Mendoza, ante el escenario más difícil en medio de la pandemia

Mendoza, ante el escenario más difícil en medio de la pandemia

Mayo es un mes en el que se pronostica una suba de contagios de coronavirus; ahora se agrega a ese panorama un alto nivel de conflictividad política. Ello es consecuencia de la decisión de Alberto Fernández de imponer aquí, como en otras provincias, la suspensión de las clases presenciales.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

El peor de los escenarios. A la agudísima situación producto de la escalada de contagios, el complejo panorama del sistema sanitario y la tragedia de la gran cantidad de muertos por coronavirus, la provincia le agregó este fin de semana altísimos niveles de conflictividad política.

Rodolfo Suarez fue ayer a la Legislatura para brindar su segundo mensaje como gobernador ante la Asamblea Legislativa y habló con tono fastidiado, copado absolutamente por la crisis que tiene que administrar como consecuencia de la pandemia y dejó un sabor amargo de que, en medio de otro temporal más grave que el del año pasado, le cuesta transmitir que efectivamente está seguro de cuál es el rumbo que tiene que tomar el barco que conduce.

Sin dudas que un elemento trastocó todos los planes. En la madrugada misma del día del discurso, el gobierno nacional publicó el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que terminó por plasmar en una norma los anuncios que el viernes había realizado Alberto Fernández y allí,  zonas de Mendoza, como otros distritos en otras provincias del país, quedaron atrapados en la decisión política del presidente de avanzar con restricciones duras como las que se esperaban en el área metropolitana de Buenos Aires. El punto acá fue uno solo: la estrategia que a toda costa impulsa el gobierno nacional (en sintonía con la provincia de Buenos Aires) para que se frene la presencialidad en las escuelas y en todos los niveles porque son consideradas un foco importante de contagios.

Suarez ya había fijado su cronograma de restricciones para implementar para las próximas semanas y la medida más dura contemplaba (como también fijó el gobierno nacional) la suspensión de las reuniones familiares y no mucho más por el momento. No estaba en análisis un regreso a la virtualidad de los alumnos y docentes.

El gobierno entiende que los números que maneja son claros al respecto. Sostiene que la incidencia de los contagios en las escuelas es bajísima y que la últimas medidas que se han tomado (sobre todo las que apuntaron a restringir la actividad nocturna) ha bajado aun más esa incidencia, principalmente, en alumnos de entre 16 y 18 años. En la franja del nivel inicial y primario, por caso, la Dirección General de Escuelas contabilizó 204 contagios (entre marzo y abril) de un universo de 205.000 alumnos en donde, para sumar a su descargo, las autoridades agregan que el personal docente que dicta clase en estos niveles ya está vacunado en buena medida.

La molestia de Suarez por la situación fue más que evidente en la mañana del sábado, tanto cuando dirigió su mensaje como cuando habló en la conferencia de prensa posterior. El gobierno nacional había retomado el diálogo con los gobernadores después de varias semanas de toma de decisiones inconsultas, pero en el anuncio que sobrevino a esa mesa de acuerdo terminó buscando imponer una medida dura que ya generó, como en el caso de la Ciudad de Buenos Aires, un conflicto político y judicial que todavía espera por su resolución en la Corte Suprema.

El presidente zigzageó nuevamente en su vínculo con los mandatarios de provincia e instruyó para que la Ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza, en esta primera instancia, suspendieran las clases presenciales. Solo uno de los gobernadores, Axel Kicillof, acató la instrucción. Esto le suma a Suarez un elemento de presión extra: hasta aquí el peronismo mendocino había reclamado por medidas, entre otras, para contener el desborde de los hospitales. Sin embargo no se había subido de manera contundente al reclamo por el cierre de las escuelas. Los intendentes del PJ habían demostrado su voluntad de acordar las restricciones en Casa de Gobierno, pero algunos de ellos, como Martín Aveiro en Tunuyán, el sábado mismo ya reclamó públicamente por medidas más duras.

Toda la jornada del sábado fue de tensión. Luego de brindar su mensaje en la Legislatura, Suarez reunió a los principales referentes de su gobierno y los contactos siguieron por whatsupp hasta bien entrada la tarde. Cuando cayó la noche, estaba sobre la mesa la idea de hacer una conferencia de prensa en la que se iba a precisar cómo seguía la activad este lunes. Pero todo pasó para hoy: el gobierno recibió la convocatoria urgente del ministro de Educación, Nicolás Trotta, para que hoy a las cuatro de la tarde los gobernadores que no están dispuestos a suspender la presencialidad escuchen el planteo de la Casa Rosada sobre este tema.

Pero la decisión política de Suarez ya está tomada. Habrá que esperar el resultado del zoom de este domingo, pero si como se presume, el presidente fuerza a algunos distritos de la provincia a cerrar por veinte días las aulas, Mendoza no solo objetará los datos en los que la Casa Rosada se basó para considerarla zona de alerta de transmisión de contagios. Sino que además podría apelar a la presentación de medidas judiciales.

El mes de mayo se muestra amenazante y la situación es crítica desde el punto de vista epidemiológico. La curva de contagios está estancada, es cierto, pero en niveles tan altos que no produce otro efecto más que saturar día a día la ocupación de camas de terapia intensiva en los hospitales que , además, se mantienen con cuerpos médicos muy estresados desde hace semanas. Si las proyecciones oficiales a nivel provincial se concretan, el pico de la enfermedad podría producirse hacia finales de este mes como consecuencia del efecto irradiación de la cantidad de casos que podrían aumentar con fuerza durante estos días en el AMBA.

Ante este escenario el gobierno ratificó su estrategia de que la presencialidad en las escuelas es un pilar fundamental. La jugada es riesgosa en un aspecto. El gobernador buscó mostrar ayer que la experiencia en el manejo de la pandemia del año pasado le permite ahora apostar por el mismo camino. “Cuando Mendoza abrió actividades, la situación sanitaria no fue muy distinta a la del resto del país. La curva nuestra subió siempre en sintonía con los aumentos de contagios de otras provincias en las que estaba todo cerrado”, repitió.

Pero el coronavirus está marcando un ritmo distinto en 2021. El objetivo está fijado en una política de reducción de daños y no se cuenta en dosis necesarias con la principal herramienta para este plan, como son las vacunas. La aparición de la nueva cepa de Manaos que ya está circulando en la provincia (golpeó con toda ferocidad a General Alvear) es una prueba de ello, la baja de la edad promedio de los contagiados es otra y la mayor cantidad de tiempo de internación que requieren muchos infectados, también complica la ocupación de camas de terapia intensiva. Esto, como el otro elemento que agrava aún más a todo el cuadro.

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