Los desafíos para Anabel en el cénit del kirchnerismo

Los desafíos para Anabel en el cénit del kirchnerismo

La mendocina fue designada hoy como jefa de otra comisión del Senado Nacional y cada vez es más influyente en las decisiones nacionales, de la mano de Cristina. Pero su proyecto político en Mendoza la obliga a hacer equilibrio: sería fatal para ella quedar pegada a un fracaso de Portezuelo.

Juan Carlos Albornoz

Juan Carlos Albornoz

Anabel Fernández Sagasti sumó un ladrillo más en su construcción de poder en el Senado Nacional. 

Fernández Sagasti ya era la titular de la estratégica comisión de Acuerdos, que interviene en los nombramientos de todos los funcionarios públicos y que tiene en su seno una apuesta central del oficialismo: el pliego del candidato a procurador Daniel Rafecas.

También ocupa el puesto de vicepresidente de bancada, después de haber sonado en su momento para presidir el bloque del frente de Todos.

El último logro no es menor. Anabel va a conducir, también, la comisión bicameral Especial de Monitoreo e Implementación del Código Procesal Penal Federal. La mendocina se propuso darle impulso a la implementación del sistema acusatorio en la Justicia Federal.

La ocasión es inmejorable para ella, dado que Mendoza y Santa Fe serían las próximas provincias en la lista a la hora de implementar esta innovación.

Se trata, ademas, de una comisión que el año pasado puso en práctica una resolución que modificó criterios de aplicación de la prisión preventiva, lo que ha sido todo un debate en los últimos tiempos. 

Aquella resolución era, a decir del penalista mendocino Carlos Varela, "un nuevo e interesante protocolo para que la cárcel sea la última opción sobre quien pesa la investigación de un delito", pero también, un mecanismo para "proteger a los funcionarios salientes denunciados para mantenerse en libertad durante el proceso penal y para el nuevo gobierno que sus presos por causas de corrupción tuvieran una feliz navidad".

Sagasti llega al control de espacios de poder muy importantes por su extrema cercanía con la vicepresidenta Cristina de Kirchner. Ese vínculo le asegura protagonismo en muchos temas relevantes para el oficialismo nacional. Esto ya lo había demostrado al aparecer en la conferencia de prensa en la que el presidente de la Nación Alberto Fernández anunció la expropiación de Vicentin, por ejemplo.

Ahora, el verdadero desafío de la joven legisladora consistirá en llegar a 2023 con una imagen que en Mendoza le permita aspirar otra vez por la gobernación, tras un debut promisorio en 2019.

Cristina tiene un techo en Mendoza, pero en su entorno creen que ella lo puede perforar hacia arriba. El control que ya ejerce en el PJ mendocino le asigna una buena plataforma de cara al desafío previo, que será la elección legislativa del año que viene. 

Es de esperar entonces una Anabel que seguirá siendo protagonista en los asuntos nacionales, aunque desde ya deberá cuidarse de un problema: el futuro de Portezuelo. Quedar pegada a una decisión nacional que bloquee la obra del siglo es un riesgo que reconocen sus allegados.

Esto explica por qué la legisladora que brilla en el Senado se olvidó un minuto de los vínculos que teje en el cénit del kirchnerismo nacional y criticó con firmeza, el viernes pasado, al resto de los gobernadores del Coirco.

 

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