Los alarmantes números de la pobreza y un sistema político a contramano

Los alarmantes números de la pobreza y un sistema político a contramano

El Indec informó que en el país la pobreza alcanza al 42% mientras que seis de cada diez niños son pobres, según el organismo.

Lourdes Marchese

Lourdes Marchese

En un día negro para el país con cifras alarmantes para casos positivos de COVID que superaron los 16 mil, se conocieron los datos oficiales del Indec respecto a la pobreza. El organismo muestra que alcanzó al 42% de las personas y al 31,6% de los hogares, mientras que un 10,5% es indigente, según los cálculos del 2° semestre de 2020.

El dato impacta más si se observa que la pobreza fue del 57,7% entre menores de 15 años. Es decir casi 6 de cada 10 niños en nuestro país son pobres.

Podríamos estar hablando horas de números, pero dejemos eso para los expertos y detengámonos unos minutos en una realidad que nadie quiere asumir.  

Hay un slogan que repiten los políticos que dice que “nuestros niños y jóvenes son el futuro”, pero de qué futuro podemos hablar si muchos argentinos ni siquiera tienen un plato de comida en la mesa, no acceden a la educación o si lo hacen es sólo para poder llevarse algo al estómago a diario en algún comedor escolar.

No hace mucho tiempo los medios de comunicación sólo hablamos durante 24 hs. del caso de la niña M, una pequeña invisible dentro de un sistema propio que no le dio posibilidades, con una familia viviendo bajo un toldo, sí, bajo un toldo, a la intemperie, sin trabajo, sin educación, sin salud, sin hogar, pero con acceso a las drogas. Este caso conecta con éstas cifras que alarman y muestran que son muchas las nenas M que viven en esa situación. Es decir que ella y su familia forman parte de ese grupo de personas que ni siquiera tienen lo mínimo e indispensable para vivir.

La contracara a esta situación es la del sistema político y sus tres ramas que toma al estado como un botín, devorando las cajas de los más variados ministerios, secretarías y direcciones. No se quedan atrás los sindicatos y las tan cuestionadas organizaciones sociales, hoy atendiendo de ambos lados del mostrador.

Aumentos de sueldos, viáticos, bonos especiales o el no pago de ganancias engrosan el menú que cenan los nombrados ante la impávida mirada de la sociedad argentina.

Un Estado que se dice presente, pero que en treinta y ocho años de democracia, no ha sido capaz de generar las condiciones para fomentar la creación de empleos legítimos y a contramano del mundo, se dedicó a acumular planes sociales bajo distintos nombres, los cuales terminan en una gran mayoría de casos en manos de organizaciones sociales que a modo discrecional los utilizan para ampliar una base a la cual usarán como fuerza de choque hacia el propio estado y para disputarte poder.

A diario somos testigos de hechos de inseguridad, nos rasgamos las vestiduras opinando si tal o cual debe estar preso o no, y mas allá de la falta del castigo al quebrantamiento de la ley, tampoco estamos discutiendo el impacto de la pobreza en las estadísticas de inseguridad y si guarda relación o no.

Por último, vemos una reforma judicial que le interesa al gobierno de turno que costaría mas de 5.000 millones de pesos. ¿Es necesaria conociendo estos números de pobreza? Para que haya Justicia no se necesitan más jueces y fiscales en un país con 42% por ciento de pobres. Justicia sería que el estado genere posibilidades para que las familias puedan tener un hogar, trabajo, educación, salud y así, sólo así, los números que hoy nos trae el Indec serían otros.

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