La gente lo hizo: salteó a los gobernantes y ahora es imprescindible ser responsables

La gente lo hizo: salteó a los gobernantes y ahora es imprescindible ser responsables

La presión por la situación social y económica comenzó a flexibilizar la cuearentena "de hecho". Por eso el Presidente y los gobernadores corren detrás para regular la calle.

MDZ Política

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La gran mayoría de los argentinos tuvo un gran comportamiento social durante la cuarentena. Muchas zonas de las ciudades parecían pueblos fantasma por la ausencia de actividad humana en las calles. Los mayores problemas desde el principio, que siguen vigentes, se dieron y dan en las barriadas populares con mayores carencias. Allí el hacinamiento y las necesidades de casi todo lo material complican in extremis la vida de sus habitantes.

La prolongación del encierro total, con contadas excepciones y sin perspectivas ciertas de su finalización, empezó a erosionar la voluntad ciudadana. Urgencias económicas acuciantes, tanto de las personas como de gran cantidad de empresas, se sumaron a la ya deteriorada situación previa y a la angustia por el encierro y a la espera del pico de la pandemia, que aún se demora día a día.

El presidente Alberto Fernández, rodeado de sus asesores  en materia sanitaria, se aferró a la cuarentena, logrando disminuir el impacto del peligroso virus. En esa postura sumó a los gobernadores, que asintieron sin reparos. Lo hicieron por convicción o necesidad, ante el deterioro rápido e imparable de sus finanzas.

Fragilidad

La pandemia dejó rápidamente expuesta la inmensa fragilidad de la economía de la Nación,  de las provincias y del mundo privado de las empresas. Resultado lógico y previsible tras años de errores graves en la política económica y de deterioro constante y persistente e inexplicable en muchos casos. El 92% de las empresas argentinas mermó en su actividad. Y 6 tienen la producción casi parada.

"La gente comenzó a deshilachar espontáneamente la cuarentena".


Ante la urgencia, desesperante en algunos casos, la gente comenzó a deshilachar espontáneamente la cuarentena.
La cerrazón total por prácticamente 50 días resulto inexplicable en provincias o ciudades que no reportaron un solo caso de Covid-19.

Y como siempre en nuestra historia de país federal en la Constitución y unitario en la realidad, el mayor problema está en la Ciudad de Buenos Aires y en la Provincia gobernada por Kicillof. Particularmente en su conurbano. La mayoría de las decisiones se toma por lo que allí sucede, sin importar lo que transcurre en el resto del país.

La gente, por su propia voluntad y necesidad comenzó a salir e interactuar. El presidente y los gobernadores, silentes, cautelosos por demás, algunos hasta con temor  y necesitados de los recursos económicos y sanitarios de la Nación, fueron sobrepasados por la ciudadanía.

Gobiernos atrás de sus ciudadanos y sin indicar el camino, sino reaccionando tarde para seguir el termómetro popular y a su vez prevenir las posibles consecuencias graves del accionar de la gente.

Cautela

Y acá hay un tema esencial. El virus está presente y acechante. Hay que combinar con mucho cuidado la urgencia popular económica con la necesaria seguridad sanitaria.

Los ciudadanos debemos ser estrictamente cuidadosos y respetuosos de las recomendaciones de cuidado y conducta social. El peligro es real y latente.

Si así no lo hacemos, necesariamente la rigidez de la vuelta total a los hogares será la consecuencia única. Y en el camino el precio podrá haber sido carísimo en pérdida de vidas humanas y mayor deterioro económico.

Demostremos que podemos afrontar la crítica instancia con responsabilidad, solidaridad e inteligencia. Cuidémosnos para cuidar a todos.    

 

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