Una jugada desprolija que, entiende Suarez, atará a Day a su sillón

Una jugada desprolija que, entiende Suarez, atará a Day a su sillón

El gobierno apuró la jura de María Teresa Day para evitar que la Justicia imponga una medida cautelar e impidiera que la jueza finalmente asumiera su cargo. El rol clave de Nanclares y el secreto con que se manejó todo, para intentar lograr que las presentaciones del PJ devinieran en abstracto.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

Todo fue tan precipitado como extraño. Y la foto de este martes que reflejó la asunción de María Teresa Day como jueza de la Suprema Corte, quedará en el recuerdo como uno de los peores momentos en la historia institucional de Mendoza. Los barbijos, la poca cantidad de gente, la ausencia de los miembros del máximo tribunal, el escenario mismo que fue la Casa de Gobierno y no la sede de Tribunales y, fundamentalmente, el secreto y la velocidad.

En una jugada política que tuvo mucho de desprolijo, Rodolfo Suarez consiguió ponerle un freno a la avanzada judicial impulsada por el peronismo para impedir el acceso de Day a su cargo.

 

La movida se comenzó a diseñar el lunes por la tarde, en la previa a la votación de la postulante en el Senado y ante lo que era ya una realidad: el Gobierno sabía que la Sala II de la Corte estaba decidida, por el voto de dos de sus miembros, a hacer lugar a la medida cautelar que había presentado un grupo de senadores del PJ y de otros partidos opositores, para detener todos los actos administrativos que permitieran la toma de posesión de la magistratura por parte de la designada por el mandatario.

Esta medida había sido presentada junto a la acción declarativa de certeza que tanta discordia generó entre gobierno y oposición, para que sea la Corte la que determine, en definitiva, si Day alcanzaba o no los requisitos que impone la Constitución provincial para ser designada jueza del tribunal supremo.

José Valerio, el integrante de la Sala en cuestión y más cercano al gobierno, ya había decidido firmar su sentencia el miércoles para darle tiempo al oficialismo en la Legislatura a que pudiera realizar la votación que, efectivamente se hizo y terminó con 23 bolillas blancas en favor de la candidata.

Pero Mario Adaro y Omar Palermo, los otros dos miembros que tenían que definir en ese trámite, estaban decididos a avanzar: no podían impedir la votación, pero sí imponer un parate en la jura de la nueva ministra hasta que se resolviera, a través de un voto del pleno de la Corte, la cuestión de fondo.

Para el gobierno cada hora contaba ya que sabían que existía un escollo. Jorge Nanclares, el juez que generó la vacante para que surgiera la figura de Day, había renunciado a su cargo pero la salida estaba sujeta a su jubilación. Es decir, podría demorar un tiempo en desocupar el sillón, con lo cual, su sucesora no podía asumir.

Esta situación le otorgaba a los jueces que estaban dispuestos a avanzar con el pedido del peronismo, una ventana de un par de días para actuar. La cautelar, iba a ser resuelta el miércoles o a más tardar el jueves, porque ese día estaba decidido que se trataran las recusaciones que había planteado el Ejecutivo en su contra.

El lunes a la noche Suarez y un grupo muy reducido de funcionarios diseñó el plan que tenía dos alternativas, un objetivo común y una condición. El objetivo era cómo hacer que Nanclares dejara desocupado el lugar para que pudiera ocuparlo Day en lo inmediato.

Las variantes eran dos y para ellos se redactaron la misma cantidad de decretos. Como Plan A, se buscó convencer a Nanclares para que cambiara los términos de su renuncia producida a principios de junio y que esta fuera sin condicionamientos, o sea, que no estuviera atada a su jubilación. El otro decreto que se redactó establecía esto mismo, pero sin el consentimiento del expresidente de la Corte.

El veterano juez tuvo un papel clave en esta disputa: no solo aceptó jugar el juego, sino que además firmó una nota pidiéndole expresamente al gobernador que se modificaran los términos que condicionaban su renuncia de hace un mes. Y más allá del regalo administrativo, le brindó además un enorme gesto político al gobernador: Nanclares estuvo presente en la asunción express de Day, respaldando sin dudas la legalidad de su designación y marcando una diferencia con lo que entienden los que ya, a esta altura, son sus excolegas.

La condición que impuso el gobernador fue el absoluto secreto de la movida. Una filtración, entendían, podría haber apresurado una decisión de la Sala II para este miércoles y le hubiera impedido a Day llegar a la Corte. Como agregado, funcionarios acopiaron documentación y capturas de pantalla para acreditar que Nanclares ya tiene acordada por parte de Anses su jubilación desde el 19 de junio, como forma de evitar que ahora, desde Buenos Aires, terminen cajoneándole el expediente a un juez que demostró tamaño grado de funcionalidad a la estrategia oficial.

El gobierno entiende que con la jura y la toma de posesión del cargo no solo ya derivó en abstracto el pedido de la medida cautelar que tenía como objeto detener la totalidad del trámite del pliego en el Senado y “la toma de juramento de la doctora Day”, como redactaron en la presentación.

Para ellos, asimismo, ya no corresponde que la Corte analice la constitucionalidad de la nominación porque, al votarla la Cámara Alta y al haberla hecho asumir, se trata de cosa juzgada. Y un problema mayor para la Justicia: no será lo mismo ahora frenar una designación que forzar una renuncia. Y más aún, cuando, como se descarta, desde mañana mismo la nueva jueza ya va a comenzar a firmar expedientes. Es decir, rápido se va a poner a hacer actos útiles como miembro de la Suprema Corte.

Es probable que la acción declarativa de certeza siga su curso, pero si los senadores del peronismo pretendieran realizar una nueva movida judicial encontrarían una traba. La presentación deberán hacerla, porque así corre el turno correspondiente desde este 1 de julio, en la Sala I que está dominada por magistrados cercanos al radicalismo.

En Casa de Gobierno había una sensación de triunfo en horas de la tarde, aunque hayamos estado involucrados en el último mes en una disputa de poder entre oficialismo y oposición que llevó a la provincia hasta el borde del abismo institucional. Esta pelea en el barro, al menos este round, lo ganó el que jugó un poco más sucio.

 

¿Querés recibir notificaciones de alertas?