El caudillo riojano que desafió a todos y se embriagó de poder

El caudillo riojano que desafió a todos y se embriagó de poder

Fue dos veces presidente e intentó serlo por tercera vez. Desafió al poder del PJ desde La Rioja; ganó y se embriagó de poder. Consiguió un cargo casi vitalicio en el Senado, un cargo clave para tener fueros y para ayudar a los gobiernos peronistas de turno.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Encorvado, paso cansino. Cara de viejo. Carlos Menem se bajó del auto para votar rodeado de custodios, miles de pesados micrófonos a pila y gritos. Aún así, se tomó una pausa; miró al costado y respondió: "Fui el mejor presidente y la gente me quiere", dijo. Año 2007. Carlos Menem ya había sido presidente dos veces; ya había sido condenado y ya era senador nacional, cargo al que accedería de manera casi vitalicia. En 2007 quiso ser gobernador y salió tercero. Fue, curiosamente, la primera elección que perdió, pues Menem tuvo hasta esa astucia: cuando se encaminaba a una derrota catastrófica en 2003, se bajó de la segunda vuelta frente a Néstor Kirchner y quedó como "ganador". 

La "casa", el Senado de la Nación, sería su último refugio, en todo el sentido de la palabra. Allí recibiría curiosos gestos de respeto a los que él siempre respondió con presencias o votos clave. Fueros para siempre, fidelidad en momentos clave para cada gobierno, en particular para el de Cristina Fernández de Kirchner.

Menem fue el "caudillo" que desafió y le ganó al poder del PJ bonaerense en 1989, con patillas y la imagen de Facundo Quiroga. Y el que se embriagó de poder, acuñó el concepto de relaciones carnales con EEUU, modificó la Constitución para reelegirse y construyó un sistema de corrupción estructural en el Estado. El que se casó con una Mis Universo y la obligó a comer locro servido en bandeja de plástico en un polideportivo de La Rioja; el mismo que manejó una Ferrari y que osaba jugar al basket a pesar de su baja estatura.

Autoestima y carisma no le faltaban. Tampoco expedientes judiciales. Fue condenado, absuelto y blindado por los fueros del Senado. Estuvo preso en una casa quinta y esperaba (o no) que la Corte Suprema ratificara o rechazara la condena a cuatro años de prisión por los sobresueldos que se pagaron durante su gestión a funcionarios del Ejecutivo. La otra causa que quedó impune por la demora en la resolución tiene que ver con el tráfico de armas a Croacia y Ecuador, uno de los escándalos más vergonzantes en cuanto a relaciones internacionales. Menem fue absuelto, luego condenado, y finalmente liberado de culpas por la enorme demora que hubo en la justicia para dictar sentencia. No llegó a terminarse el juicio y lo mismo con su causa conexa: la voladura del polvorín de Río Tercero. 

Menem asumió el gobierno meses antes de lo que correspondía por la renuncia anticipada de Raúl Alfonsín. Venía con el envión de haber ganado la interna peronista a Antonio Cafiero y las generales a Eduardo Angeloz. Heredó y no pudo domar una crisis económica enorme, con una hiperinflación que hizo crecer la pobreza. Probó con varios modelos y encontró su ave fénix con la "convertibilidad" y una figura clave: Domingo Felipe Cavallo. El peso y su valor espejo con el dólar estabilizó la economía. Claro, lo que al principio fue una solución, luego se transformó en espejismo. 

El modelo de modernización que aplicó incluyó la privatización de empresas y servicios estatales, procesos que estuvieron teñidos en algunos casos con sospechas de corrupción. En su columna de poder hubo tres mendocinos clave: José Luis Manzano, que fue ministro del Interior, Roberto Dromi, el cerebro de las privatizaciones, y Eduardo Bauzá, quien probablemente haya sido uno de los hombres de mayor confianza del riojano. De hecho fue funcionario suyo en la década del 70, en la gobernación de La Rioja. Luego fue desde ministro del Interior, de Desarrollo Social y hasta jefe de gabinete. 

La presidencia de Menem estuvo signada por tres hechos de trascendencia internacional. En 1992 y 1994 ocurrieron los dos atentados terroristas más graves de la historia argentina, contra la Embajada de Israel y la sede de la AMIA. Ambos están impunes. El otro hecho fue más personal: la muerte de su hijo Carlos Menem Junior, luego de que el helicóptero que pilotaba se estrellara (en la nave también estaba Silvio Oltra). Otro caso sobre el que aún hay dudas. 

Un dirigente político de raza, carismático, corrupto, pícaro, cholulo e influyente hasta sus últimos días. En presencia y ausencia. Menem fue el presidente que desafió a todos y se embriagó de poder. 

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