Jorge Sarghini: "Este es un gobierno del después vemos"
“Inexorablemente, hay que aceptar que el peronismo está en el Frente de Todos. La mayoría se quedó ahí, alambró su lugar de poder, y para no perderlo habla poco o nada”, se lamenta, pero no se queja el diputado Jorge Sarghini, de Consenso Federal.
Para él, lo más grave es que “viven pensando en el ahora, en lo inmediato, sin ver que lo que hacen ahora será gravísimo para el futuro”. Exministro de Economía durante el gobierno de Eduardo Duhalde como gobernador bonaerense, es uno de los más encumbrados profesionales que surgió de esa cantera que terminó manejando la escena política no sólo bonaerense sino en todo el país.
Sarghini comparte con otros dirigentes de gran experiencia política en muchos ámbitos, como la ex ministra de Trabajo y diputada nacional durante dos décadas, Graciela Camaño. y el exintendente de Bolivar en dos oportunidades, Eduardo Balli Bucca.
Por eso, en un momento de la entrevista, surgió la pregunta menos formal y más cotidiana dado el conocimiento que ellos tienen de muchos dirigentes del Frente de Todos, con los que compartieron algún momento de gestión o espacios políticos dentro o fuera del peronismo.
-¿Cómo le piden que acompañen proyectos que ya saben que no pueden votar?
-Realmente te piden que los apoyemos en esto y después vemos… Hay una enfermedad del cortoclaplacismo. El después vemos es muy negativo porque la acumulación de los después vemos configura un escenario muy complejo para el futuro. Siempre, en toda crisis, cuando se toma una medida la debe poner también al arbitrio del mediano y largo plazo. Por ejemplo pasó con el último debate por el impuesto a las sociedades. Como se votó una suba del mínimo de Ganancias, Economía impulsó un proyecto para recuperar esa recaudación perdida. La Argentina viene sufriendo un gravísimo problema como lo es la falta de generación de empleo genuino, una terrible presión impositiva y un nivel de inversión bajísima. Entonces, si sabemos que cuando salgamos de la Pandemia, necesitaremos muchisma inversión, este tipo de decisiones perjudica el mañana.
La mejor manera de combinar el presente y el futuro no lo encontré en los libros de Economía, que también están, sino en los dichos de Juan Domingo Perón, cuando en 1949 hablaba de los dos desafíos de un estadista. Construir la felicidad presente y la grandeza futura.
-¿Cómo crees que repercutirá económicamente la nueva medida del presidente de la Nación pidiendo un nuevo cierre?
-Repercutirá negativamente. La economía es movimiento, y hay que mirarla entre la oferta y la demanda. La primera medida, el año pasado, generó un shock de oferta pero rápidamente por la merma de los ingresos también se vió una retracción de la demanda. Ahora, por corto que sea, al cierre se llega con un montón de datos que comparados con 0 daban infinito pero sólo se desperezaban algunas actividades. Veníamos de un piso muy bajo, y esto le da un golpe muy fuerte.
Este impacto negativo, además de privarnos un crecimiento, también chocamos con que el Estado no puede generar una distribución de dinero como lo hizo el año pasado. Entonces, se da un combo dramático de crisis y sin ayuda oficial…
Estamos en esta situación desde el inicio de la pandemia, que nos agarró con un montón de cormobilidades preexistentes desde hace diez años con caída de la producción, inflación y sin ahorros. No teníamos espalda como en otros lugares del mundo.
Cuando el oficialismo quiere copiar decisiones de la Argentina con otras economías mucho más importantes, sin problemas preexistentes, me dan gracia. Hoy no tenemos dinero ni podemos seguir emitiendo por la cuestión presupuestaria y solo quedan las medidas sociales.
Igual, ceñirse al presupuesto es un chiste, porque este ya no existe. Una cosa es el discurso para presentarlo en una negociación con el FMI y los organismos internacionales y otra cosa es la realidad. Este presupuesto quedó en desuso, porque preveía una inflación anual que ya no se cumplirá. Quien puede imaginar que con caso el 20% de inflación en mayo lleguemos al 29% en diciembre.
