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La Matanza, en alerta por una doble crisis: seguridad y política

La nueva tragedia por inseguridad sucedida en La Matanza, por el motochorro que mató a María Rosa Daglio, agregó más tirantez en la relación entre la administración de Fernando Espinoza con el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.
Foto: prensa Fernando Espinoza.
Foto: prensa Fernando Espinoza.

Nunca como en estos momentos una gestión municipal de La Matanza tuvo tantos frentes abiertos como los que tiene que enfrentar. Por decisiones erróneas propias y deseos ajenos, el intendente, Fernando Espinoza, vio cómo su distrito es el centro de la conmoción social por un nuevo hecho de inseguridad.

A fines del año pasado fue el ministro de Seguridad, Sergio Berni, quien llegó con su moto a la intersección de la General Paz y la Ruta 3 para mediar en el conflicto abierto tras el asesinato de un colectivero en un presunto ajuste de cuentas. En aquel momento el ministro de Seguridad provincial había dejado en claro que no quería hablar con nadie del municipio. 

Espinoza es uno de los que desde el primer momento de la asunción del Frente de Todos viene reclamando la renuncia del mediático e impulsivo funcionario y eso lo ratificó la semana pasada cuando se juntaron varios intendentes con el presidente, Alberto Fernández, y con Máximo Kirchner, en Olivos, para discutir los temas partidarios.

Kirchner tampoco lo quiere mucho, casi nada. Sino, sería imposible que uno de los dirigentes de su máxima confianza, el joven Facundo Tignanelli, presidente del bloque del Frente de Todos en la Cámara de Diputados de la Provincia, símil a la función que ocupa Máximo en el nivel nacional, trabaje por su cuenta, sin coordinar casi ninguna acción con el ejecutivo municipal. 

La diputada provincial María Soledad Ramírez, muy cercana a Berni, quien trabaja para La Cámpora, tampoco ayuda, o más bien, se encarga de puntualizar el poco compromiso municipal que observa para mejorar la seguridad en su distrito. Es uno de los viejos intendentes que no quiere hacerse cargo del tema "porque eso depende de la Provincia". 

Si bien tiene razón, en el presupuesto municipal aparecen muchas partidas para asistir en combustible, pagos de horas extras y construcciones varias a la Policía sobre la que no quiere tener ninguna responsabilidad. Extraño.

La Matanza es el distrito más importante por su extensión y población no sólo de la Provincia de Buenos Aires sino de todo el país. Y hace algunos años se había especulado con su división en cuatro distritos diferentes, algo que no prosperó. Pero eso nunca impidió que "la paz reine" a pesar de las diferencias. 

El inicio de la descomposición de la conducción se dio con el fallecimiento, luego de una larga convalecencia, del vicegobernador Alberto Ballestrini, jefe político del actual intendente y de su compañera de ruta, Verónica Magario, hoy en el antiguo lugar de "Ballestra" pero con Kicilof, que casi no le comenta lo que tiene en mente ni para su localidad ni para el resto del territorio bonaerense.

Además, en La Matanza también tienen altísima participación otros sectores con personalidades muy fuertes, como Emilio Pérsico, creador del Movimiento Evita, quien mantiene una tensa relación con Espinoza, y el histórico Rector de la Universidad Nacional de La Matanza, Daniel Martínez, que a veces amaga a participar en la discusión política de manera mucho más directa. Hace mucho tiempo que no coincide con el actual jefe comunal.

Hace dos meses, tras una protesta por inseguridad en Lomas del Mirador, en la que la gente estuvo a punto de tomar una comisaría, casi meten preso al concejal de Juntos por el Cambio, Lalo Creus. Creus no es un dirigente convencional cambiemista. Es referente de uno de los barrios más postergados y maneja una organización social no gubernamental. Fue Berni quien, a pesar de los deseos de la Intendencia, dejó sin efecto la denuncia que le querían formular. 

En estas horas, el dirigente matancero y ex candidato de Roberto Lavagna, Miguel Saredi, responsabilizó mucho más directamente al ministro porque "no sólo es La Matanza, es toda la Provincia la que carece de un plan de seguridad en serio". 

Sin embargo, quien encendió las alertas más importantes por el crimen de Daglio fue el obispado local. A través de una carta personal, Monseñor Eduardo García, muy cercano al Papa Francisco, manifestó su "grave preocupación por los sucesivos y violentos actos criminales que de forma habitual se están sucediendo en las jurisdicciones de nuestras parroquias" y denunció que la inseguridad "se ha agudizado en los últimos meses".