta es el negocio de la política". Y mientras la política hace su negocio los argentinos seguimos discutiendo entre nosotros lo que los políticos quieren que discutamos.

Quizás algún día las encuestas que tanto observan los dirigentes empiecen a marcar que el camino es el del consenso. Cuando eso pase y sentarse a discutir políticas de Estado y ser conciliador sean atributos que "midan" electoralmente, es probable que las cosas cambien. Ojalá algún día ocurra y entonces nos daremos cuenta con cuanta facilidad todos los "bravucones" tornan rápidamente en grandes estadistas abiertos al diálogo, la tolerancia y el consenso.