Quiebre y tensión: Mendoza retrocede y se pone a prueba la pericia del Gobierno
Un presidente que presiona y expone a Mendoza sobredimensionando los problemas. Intendentes que tironean con dudas. Empresas al borde del abismo que buscan soluciones. Y, de fondo, una crisis sanitaria que pone a prueba la pericia para gestionar. Rodolfo Suarez absorbe en los últimos días la hiel del poder. Gobernar es, también, administrar tensiones; tomar decisiones que no van a convencer a todos, pero que sí influye en el destino colectivo. Esta vez, con un estado de situación crítico en el que se pone en juego la vida de las personas, el futuro de la economía de las familias, las empresas y el propio Estado.
Suarez es un gobernador que escucha, pero al que le cuesta construir estructura política de negociación. Lo sufre en la relación con la oposición en Mendoza y también con la Nación. Las balas pegan directo y es lo que pasó en las últimas semanas. Fernández subió al ring al Gobernador, que no tiene como custodio más que a sí mismo. Los dirigentes nacionales de su sector político, como Alfredo Cornejo, juegan su propio partido en la pelea nacional. El Gobernador no quería retroceder, según sostiene, pero también quería evitar que el Presidente lo hiciera por la fuerza. Ahora deberá negociar día a día con un Gobierno nacional que lo acorrala.
Mendoza tendrá un retroceso en cuanto a las libertades para desarrollar la vida cotidiana, pero será menos dramático que lo ocurrido en otras provincias. Sí va a ser duro para algunas de las actividades que habían vuelto a sacar de la pereza a la economía, como la gastronomía y el turismo interno. Salvo que el presidente Alberto Fernández sorprenda negativamente al Gobernador, la Provincia no saldrá del distanciamiento social y Suarez podrá mantener la regulación de las actividades. Por eso todas las industrias y el comercio se mantendrán activos, aunque deberán usar el ingenio para movilizar a los trabajadores: la idea es reducir la circulación y el transporte público. El "cierren todo" que sugerían desde Casa Rosada incluía también actividades que han tenido un "boom" en los últimos días producto de dinero ocioso de algunas personas. La construcción privada ha generado un pequeño repunte en los sectores relacionados.
La crisis sanitaria
Aunque se dramatice la situación, en realidad el pico de contagios y la tensión sobre el sistema de salud no es algo que sorprenda. Mendoza llegó a este momento con varias ventajas, entre ellas casi 6 meses de tiempo para prepararse. Ahora se pone a prueba la pericia para gestionar.
El mapa de situación "ideal" que planificaron en el Gobierno incluye los anillos sanitarios para el abordaje y mitigación de la pandemia, seguir con la contención a través del rastreo de contactos y apelar a la conciencia ciudadana para prevenir. La estrategia quedó desbordada por la realidad y ahora más que nunca depende de la responsabilidad individual y social que del control y la logística del Estado. Los recursos no alcanzan para seguir los nexos, la demanda creció y por eso el resultado de los test se demora tanto que hay casos en los que los "positivos" se confirman cuando los pacientes están casi para el alta.
Mientras tanto, recalculan cómo ejecutar la contención. Hubo inversiones obsoletas, como lo que ocurrió con el Polo Judicial. Allí se montó un hospital de campaña, trayendo camas desde Malargüe y adaptando salas que eran para atender a condenados por delitos, para que sean sitios de internación. Pero no se podrá usar.
Las estadísticas oficiales sorprendieron, al igual que los argumentos. En pocos días la ocupación de camas de terapia intensiva, que es el dato crítico, pasó del 65% al 90% y eso obligó a dar marcha atrás. Hay quienes pusieron en duda los datos oficiales, sobre todo desde la oposición. Además de los problemas logísticos para organizar las derivaciones y la asistencia, lo que pasa es que en números brutos no hay tantas camas disponibles. Para todo el Gran Mendoza son unas 170 las plazas de UTI. Por eso preparan camas que puedan responder aun atención aguda, pero no crítica. Sin embargo hay un recurso imposible de reemplazar y es el personal de la salud especializado.
En el fondo lo que la pandemia hace es mostrar que el sistema de salud es menos robusto de lo que se creía. De la misma manera, también dejará como secuela la mala siembra que había en lo económico y social.


