Rodolfo Suarez y el dolor del peregrino: volvió el método k de gestión y Mendoza lo sufre

Rodolfo Suarez y el dolor del peregrino: volvió el método k de gestión y Mendoza lo sufre

El Gobierno nacional obligó a que Suarez haga el "camino del peregrino" para pedir ayuda. Pero el resultado fue magro. Cambiaron las formas, pero no el método.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

El camino que une Mendoza con Buenos Aires tenía un sendero imaginario que esta semana volvió a andar el gobernador Rodolfo Suarez. Es el sendero del peregrino que estuvieron obligados a recorrer todos los mandatarios provinciales para rendir culto al poder central cada vez más concentrado. Por disposición legal, y por imposición política; por un modelo de gestión.

Pues Suarez se animó a recorrerlo y sufrió el dolor del peregrino y el rigor K: confiado, nunca rompió relaciones con la Nación y se ilusionó con que sería real la ecuanimidad prometida. Ayer volvió con un shock de realidad: el Gobierno subestimó los problemas de Mendoza y apenas goteó recursos para cumplir y en con pocos minutos de diferencia también legitimó el intento de bloqueo a la realización de Portezuelo del Viento, la obra pública en la que se basan las esperanzas de recuperación económica inmediata de la provincia. 

No puede haber sorpresas. El sistema de gestión política con criterios arbitrarios y el "clientelismo estatal" es parte de la naturaleza política del kirchnerismo. Pueden dar cátedra de ello los ex gobernadores Julio Cobos, Celso Jaque y Francisco Pérez. No hay ayuda; sino intercambio. Mendoza es parte de un objetivo político incumplido para Alberto Fernández y un bastión para construir a futuro para Cristina Fernández, Suarez es un testigo de ello que, además, tiene como condimento particular la tensión que genera la figura de Alfredo Cornejo, el opositor más radicalizado contra Alberto. Los buenos modales de Wado de Pedro son un formalismo. 

Mendoza recibió la cantidad justa de recursos desde la Nación como para no denunciar sequía, pero que no alcanza ni para amagar a una salida. Y los recursos llegaron también lo suficientemente tarde como para que el Gobierno pague el costo de haber postergado el pago del aguinaldo, entre otras cosas. 

Con Portezuelo del Viento los gestos fueron aún más explícitos. La Nación debe pagar una deuda a Mendoza y así lo hizo, hasta que se halló el argumento técnico que justifique la decisión política de intentar frenar la obra. Incluso hay señales de que el peronismo busca que la provincia redireccione los recursos hacia otro destino y abortar por completo ese proyecto. En la Nación creen que Portezuelo tiene las huellas de Cornejo y quieren borrarlas. Hay que analizar en detalle lo que dice la principal dirigente mendocina del Gobierno nacional. Anabel Fernández Sagasti cuestionó la decisión del COIRCO de darle curso al pedido de La Pampa e intentar frenar la obra. La senadora no cuestiona al ejecutor de la estrategia, Wado de Pedro, y menos a Alberto Fernández. 

Cuando Alberto Fernández ganó las elecciones sus colaboradores explicaban que venía una nueva era política mucho más parecida al kirchnerismo del 2003 que al cristinismo de 2015. En realidad era un canto de sirenas. En 2003 Néstor construyó una idea de pluralidad por necesidad coyuntyural. Había llegado a la presidencia con menos del 25% de los votos y por el abandono de Carlos Menem. Necesitaba construir poder. Todo comenzó a cambiar desde 2005, cuando las urnas le sonrieron y logró consensos propios. En 2007 la centralidad se hizo carne, la discrecionalidad era política de Estado y los gobernadores y hasta intendentes se transformaron en mendigos. Suarez comenzó a probar algo de esa impronta y le fue mal. 

 

 

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