Presenta:

Todos los temores de Suarez, contados por el propio Suarez

Ante empresarios el gobernador se mostró en la encrucijada de desoír los planteos de Alberto Fernández para volver a la Fase 1 de la cuarentena y correr el riesgo de que suban las muertes por coronavirus. El oscuro panorama económico que trazó, de un Estado que será vital pero que hoy está fundido
48348.jpeg

“Para mí, todas las noches se plantean dilemas. Dilemas tales como: ¿Y si tenemos que cerrar todo y yo me estoy equivocando? ¿Y si hay que cerrar quince días todo, no puede salir nadie de su casa y pedimos ayuda al Ejército... a la Gendarmería?, son decisiones muy difíciles las que tenemos que tomar en el marco de esta pandemia. Esta política la vamos a sostener en la medida que tengamos el convencimiento de que no hay otra opción que cerrar porque se van a morir personas. Hoy no se están muriendo personas, porque el sistema sanitario no los atienda”.

Así, de manera cruda y un tanto desconsolada, Rodolfo Suárez se dirigió a un auditorio de algo más de cien personas que, a través de Zoom, lo escuchó el viernes por la noche durante casi una hora en donde desnudó en primera persona la incertidumbre que rodea al momento clave que le toca vivir al mando de la provincia. Del otro lado de los dispositivos, lo seguían casi todos los empresarios, bodegueros y hombres de negocios más importantes de Mendoza, que habían sido convocados para celebrar un nuevo aniversario de la revista Punto a Punto y que se terminaron convirtiendo en inesperados escuchas de quien tiene en sus manos el manejo de un momento crucial. 

Suarez no solo acababa de tomar la decisión desoír los planteos de Alberto Fernánez para que la provincia vuelva a la Fase 1 de la cuarentena como consecuencia del aumento sostenido de los contagios de Covid-19, sino que además se acababa de enterar de otro golpe fuerte tanto desde lo político como desde lo financiero por parte de la Nación: a contrapelo de lo se que había comprometido, la Casa Rosada decidió descontar de la coparticipación parte de una deuda asumida por las provincias por la compensación de los fondos de Anses y de manera sorpresiva el gobernador se enteró que, para enfrenar los mayores costos de la pandemia, contaba este mes con casi $1.200 millones menos.

El gobierno se juega el todo por el todo en su política de administración de la cuarentena cuando estamos de frente a semanas en las que se espera un incremento fuerte en la curva de contagios del virus. Suarez estuvo casi hasta la medianoche del jueves en contacto con el presidente quien, antes de hacer el anuncio nacional el viernes, directamente buscó imponer el criterio de que el Gran Mendoza debía retroceder hasta el aislamiento obligatorio para buscar aplanar esa curva.

Desde aquí la respuesta buscó ser contundente: por ahora se mantendrán las condiciones de aislamiento voluntario, no se volverá a cerrar la economía, se buscará restringir al máximo posible al circulación de personas y se seguirá como dato vital el nivel de ocupación de las camas de terapia intensiva en los hospitales. En este punto el nivel sube de manera pausada, pero sube. Hace diez días estaba en el 60% y ya está rozando el 70%. La línea de peligro está trazada, tanto a nivel nacional como acá, en el 75% .

El gobernador trató de convencer al presidente de que por ahora no hacía falta retroceder con un dato que consideró importante. “Nuestra curva de contagios es igual a la de Buenos Aires y cuando allá hubo un pico, acá también. La diferencia es que nosotros tuvimos a la economía funcionando”, le dijo. A los empresarios que lo escuchaban en silencio por el chat, les reveló o que “si hubiera sido por el presidente, nosotros el domingo (por hoy) tendríamos que cerrar todo. Él finalmente dejó a salvo a Mendoza, más allá de que estamos ante una situación critica”.

Pocas, muy pocas definiciones encontraron los empresarios por parte del gobernador acerca del futuro económico de la provincia. Suarez expresó su dudas acerca del futuro de la industria del turismo “salvo que pase algo mágico el panorama es muy díficil” ( les dijo, pensando en la vacuna contra el coronavirus)  y reiteró que, para él, la minería es un “tema cerrado”. Allí pareció desearle suerte al intendente de Malargüe, Juan Manuel Ojeda, en su cruzada para intentar que en su departamento sí se pueda llevar adelante esta actividad. El intendente sureño, en treinta días o un poco más, presentará un proyecto de ley en la Legislatura para exceptuar a su distrito de los alcances de la Ley 7722 y no hay señales de que el Poder Ejecutivo vaya a darle un impulso político contundente a ese pedido.

Algunas señales alentadoras sí surgieron, cuando llegó la hora de volver a hablar de Portezuelo del Viento: “Yo no creo que el presidente vaya a laudar en contra de la obra en el Coirco”, se esperanzó y volvió sobre un proyecto que había sido lanzado a principios de año: como forma de ampliar la acotada matriz productiva, sigue latente la apuesta de fomentar en Mendoza el cultivo del cannabis para destinarlo la producción al aceite medicinal.

Pero no hubo mucho más y los nubarrones volvieron rápidamente. El gobierno avizora que durante los meses de postpandemia el Estado provincial será la única rueda de auxilio del sector privado y aquí el panorama definitivamente no es bueno. Básicamente, porque estamos en presencia de una provincia fundida.

Hasta minutos antes de la conferencia de Punto a Punto, el gobernador había participado de otro Zoom con varios de sus colegas del interior por un mazazo que habían recibido ese mismo día por parte de Alberto. A pesar de que había un compromiso de no hacerlo, la Nación les descontó a una veintena de provincias, Mendoza incluida, el monto correspondiente al pago del capital que vencía en agosto de la deuda asumida en 2016 para el pago de la compensación por los recortes históricos de Anses. Para Hacienda fue una poda inesperada de $ 1.178 millones que volvió a desequilibrar las cuentas y tensar al máximo la paciencia que busca mostrar el gobernador ante estos desplantes.

Mendoza ya venía quejándose por un trato discriminatorio en la transferencias de recursos nacionales extraordinarios destinados a cubrir las necesidades de la pandemia y sumó un capítulo más a ese enojo. Es notable como el gobernador pujó durante tres meses para que le otorgaran un préstamo de $1.900 millones correspondientes al Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial (había pedido $ 5.600 millones) y en una mañana le hacharon $1.200 millones que estaban comprometidos que no se iban a descontar.

No caben dudas a esta altura que el Gobierno nacional mantiene a raya a los mandatarios del interior con el manejo de la caja y usa como instrumento el reparto de asistencias que las provincias necesitan como el agua. El escenario lo vuelve a poner a Suarez en la encrucijada. Pero sigue optando por el mismo camino incuso, hasta desestimar la idea extravagante de Alfredo Cornejo del Mendoexit. “Yo no la comparto. Creo que es una expresión que tiene que ver con un reclamo en el contexto que estamos viviendo y hoy no sería factible jurídicamente. Tampoco sería conveniente desde el punto de vista económico porque hoy nosotros no podríamos sustentarnos sin la coparticipación del gobierno nacional”, cerró amargamente antes de despedirse de los empresarios quienes, uno a uno, comenzaron a salir del chat algo más que preocupados y con la convicción de que el panorama es oscuro. Una treintena de ellos, pasaron luego a una reunión virtual privada, en dónde quedaron mascullando amargamente el futuro que les planteó el gobernador.