-¿Cuánto ruido le provoca a esta situación cuando el Frente de Todos se pone a discutir otros temas que no tienen que ver con la urgencia de la población?.
-Impacta mucho. Hay que tener mucha comprensión con lo que le pasa a la gente y en la pandemia poco se le puede pedir a la Economía para reencauzar un camino de crecimiento o equilibrio. Pero mucho importa estar en sintonía con las expectativas de la población, con un mensaje de futuro y lo que ven los agentes económicos y la gente en general. ¿Qué verá la población cuando todo pase? Es la pregunta que aún no tenemos la respuesta sino que nos golpean con debates inocuos.
Las expectativas se vuelven negativas cuando se ve un gobierno con ideas contrapuestas internamente, y con una agenda que, individualmente, pueden ser tomadas y abordadas, pero no ahora, cuando nadie sabe cómo seguimos mañana.
Es vital que los fiscales tengan más protagonismo, por ejemplo. Pero no es ahora el momento. Primero tenemos que encontrar otras soluciones mucho más urgentes y para eso está también está el Parlamento. Todo agrega confusión porque no vemos intencionalidad por parte del gobierno de que cuando la situación sanitaria se supere quiera seguir un rumbo diferente.
Antes de la pandemia votamos una ley de emergencia económica porque creíamos que estaban las condiciones dadas para eso. Veníamos de diez años con caída abrupta, sin generación de trabajo genuino. Imaginémosnos entonces, que ya antes de la Pandemia teníamos una emergencia, cuánto más grave estamos ahora y cuántos problemas más tenemos por resolver.
Ojalá me equivoque, pero lo que el gobierno hace solo genera malas expectativas.
-No sólo se ve que no está en las decisiones de política económica sino que tampoco está en otros ámbitos. La urgencia se ve en el ámbito judicial porque un sector del Frente de Todos cree que si no les va bien en las elecciones nada podrá encarar con respecto a otros temas.
-Si, claro, esto encaja perfecto en eso. La urgencia la vive principalmente la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner. Antes Cambiemos también tenía la misma urgencia porque no le gustaba aquel Procurador. Estos extremos de la política terminan actuando de la misma manera.
-Este Frente de Todos parece que terminó casi igual que Unidad Ciudadana o el Frente para la Victoria. ¿Qué hará el peronismo al respecto?
-No lo sé. Para mí está clarísimo que las coaliciones de Cambiemos y la actual fueron construcciones exitosas electoralmente pero no tenían ningún programa ni tenían equilibrios internos. La agenda la siguen tomando los extremos y creo que el peronismo cayó dentro de esa lógica. Mi opinión es que esto empezó hace mucho tiempo, cuando a los dirigentes peronistas los subieron en una combi para llevarlos a Olivos y elegir a un vicepresidente. En aquel momento todos fueron mansamente y cuando Cristina Fernández dijo que iba a ser Amado Boudou todos se quedaron callados. Nadie sabía nada, pero tampoco tenía propuestas a pesar de su fortaleza territorial, que no fue tomado en cuenta. Y había que escuchar lo que opinaban… Creían que era un acierto único… Yo dije: el peronismo está entregado. Acompaña a quien le puede ofrecer la posibilidad de triunfo y nadie quiere arriesgar nada.
-¿Qué repercusión tiene eso?
-Desde ese momento veo a un peronismo muy entregado a los que mandan. Yo era funcionario de Eduardo Duhalde y en San Vicente los intendentes le recriminaban, le decían que sus ministros no caminaban, y éste sintetizaba ese pensamiento y ejecutaba. Hoy nadie se anima a decirle algo a nadie. Fue ganando espacio la idea de refugiarse en el lugar de poder que tengo y no pueden ver más allá. No lo digo de irrespetuoso, porque siempre perdí, siempre estuve afuera desde 2005, y acepto que el peronismo está allí, en el Frente de Todos y los que no pensamos igual al kirchnerismo o no queremos quedarnos callados, no.