El increíble descubrimiento de Alberto Fernández y un 2022 donde no habrá magia
Alberto Fernández no para de mover las manos. La puesta en escena para el mensaje navideño tenía calidad cinematográfica, pero la mímica exagerada de sus manos generaba alguna sensación de sobreactuación. El presidente intentó dar un mensaje minimalista; meterse en cada hogar para saludar por la Navidad. Pero en su mensaje se trasluce una impronta que, comparado con lo que decía hace casi dos años cuando subestimaba el impacto del aislamiento total y prolongado, puede sonar a reflexión: finalmente “es la economía” lo que necesita mejorar. Fernández parece haber tenido una revelación: que la economía funcione no es que “las grandes empresas” ganen, sino que una persona tenga trabajo, una familia prospere, un niño pueda estudiar y un joven se imagine un futuro mejor.
Los dos ejes del discurso fueron la recuperación económica y la necesidad de unidad de los argentinos. Pues aunque el presidente intentó trasladar a todos esa idea, la tarea “empieza por casa”. Es que en ambos casos es el oficialismo el que tiene la responsabilidad de dar el primer paso. Y hasta ahora no hubo buenos resultados.
Según Alberto Fernández la recuperación económica es mejor que la del 2002 o 2003. En ambos casos el presidente obvia que se trata de un “rebote” y que Argentina viene de un cierre total en 2020. Cualquier comparación liviana puede generar una aberración en el análisis. El contexto económico no acompaña el discurso de Alberto. El 2022 arrancará sin Presupuesto anual, sin acuerdo con el FMI, con una inflación que rozará el 50%, con problemas para importar insumos productivos y con mayor tensión fiscal.
De hecho en su gestión se crearon o modificaron 19 impuestos y el año terminará con el impulso de nuevos tributos: más Ingresos Brutos y un impuesto a las herencias; medidas que serán apoyadas hasta por gobernadores opositores como Rodolfo Suarez. Los nuevos tributos, como el impuesto a la riqueza, no se coparticiparon de manera directa por lo que el Ejecutivo nacional aumentó el poder de repartir dinero discrecionalmente.
Lo que no está claro de parte del Gobierno nacional es la forma en la que pretende mejorar la creación de empleo, riqueza y bienestar.
El otro eje del discurso fue la necesidad de unir a todos los argentinos, un anhelo incuestionable pero que el Frente de Todos y Juntos por el Cambio se encargaron de devaluar como idea en la última década. “El 2022 nos tiene que encontrar más unidos y fuertes. Nos tiene que encontrar a todos y a todas empujando para el mismo lado. Necesitamos juntar manos, esfuerzos, talentos y recursos”, dijo el presidente. Esta vez, quizá por el contexto navideño, su proclama no estuvo seguida de críticas y alusiones despectivas al Gobierno anterior o dirigentes opositores con los que indefectiblemente deberá dialogar si es real la propuesta de unidad. Justamente ese ha sido uno de los motivos que vació de contenido cualquier llamado al diálogo: la construcción de dicotomías, de ideas polarizadas, la idea de demonios y ángeles.
Los primeros pasos de la nueva estructura de poder de Argentina, reflejada en el Congreso, han sido erráticos. Probablemente porque los partidos políticos tienen atrofiado el músculo del diálogo, la “rosca positiva” y la búsqueda del bien común. El Gobierno tropezó con su propia soberbia en el debate del Presupuesto. La oposición quedó expuesta con su visión frívola de la política en el tratamiento de Bienes Personales (con una diputada que prefirió ir a Disney con un pasaje de último momento antes que sentarse en su banca).
En ambos frentes hay disputas por liderazgos y esa tensión interna desestabiliza. Le ocurre a Alberto Fernández, resignado a no tener el liderazgo de su sector y a que se dude hasta de quién es el que pide el café en Casa Rosada. Y le pasa a Juntos por el Cambio, que quedó encandilado por el éxito electoral y aún no se reacomoda.
Alberto Fernández deseó un 2022 de unidad. La Navidad genera esperanza, el año nuevo ilusiones. Pero solo se trata de un cambio en el calendario; el resto depende de las acciones de los humanos.