La OSEP, en ruinas: ¿dónde está la plata de los afiliados?
Las gestiones de Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez han sido calamitosas para las cuentas de la Obra Social de Empleados Públicos, cuyos adherentes deben esperar meses para ser atendidos. En el interior de la provincia la situación se agrava por la falta de prestadores propios.
La Obra Social de Empleados Públicos de Mendoza (OSEP), que tiene a su cargo el cuidado de 400.000 mendocinos que aportan todos los meses para recibir una atención de salud digna, está quebrada. Una deuda millonaria que asciende a 31 millones de dólares (según confesó el propio gobernador Rodolfo Suárez), afiliados que esperan meses para un turno, efectores privados con facturas sin poder cobrar y profesionales mal pagos forman el coctel explosivo generado en el último lustro.
No hace falta describir la odisea que los adherentes a OSEP deben soportar para ser atendidos por la obra social a la que confiaron su salud: probablemente quien lee estas líneas sufre, directa o indirectamente, los pesares de la falta de gestión de los funcionarios a cargo. No obstante, la pregunta que resuena entre los afiliados es: ¿Dónde está mi plata? ¿Por qué no recibo la atención esperada si cada vez aporto más? ¿Es sólo mala administración o pasa algo más?
La sospecha generalizada es que la debacle de la Obra Social no se debe sólo a falta de gestión. Muestra de esto es que el bloque de legisladores del Frente de Todos propuso la creación de una comisión investigadora para poner blanco sobre negro y que todos los empleados públicos mendocinos puedan saber dónde está su dinero. No obstante, la respuesta del Gobierno, mediante los senadores y diputados de Cambia Mendoza, fue rechazar esa posibilidad de plano y sumergir las cuentas de la OSEP en el oscurantismo. ¿Qué tienen para esconder?
En este sentido, la senadora nacional del Frente de Todos Anabel Fernández Sagasti fue tajante al asegurar que la obra social “Está quebrada”. Y no lo dijo por reanimar una disputa política, tal como aseguran en el Gobierno Provincial, sino porque al caminar por los barrios puede constatar de primera mano las quejas de los trabajadores y las trabajadoras del Estado. En pocos años los afiliados de OSEP pasaron de sentirse cuidados a solos, y esa es una realidad tan triste como innegable. El diagnóstico de Sagasti es compartido por todos y cada uno de los 400.000 afiliados.
La excusa del Gobierno de Mendoza, a cargo de Rodolfo Suarez, es que la pandemia incrementó la utilización de recursos y acrecentó el costo de las prestaciones. Sin embargo, basta con realizar un ejercicio de memoria para confirmar que se trata de una falacia: la calamidad de OSEP empezó en 2017, cuando gobernaba el actual diputado nacional Alfredo Cornejo y Sergio Vergara presidía la entidad. Por entonces el Ejecutivo realizó un salvataje que resultó ser no más que un parche, ya que no se utilizó como inversión para optimizar los recursos, más bien todo lo contrario. La crisis no empezó con la pandemia.
Sería lógico pensar que el sideral incremento de la deuda de la obra social se deba a una inversión desmesurada en incrementar la calidad de las prestaciones, o bien en la realización de obras de infraestructura para que los mendocinos puedan atenderse de forma ágil y rápida. Nada de eso: en los últimos 6 años, correspondientes a las gestiones de Cornejo y Suárez, OSEP no inauguró un solo efector propio. El dinero inyectado por el Ejecutivo (por lo tanto del bolsillo de todos los ciudadanos, afiliados a Osep o no) se fue por la canaleta de gastos corrientes en el mejor de los casos.
En cambio, durante las gestiones peronistas de OSEP se reformó el hospital Del Carmen, se construyó el hospital Obstétrico, se creó la clínica odontológica y se convirtió el sanatorio Fleming en el segundo hospital pediátrico de la provincia, con 50 camas de internación. Se refaccionaron las oficinas de toda la provincia y se puso en valor la digitalización de los trámites. Todo eso y mucho más con superávit en las cuentas, producto de una administración eficiente donde se colocó al afiliado y a su familia como prioridad.
Para colmo de males, la situación empeora notablemente cuando nos alejamos del Gran Mendoza. Es que en la urbe la Obra Social de Empleados Públicos cuenta con efectores propios en los que los afiliados, con retrasos y deficiencias, pueden atenderse. Pero en el interior de la provincia OSEP no cuenta con clínicas propias y los afiliados están obligados, en la mayoría de los casos, a trasladarse cientos de kilómetros para ser atendidos.
Existe un dato clave que puede servir para explicar la ruina de OSEP y que el Gobierno de Mendoza no quiere que sepas: los ingresos de la obra social están atados a los sueldos de los empleados públicos, los cuales han permanecido planchados durante los últimos años. La cuenta es simple: si los trabajadores y las trabajadoras no pueden ganarle a la inflación, el organismo tampoco. Gran parte de la debacle se debe a que desde 2018 los estatales han recibido aumentos magros (en el año 2020 ni un peso) y eso influye proporcionalmente en lo que pueden aportar. En definitiva la OSEP, como los maestros, los médicos o los policías, es una víctima más del plan de ajuste diagramado por Cornejo y ejecutado por Suarez.