Caso Luciano Olivera

Miramar fuera de control: excesos, Estado ausente y muerte

Esta semana, la localidad bonaerense de Miramar volvió a ser noticia por la muerte de un joven de 16 años a manos de un policía. Otra fatalidad relacionada con la noche en una ciudad de 45 mil habitantes en la que, aseguran los vecinos, "se conocen todos".

José Luis Jacobo
José Luis Jacobo martes, 14 de diciembre de 2021 · 08:22 hs
Miramar fuera de control: excesos, Estado ausente y muerte

Miramar es técnicamente una ciudad, pero en muchos aspectos sigue funcionando como un pueblo: es un lugar en donde, según aseguran los propios vecinos, "se conocen todos". La muerte de un joven de 16 años a manos de un policía es la consecuencia de un conflicto cuyo guión ya estaba escrito de antemano. Una y otra vez, esta ciudad es noticia por la muerte de jóvenes en circunstancias que tienen que ver con la noche, el alcohol y las drogas.

El 4 de febrero de 2001 era asesinada Natalia Mellman. Más allá del debate sobre las circunstancias y la naturaleza de la condena que recayó sobre los policías miramarenses, el caso, cuyo autor material fue Gustavo Daniel Fernández, apodado "el gallo", es otro ejemplo de un cóctel de menores que conviven con adultos en los mismos ámbitos, y comparten los mismos hábitos.

Existe un hilo conductor que marca estos desenlaces fatales: la nocturnidad desbordada, marcada por el consumo de alcohol y drogas. Una nocturnidad de la cual el Estado ha decidido ausentarse y donde, como denuncian los vecinos, el homicida aparentemente era parte del problema.

El intendente de Miramar, Sebastián Ianantuony, se despegó de los sucesos que terminaron con la muerte de Luciano Olivera cargando la responsabilidad sobre la conducción policial. El funcionario pidió y obtuvo la cabeza del comisario de la policía comunal, Gustavo Vulcano. Una vez más, la política se lava las manos y evita hacerse cargo de sus responsabilidades, que son evidentes.

Los testimonios brindados por los amigos de Luciano afirman que el autor del disparo es una persona conocida, que vive en el mismo barrio: se trata de Maximiliano González, de 25 años. Los dichos de los vecinos a los medios ubican a este funcionario policial de ambos lados del mostrador: participando drogado y alcoholizado de fiestas clandestinas, y actuando de manera prepotente y abusando de su rol institucional mientras estaba de servicio.

La intendencia de General Alvarado —a tono con esta época—, cuenta en su estructura con una Secretaría de Derechos Humanos. Sin embargo, no parece que la misma haya estado demasiado activa. Entre otras cosas, los niños tienen derecho a que se proteja su vida, a que se respete su intimidad, a la salud, a hacer deporte, a jugar y disfrutar de un ambiente sano. Y, especialmente, tienen derecho a no sufrir humillaciones ni abusos de ningún tipo, a que se respete su honor, y a que se proteja su imagen. Por lo citado tanto por los amigos como por la madre de Luciano, estos derechos esenciales se vulneraban a diario.

¿Alcanza con remover a un comisario y promover a otro efectivo? No estamos ante un problema de seguridad: es un fenómeno cultural y estructural que sólo puede cambiarse desde la praxis política.

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