La escuela como cuna de la memoria, la verdad y la justicia
Nadie duda de que la escuela debe formar y educar para la libertad. “Solo la educación nos hará definitivamente libres”. Ya lo sostenían, hace más de dos siglos, las mujeres y los hombres que forjaron la emancipación de nuestra patria. Desde ahí proviene esa búsqueda constante e indelegable de nuestras escuelas y sus docentes por generar ámbitos de conocimiento en libertad.
Es por eso que, a 45 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la fecha sigue siendo una oportunidad para actualizar la memoria en pos de comprender nuestra historia, y desde ahí poder imaginar y elaborar un futuro que nos ofrezca nuevas y mejores alternativas. Futuro que se alcanza interpelando nuestro pasado sobre la base de la verdad y la justicia. Pero reconociendo también que el rescate de la memoria es un ejercicio que se hace desde el presente. Es entonces cuando la escuela cobra una relevancia absoluta, pues es naturalmente la generadora de escenarios cognitivos y sensibles para la reflexión de aquellos tiempos tan duros, y donde aquel “Nunca Más” se reafirma democrática y constantemente.
Pero también es la escuela el lugar donde se debe debatir ampliamente el valor de la educación como un derecho humano imprescindible, y desde donde se deben estimular los lineamientos hacia un nuevo contrato solidario que respete los géneros y las minorías, afiance nuestra identidad y asegure programas formativos tendientes a la concreción de una mejor calidad de vida.
Honrar la Constitución es volver la mirada hacia la escuela. Bregar por la equidad social y la justicia educativa cobra enorme relevancia, sobre todo, en un tiempo tan desafiante como el actual. Por ende, siempre adherimos convencidos férreamente al postulado planteado en Articulo III de la Ley Nacional de Educación, cuando en su Capítulo 1 sobre “los principios, derechos y garantías”, sostiene: “La educación es una prioridad nacional y se constituye en política de Estado para construir una sociedad justa, reafirmar la soberanía e identidad nacional, profundizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, respetar los derechos humanos y libertades fundamentales y fortalecer el desarrollo económico-social de la Nación”.
Precisamente el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, es una oportunidad para repensar desde aquella herida social, aún abierta y tan profunda, la necesidad de construir valores ciudadanos forjados en el esfuerzo diario, el trabajo, el respeto por los sentimientos patrióticos, el valor de la palabra y el pluralismo ideológico. Todo esto como el camino más adecuado para el progreso de la sociedad. Eso es además lo que debe imperiosamente reflejar un moderno sistema educativo.
Y si bien hoy recordamos el día más triste de la historia contemporánea argentina, la escuela mendocina siempre rendirá el mejor homenaje a las víctimas de la dictadura haciendo lo que históricamente hizo siempre: desafiará la coyuntura sobreponiéndose a la ausencia, honrando los postulados constitucionales, pero agregando también notas distintivas de su magisterio: abnegación, compromiso y capacidad para que los chicos aprendan. Pero además sin olvidar jamás la valiente lucha estudiantil, emblemáticamente referenciada en la triste “noche de los lápices”, cuando el pedido reivindicatorio por el boleto estudiantil mostró la atroz cara de la dictadura. Esos lápices siguen escribiendo, pues no pedían solamente la rebaja de un boleto. Como lo hace siempre la juventud comprometida: querían cambiar el mundo.
Los docentes, los estudiantes, el acompañamiento familiar, reivindicaron ayer el derecho a aprender y enseñar ante la persecución y la muerte cuando se escribió aquella página oscura de nuestra historia. Pero lo hicieron hoy también, abriendo las puertas de nuestras escuelas en pandemia para que aquella lección no fuera en vano. Como una vez repetí, después de leer el pizarrón del patio de esa escuela: “no podemos evitar la lluvia, debemos aprender a caminar bajo la tormenta”. En el fondo estamos brindando lo que nuestros estudiantes por derecho se merecen y como Estado tenemos el deber de ofrecerles. Recordemos además que la memoria tiene que ver con el pasado. Pero la memoria también tiene que ver con lo pendiente. Es ahí donde cobra vida activa, la verdad y la justicia. Ayer, hoy, y siempre.

