Un país partido por la cuarentena: ¿Podemos vivir sin Buenos Aires?

Un país partido por la cuarentena: ¿Podemos vivir sin Buenos Aires?

La realidad de Buenos Aires es dramática. Pero el resto del país casi no tiene casos de coronavirus. El problema es que todo el sistema político y económico está pensado con un centralismo excesivo. ¿Puede funcionar el país sin Buenos Aires?

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Para conocer rápidamente cómo está pensada la estructura productiva y política de Argentina no hace falta estudiar toda la historia. Con mirar un mapa de las rutas aéreas y ferroviarias puede alcanzar: todas tienen un mismo punto de destino; un radio que supera cualquier debate sobre el federalismo. Argentina vive y muere en Buenos Aires.

La forma en la que impacta la pandemia ha partido al país y hace surgir una duda que ya no es existencial. Tiene que ver con que si Argentina “puede vivir” sin Buenos Aires. O mejor dicho cómo vivirá Argentina con un Buenos Aires adormecido, en  un sistema político acostumbrado al centralismo de esa zona. Tanto, que el Presidente tiene como parte de su staff permanente de anuncios importantes al jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta (elegido por el oficialismo como líder de la oposición) y al gobernador de Buenos Aires Axel Kicillof. 

La cuarentena se estira y según las palabras del Presidente no hay mucha intención de buscar otra alternativa; una salida más inteligente. Es todo o nada. “Durará lo que tenga que durar”, dijo Alberto.  Eso implica que probablemente hay que pensar que no habrá apertura hasta que pase el invierno en la zona donde se tomas las decisiones. La situación epidemiológica en el Área Metropolitana de Buenos Aires es dramática porque en dos semanas se multiplicaron por cinco la cantidad de casos diarios notificados. Pero en 20 provincias no hay circulación comunitaria del virus y los casos son pocos. Las consecuencias del aislamiento, sin embargo, son semejantes.

Centralismo

El país no está preparado para prescindir política y económicamente de Buenos Aires. Pero habrá que aprender porque las realidades son tan diversas que las soluciones no pueden ser homogéneas. Por eso, incluso, la estrategia está dividida en fases. La cuarentena es "focalizada" regionalmente. 

El dilema ha sido igual en todo el mundo. Cómo amenguar los impactos diversos que traen aparejados la pandemia desde lo sanitario, lo económico y lo social. Por eso en cada decisión se calibran todas las variables. Argentina ha encontrado una sola salida: el cierre total. 

El tono del mensaje de Alberto, quien refleja un cansancio acumulado, tuvo algunos matices políticos encriptados. Menos triunfalismo, más realismo y nuevas chicanas a los que “no gobiernan”.

Mendoza es, entre las provincias grandes, una de las que mejor situación tiene. Hay solo 10 personas internadas y una sola cama de terapia intensiva ocupada por coronavirus. En principio no cambiará nada en cuanto a la flexibilización que hubo y que este fin de semana tiene un punto clave desde lo humano porque se permiten por primera vez las reuniones familiares y, además, por primera vez se permiten las salidas a todos sin distinción de número de DNI.

 

Lo que sí va a pasar es que se restrinjan aún más las comunicaciones entre Mendoza y Chile; entre Mendoza y Buenos Aires y también con cualquier otro distrito con transmisión comunitaria. Mendoza deberá aprender a vivir sin el centro neurálgico de su sistema de comercialización (hasta las bodegas tienen sus oficinas comerciales en Capital) y reinventarse económicamente. 

Para Alberto y para los dirigentes que gobiernan la tensión aumenta. Con la pandemia se atribuyeron poderes especiales y también la sociedad les transfirió una confianza extra. Ese capital político es fugaz porque con el tiempo comienzan a aparecer los problemas reales que exigen una pericia de gestión enorme. Será el momento de enfrentar la pandemia en serio desde lo sanitario sin abandonar todos los otros órdenes de la vida cotidiana. 

Una forma de evitar las consecuencias de un problema es no enfrentarlo. Si ese es el camino, en realidad en el corto plazo habrá dos problemas: el original y las consecuencias de no haberlo enfrentado desde el origen. 

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