Por la desconfianza, en Juntos por el Cambio la unidad se mide en días, horas o minutos
La falta de una conducción clara o de un líder que se anime a definir un rumbo para Juntos por el Cambio hace que ese espacio, conformado por dirigentes de diferentes procedencias y criterios, esté siempre a punto de estallar o provocar una ruptura con el contrato social establecido tras las elecciones generales de noviembre pasado.
Pasado un mes del 14 de noviembre donde la oposición triunfó abrumadoramente y luego de algunos días que los legisladores nacionales y provinciales asumieran en sus bancas, se nota nítidamente que la ausencia de un común ordenador provoca un desconcierto inimaginado por la población que los votó. La atomización, producto de las diferencias partidarias y a su vez internas de cada representación configuró la multiplicidad de bloques que se miden a través de los medios y llegan a acuerdos tan precarios cuya duración nadie puede firmar.
La ruptura del bloque de la Unión Cívica Radical expuso la fractura entre porteños y federales, pero no todo es tan lineal. Emiliano Yacobitti y Martín Lousteau, los "Nosiglia boys", como los descalifican, han puesto a la luz sus deseos de ser quienes conduzcan la posible vuelta del centenario partido a la centralidad del poder nacional. Y se enfrentan, en cada oportunidad posible, contra Gerardo Morales y sus pares gobernadores, que van o vienen con sus acuerdos con el Frente de Todos.
"El problema no es el acuerdo que tengan con el otro, sino lo que cada uno ve que representan esos arreglos dentro de la interna", dijo un avezado observador radical, hoy con importante funciones dentro del esquema partidario y legislativo.
Exactamente lo mismo sucede en el PRO. Aún no zanjados los destrozos que provocó la estrategia de Horacio Rodríguez Larreta de encaminar un proceso de "lado a lado", haciendo que toda la elección se transformara en una discusión del AMBA, llama la atención cómo sigue sin hablar de los temas importantes y que todas las negociaciones previas que encaró para conseguir su objetivo quedaron, simplemente, en "pagos de cargos".
Entonces, también en el partido que creó Mauricio Macri reina el desconcierto y la sospecha. Patricia Bullrich opina exactamente lo contrario a lo que mostró el alcalde porteño en toda la campaña y con posterioridad a la misma. Sin embargo, sin funciones ni contratos para repartir, tiene que estar siempre atizando su postura desde la opinión pública.
La otra "socia fundadora", Elisa Carrió, también hace lo suyo por afuera de las estructuras partidarias y gubernamentales. No quiere que su gente participe de la gestión de Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires. Le desconfía de sus decisiones relacionadas con el juego y la sociedad con Enrique Nosiglia, entre tantas otras cosas. Igualmente, hasta ahora, es su más importante candidato presidencial.
Ella fue quien lo ayudó a poder concretar el proyecto de Diego Santilli diputado nacional bonaerense al romper la mesa de acción política que ordenaba todas las tensiones bonaerenses y que ponía reglas de juego claras entre los lilitos, el PRO, los radicales y el peronismo republicano.
Andrés De Leo, Jorge Macri, Maxi Abad y Joaquín De la Torre habían puesto en condiciones el terreno donde se iba a disputar la PASO bonaerense y las reglas de juego. La salida de María Eugenia Vidal, que pasó de "auténticamente bonaerense" a porteña, desconfiguró ese armado. Pero la resolución de Rodríguez Larreta de aceptarla como candidata y el apoyo de la fundadora y dueña de la Coalición Cívica hizo que todo volara por los aires.
De condiciones claras y políticamente viables para Juntos por el Cambio se pasó a un "sálvese quien pueda" que sigue hasta hoy. Y perforó mucho más la coraza del PRO que del radicalismo, que vive las internas con más vehemencia y claridad que los herederos de Macri.
Por eso es que hoy se note cierta homogeneidad entre Abad y todos los intendentes radicales, menos Gustavo Posse, que por su peso político puede imponer o reclamar otras condiciones. No siempre le sale. En cambio en el PRO la mesa de lo intendentes ya no existe y los reproches son cotidianos.
Esto se vio con claridad en la designación de las autoridades del bloque de Juntos en el senado bonaerense. Finalmente el delegado del acuerdo Jorge Macri - Daniel Angelici, el senador Cristian Gribaudo, presidirá el primer año y el marplatense Alejandro Rabinovich lo será en 2023.Daniela Reich, impulsada por Diego Valenzuela para la presidencia, y siempre en tándem con Julio Garro, quedó de Secretaria y Joaquín De la Torre vicepresidente de la Cámara.
Abad, Jorge Macri y Joaquín De la Torre trabajan coordinadamente y sus diálogos con el senador De Leo antes de la explosión previa a las PASO también generan un marco de confianza que no tienen con los otros PRO como Guillermo Montenegro, Valenzuela o Garro. Néstor Grindetti, el intendente de Lanús, ha sabido acompañar a cada una de las partes en tensión y más de una vez terminó siendo un negociador de última instancia.
Es tanto el desconcierto interno que aún no tomaron nota de la trascendencia que tienen nuevos aliados como Margarita Stolbizer y reconocidos armadores como Emilio Monzó o el propio De la Torre, sin sillas en el gran desconcierto de la mesa nacional de Juntos por el Cambio.
"Damos vergüenza... No podemos ordenarnos entre nosotros y queremos ordenar a la sociedad... Y creo que con esta tensión vamos a convivir durante los próximos dos años", se sinceró uno de los protagonistas involucrados, asustado porque "el tema de las reelecciones también puede provocar ruidos imposibles de aplacar".
"Por más boleta única, desdoblamiento electoral y otros avances que podamos conseguir para elegir a las autoridades bonaerenses y municipales, si hay alguien que dice que quiere ser reelecto, que lo hay, nos invalida nuestro rol opositor y el contrato con la gente", sentenció.


