La pandemia ”unitaria” confronta con la salud, la economía y la dignidad

La pandemia ”unitaria” confronta con la salud, la economía y la dignidad

Desde que se declaró la emergencia sanitaria las decisiones se centralizan en tres "porteños" que comunican todo, con una visión distorsionada de lo que ocurre en todo el país.

MDZ Política

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Hace días el presidente Alberto Fernández lo dejó bien explícito: “En los hechos este es un país unitario”.

En todas las últimas exposiciones públicas por televisión para anunciar la continuidad de la cuarentena tres porteños nos han explicado cómo siguen nuestras vidas desde su propia óptica y realidad. Alberto Fernández, Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof conforman el staff permanente que frente a las cámaras de televisión marcan las directrices. Y esa realidad de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano poco se acerca a la de millones de compatriotas de todo el país.

Es la expresión del centralismo que agobia y oprime, con mirada focalizada e intereses políticos concretos y mezquinos que superan el interés general sobre la salud de todos y con la economía en caída irremediable. “La cuarentena va a durar lo que tenga que durar”. “La normalidad no va a volver a ser la misma”. “Hay que construir un nuevo pacto social”. Estas definiciones tajantes e imposibles de ser interpeladas son vertidas por estos dirigentes porteños, en el medio de cifras estadísticas erradas que avergüenzan, comparaciones con otros países que son confrontativas e innecesarias, con ataques de uno a otro, y descripción de sus propias realidades frente a millones de habitantes de las provincias que viven una realidad muy distinta.

Nuevamente, y frente a la gravedad de una pandemia acechante y sin vacuna ni tratamiento cierto para enfrentarla, nuestros dirigentes del puerto avanzan por los extremos y atendiendo sus propios intereses, profundizando la distancia con la totalidad de los argentinos y ampliando insólitamente la brecha.

El país se guardó durante más de 60 días para preparar el desvencijado sistema sanitario y dejarlo en pie para cuando llegara lo peor. Pero en todo este tiempo, bajo el mandato absoluto del centralismo porteño y del comité de infectólogos expertos, no se hicieron los testeos suficiente en los grupos de mayor riesgo. Tampoco en Mendoza, donde los sitios centinela aún tienen un ritmo de testeo bajo. 

Mientras tanto, ocurren cosas: disputa de poder interno en la coalición de Gobierno que afecta la propia gobernabilidad, libros escolares con bajada de línea política, tensión con los gobernadores por la distribución de los recursos e incertidumbre política y económica general. 

Barrios populares y barrios marginados

En ese sentido, mientras se peleaban en público y nos agradecían por nuestra conducta colaborativa, muchos geriátricos quedaron expuestos a la penetración amplia de la pandemia, numeroso personal del sistema de salud dejó en evidencia la falta de equipamiento apto para convivir con el enfrentamiento diario con el virus y en los últimos días se concretó la multiplicación acelerada de la enfermedad en los barrios carenciados. 

Pero muchos de ellos hablan de barrios “populares”, evitando la realidad de las carencias sistémicas y de larga data de esos asentamientos. Son muchísimos los barrios populares en las grandes ciudades. Pero hay diferencias con aquellos que carecen de lo básico y que convierten la vida en un suplicio y hunden a sus habitantes en la indignidad.

Dirigentes que desde el puerto nuevamente transitan por su mirada parcial y poco equilibrada. Hace falta mayor prudencia, comprensión y tolerancia.

Se debe apostar al cuidado prioritario de la salud general, poniendo especial atención en los sectores más vulnerables como los adultos mayores, los alojados en geriátricos, los presos y los que viven en lugares que carecen de recursos materiales para afrontar el problema y la vida cotidiana. En paralelo se debe imperiosamente atender las consecuencias económicas del encierro, que va camino a ser el más largo del mundo.

No son contradictorios salud y economía. Van de la mano. No chocan ni compiten. Deben complementarse y atender cada rincón diferente de la patria, aun cuando desde el poder central y con palabras absolutas y ceño fruncido se pelean y avanzan sobre conceptos que exceden la pandemia. Un “nuevo pacto social”. “Otra forma de normalidad de nuestra vida futura”. ¿Quién lo dispuso y por qué?

Es necesario y casi imperativo el prudente equilibrio desde el poder central y que todos los dirigentes del país tengan voz y voto en todo lo concerniente al interés general en medio de esta grave instancia.

Cambiaron desde allá los permisos para transitar abarcando la jurisdicción de provincias que nunca tuvieron un enfermo.
Egocentrismo extremo.

Terminen con su visión centralista, parcial e interesada, con egoísmo político, y asuman su responsabilidad constitucional federal para conducir los destinos de los argentinos en acuerdo con todos los gobernadores y con la clara vocación de atender los intereses de cada uno de los compatriotas. La gravedad de la situación no sólo lo requiere sino lo exige.

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