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Mendoza y el ejemplo

En el día del padre mendocino, una carta que busca "provocar" sobre las potencialidades de la provincia.

Por Andrés Lombardi / Presidente de la Cámara de Diputados de Mendoza

La pregunta nos la hemos hecho todos. Mucho más en estos últimos tiempos. En reuniones de amigos, discusiones políticas o, incluso, en la intimidad de nuestras cavilaciones. ¿Somos realmente mejores los mendocinos? De verdad, nuestra provincia, ¿es mejor que las demás?  La metáfora de la casa linda en el barrio feo ¿es real o sólo un mito urbano? ¿Son nuestras instituciones, nuestros dirigentes y nuestros ciudadanos, distintos al resto?

Dejando de lado lo pedante que pudiera resultar, con razón, estas preguntas para cualquier otro habitante de nuestro país, es lícito que de vez en cuando revisemos nuestra historia reciente y podamos vernos al espejo. No como un ejercicio narcisista sino por el contrario, con la suficiente humildad de aceptar que por ahí no nos guste lo que veamos. O lo que los demás ven de nosotros.

Hace unos días, en La Nación, Jorge Oviedo rescataba algunas líneas del General San Martín sobre Mendoza "... Sería insensible al atractivo eficaz de la virtud, si al separarme del honrado y benemérito pueblo de Mendoza, no probara mi espíritu toda la agudeza de un sentimiento tan vivo como justo. Cerca de tres años he tenido el honor de presidirle y sus heroicos sacrificios por la Independencia y prosperidad común de la Nación pueden numerarse por los minutos de duración de mi gobierno. A ellos, y a sus particulares distinciones con que me han honrado, protesto mi gratitud eterna. E indelebles en mi memoria sus ilustres virtudes, será de los habitantes de esta capital. Con todas circunstancias y tiempos, el más fiel y verdadero amigo". Esa carta, fechada en enero de 1817, refleja el agradecimiento de alguien que exigió al máximo a ese pueblo y que, sabiendo que podía no regresar, se aseguró de que conocieran su sentir. 

No en vano lo sentimos como nuestro. Como mendocino. Se podría decir que la admiración y el cariño traspasa edades, formación, estratos sociales y, como algo único, las posiciones políticas. 

Sería redundante enumerar las obras iniciadas por el general en nuestra provincia. Sólo basta con que algún desprevenido pare por la calle a cualquier vecino y le pregunte. Hagan la prueba. Emociona. 

Quizás esa sea la clave. La piedra angular de la “mendocinidad”, si es que existe el término. Ser conscientes de que el héroe máximo de nuestra historia deposito su confianza y sus mayúsculos planes sobre los hombros de los mendocinos. Pero también lo hizo con respecto a la vida cotidiana y a la urbanidad de nuestro vivir. En la salud pública, la educación, el riego, la administración de justicia, la vitivinicultura, los impuestos y hasta el trato con los animales. 

¿Es acaso el hecho de que el Padre de la Patria tuviera tantas esperanzas en nosotros, lo que nos obliga a exigirnos? ¿Es un ejemplo al que seguimos o buscamos seguir?

En otra misiva, contestándole a Pueyrredón, quien literalmente lo carajeó llamando a los planes de San Martín como un imposible, el General le responde: “lo que quiero hacer es imposible, pero es imprescindible".

 

Y que es, si no imposible para muchos, reconstruir una ciudad desde cero luego de uno de los mayores sismos de la historia. Hacer edificios en esa Ciudad. Ganarle al desierto en cada rincón de la provincia. Empecinarse en hacer un vergel donde la naturaleza dictaminó un desierto. 

La civilidad y el control ciudadano. El celo en el cuidado y la ornamentación urbana, a la limpieza de las calles. La crítica al caudillismo. El amor hacia las obras duraderas. El cuidado del erario público. El respeto y la admiración por el emprendedor, por quién arriesga. No son patrimonio exclusivo de nuestra provincia, pero nos distingue. 

Oviedo finaliza la nota con otra carta. Esta vez de San Martín a Tomás Guido: “...Usted dirá que soy feliz, sí, amigo mío, verdaderamente lo soy; a pesar; a pesar de esto creerá usted si le aseguro que mi alma encuentra un vacío que existe en la misma felicidad y, ¿sabe usted cuál es? ¡El de no estar en Mendoza!".

Estoy convencido que muchas de las características que nos distinguen se deben al ejemplo del General San Martín. Se podría decir que nuestras mejores acciones son guiadas por la no tan secreta intención de ser merecedores de tamaño cariño y reconocimiento. De igual manera que intentamos seguir el ejemplo de nuestros padres. De ser merecedores de sus expectativas y cariño.

Por eso, es que lo recordamos en este día, porque esta provincia se siente hija y heredera genuina de su legado. Porque día a día hacemos el esfuerzo para no defraudarlo. De poder siquiera mirarnos en su espejo.

Feliz día Padre de la Patria, el que está en el bronce y en Mendoza toda.