El bono de $10 mil: como impactará el IFE como placebo ante la crisis
El presidente Alberto Fernández y el gobernador Rodolfo Suarez, al igual que el resto de los mandatarios, tienen más información de la que dicen. Sugieren que hay un problema económico y social, pero no lo mensuran públicamente. Pero es el principal temor de la pandemia: deja como siembra una situación de caída del empleo, de los ingresos y de la actividad, difícil de superar.
Los datos parciales no son alentadores y los gobiernos tienen un mes para prepararse. En septiembre se darán a conocer a través del sistema de estadísticas oficiales los datos claves de la radiografía social de la pandemia. Estarán oficializadas las estadísticas de empleo y de pobreza del primer semestre del año, es decir con el impacto pleno del aislamiento.
Esos datos estarán algo edulcorados por el efecto placebo de las medidas de emergencia que se tomaron. La principal es el Ingreso Familiar de Emergencia. El bono de 10 mil pesos que se entregó de manera masiva y con alcances dispares evitará que las cifras de pobreza y, sobre todo, de indigencia reflejen la verdadera realidad que se cuece bajo la pandemia.
El IFE es el principal placebo y en Mendoza ya alcanza niveles que no tuvo otro plan de asistencia. Es que incluso abarca a familias que no calificaban para la AUH y allí hay un dato conceptual: los "nuevos pobres" que necesitan por primera vez desde el 2002 de un plan social.
Hoy en Mendoza 4 de cada 10 personas económicamente activas reciben el Ingreso Familiar de Emergencia. Entre ellos hay muchos desocupados. Cuando se conozcan los datos de pobreza e indigencia por ingresos, probablemente se haga invisible la cantidad de personas que no tienen empleo y que tienen condiciones precarias pero que por el IFE no serán registradas, pues temporalmente tienen un ingreso que les hará pasar el umbral de la indigencia. Son pobres o indigentes altamente dependientes del Estado. Los datos preliminares igual son dramáticos, pues casi 6 de cada 10 niños viven en hogares donde las familias que no tienen los recursos económicos suficientes
Los datos
El Gobierno busca acelerar estrategias que reemplacen el IFE y reconvertirlos en planes productivos. El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina había sugerido algo antes de las elecciones y tenía que ver con crear empleos sociales que tengan un sentido productivo. Desde huertas, hasta un sistema social de asistencia y cuidado a los adultos mayores. El Gobierno lo tomó a medias. Pero la ejecución no es sencilla.
En la provincia, según los datos de la ANSES, hay 356.616 personas que reciben el IFE. Claro que los pagos fueron dispares y no todos cobran cada mes. Es casi el 30% del total de población adulta (mayores de 18 años) y el 40% de la PEA. Los jóvenes son los más demandantes: hay 68.585 personas de menos de 24 años que lo reciben y no tenían otra ayuda (como la AUH). Para muchos, el primer contacto con el mundo adulto no es un empleo, sino un plan social.
En el grupo que cobraron el bono de $10 mil hay 212.210 personas desocupadas o que hacen changas. Más del 20% de la población económicamente activa. Si ese fuera el porcentaje de desocupados, sería un escándalo. Si se divide por género, la situación es dramática para las mujeres y principalmente las mujeres jóvenes.


