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La increíble inestabilidad partidaria que dejó la elección

El Frente de Todos simuló una victoria y Juntos por el Cambio expuso sus peleas internas. Al final, el "día después" de la elección tuvo más problemas partidarios que sociales. La fragilidad de los dos frentes que pelean por el poder.
No tan juntos. En la oposición simulan una unidad que luego de la elección quedó más frágil que nunca. Foto: Prensa Juntos por el Cambio
No tan juntos. En la oposición simulan una unidad que luego de la elección quedó más frágil que nunca. Foto: Prensa Juntos por el Cambio

El Frente de Todos generó una idea más cerca de la posverdad que de la realidad, con una negación casi patológica de la derrota. En Juntos por el Cambio se cayó el velo de la unidad armónica para que se noten las absurdas peleas por un poder que aún no tienen. El día después de las elecciones no cambió nada a nivel social, pero sí ocurrió una increíble inestabilidad partidaria. No es casual: en la campaña ya había una disociación entre lo que estaba en juego y lo que los partidos ponían en juego.

El domingo a las 22 ya estaban los resultados cantados. El presidente Albero Fernández había dicho un mensaje moderado, sin autocrítica y con un tibio llamado a la unidad; mientras los referentes de la oposición partieron desde los aeropuertos provinciales para mostrarse unidos en la Ciudad de Buenos Aires. Pero no pudo ser. Alberto Fernández dejó los formalismos institucionales y “festejó” de manera bizarra en el búnker, y el equipo de Horacio Rodríguez Larreta vetó a los dirigentes federales de Juntos por el Cambio.

Si había incertidumbre puertas afuera, hay una fragilidad inquietante internamente en los partidos. 

El Frente de Todos tiene ahora un panorama incierto en las provincias. En Mendoza, por ejemplo, Anabel Fernández Sagasti actuó distinto al presidente. Reconoció la derrota, llamó a quienes ganaron y tuvo algún gesto interno al sugerir que no va a participar de la búsqueda de la gobernación en 2023. Pero ella misma viajó a Buenos Aires para "celebrar" la remontada, aunque con la tibieza del apoyo de La Cámpora en el acto por el Día de la Militancia peronista. 

En Mendoza, como en gran parte del país, el PJ quedó mareado por el impacto. Sin referencias nacionales con peso electoral, los sectores más federales de ese partido recalculan. Aún no está claro qué van a hacer los gobernadores que habían amagado a tomar un camino independiente al kirchnerismo

Fragilidades

En Juntos por el Cambio la pelea interna quedó expuesta tras el resultado agridulce que tuvo en la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia el grupo “amarillo” liderado por Horacio Rodríguez Larreta y el intento de hacer valer el triunfo federal que se arrogan Patricia Bullrich, Alfredo Cornejo y otros dirigentes del ala dura de esa alianza. El insólito bloqueo para subirse al escenario el domingo tiene como fondo la disputa por los liderazgos que vienen.

Bullrich y Cornejo fueron los promotores de la búsqueda de federalizar la disputa electoral con la campaña por los 5 senadores. Larreta concentró todo en su figura y, en paralelo, recorría el país solo. Con el resultado puesto, las chicanas por la diferencias no se disimulan más.

Juntos por el Cambio tuvo los mejores resultados en la franja central del país, donde solo es Gobierno en una provincia. En Mendoza, Cornejo duplicó en votos a la referente de Cristina, Anabel Fernández Sagasti, y llevó ese resultado en la valija. En Córdoba, Luis Juez tuvo un resultado similar. El excéntrico dirigente mediterráneo tiene una impronta personalista y cuesta interpretar a quién favorece a nivel nacional, aunque en las PASO ya se habían dado señales con la derrota de los candidatos apoyados por Macri y Larreta, como Mario Negri y Gustavo Santos. En Santa Fe el resultado, que fue más abultado de lo esperado, también tiene una impronta más radical que “amarilla”. Pero en esa alianza es todo tan confuso que para analizar los beneficios de una victoria cada figura se “despieza”. “En Santa Fe, como en Buenos Aires, hay acuerdos de distintos sectores del radicalismo que en soledad no podrían funcionar”, explican.

Ahora les queda un camino de arena a cada dirigente. A los radicales, porque están en plena puja por el control partidario. Alfredo Cornejo y Gerardo Morales negocian y tensan la cuerda y en medio entren en juego la conducción de los bloques en el Senado y Diputados. También otros actores, como Ernesto Sanz y Martín Lousteau.

El temor mayor es que las pujas traigan a escena la representación que más han repetido los radicales en su historia: las internas. Para colmo, con el PRO como elemento disruptivo. Cornejo asegura que repetirá lo hecho hasta ahora: ponderar la unidad por sobre los intereses personales, aunque también entiende que no puede regalar espacios. Creen que tras lo ocurrido este año tienen la posibilidad cierta de ser competitivos internamente frente al PRO, sobre todo por la debilidad que muestra el partido fundado por Mauricio Macri para cohesionar visiones.

La división “invisible” que hay en Juntos por el Cambio entre los “federales” y el porteñocentrismo (que tiene en realidad más matices) promete agitarse en los próximos meses.