Razones (obvias) para buscar una reestructuración de deuda soberana

Razones (obvias) para buscar una reestructuración de deuda soberana

Un hecho inédito complica la ya mala situación económica argentina. ¿Qué se puede hacer para "buscar algo de luz al final del túnel"?

Alfredo Romano (h) para MDZ

Es sorprendente el grado de conocimiento económico y financiero que manejan un taxista, una empresaria, un peluquero, una emprendedora, un guardia de seguridad, un profe de educación física y casi cualquier persona con la que uno se relaciona a diario en Argentina. Todos coinciden en el mismo diagnóstico: saben que ante la falta de financiación externa la única alternativa es la emisión, y visualizan a partir de una “maquinita desenfrenada” mayor devaluación, más pobreza y los más osados hasta vaticinan una nueva “hiper” próximamente.

Como afirma el dicho, el que se quema con leche ve la vaca y llora. Probablemente, cada una de estas personas sufrió o rozó alguna de las innumerables crisis económicas que han aquejado al país los últimos 50 años.

Sin embargo, si hay algo que los argentinos nunca nos hubiéramos imaginado después de unos 2018 y 2019 muy complicados en materia económica, era que el 2020 vendría acompañado de una pandemia. Como se dice en la jerga emprendedora, el Covid-19 es un game changer, no sólo por el impacto inmediato que ha tenido en la economía global, sino por la falta de conocimiento acerca de cuáles serán las secuelas en el mediano y largo plazo. Ya estamos materializando las pérdidas en actividad económica (-11.5% interanual marzo) y con proyecciones aún más complejas para el segundo semestre (-15% interanual).

Alfredo Romano (h)

En este nuevo escenario, que amplifica todavía más los desajustes económicos y financieros locales, la reestructuración de la deuda argentina sería lo que representa una quimioterapia para un enfermo con metástasis y cáncer en fase avanzada, es decir, imprescindible si se quiere buscar algo de luz al final del túnel. ¿Por qué? Entre las razones podríamos enumerar: reconstruir confianza internacional en los mercados financieros; recuperar el crédito del exterior (a confirmar por nuestra fama “defaulteadora”) y así alivianarle la carga a “la maquinita” del Banco Central; reducir la incertidumbre para el empresario/a y el emprendedor/a local que están viendo cómo sobrevivir a este caos; fortalecer el financiamiento local en pesos; ofrecer mayores herramientas al BCRA para mitigar el Covid-19; anestesiar, por lo menos en el corto plazo, las nuevas corridas cambiarias. Es decir, para simplificarlo, generar cierto grado de confianza, tan necesaria para que las cosas funcionen en cualquier ámbito.

Las razones son más bien conocidas por nuestro país, ya que nadie quiere rememorar el 2001. No obstante, ante la consulta de si hay posibilidades de que el acuerdo no se logre porque la dilación de los tiempos no sólo genera más recesión sino también mayor incertidumbre, mi respuesta es siempre la misma: somos Argentina, es decir, las posibilidades de que no haya acuerdo existen y son reales. Seríamos muy inocentes al pensar que esa posibilidad no está sobre la mesa.

Solo resta esperar que los errores no forzados -como Vicentin- no sigan apareciendo y que el Gobierno tenga la misma claridad que un niño de algunos meses de vida que sabe que si no llora, no mama, y sino mama, no sobrevive.

El autor es profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral.

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