Economía de supervivencia: cómo puede impactar el parate total
Desde hoy todas las personas están obligadas a usar tapabocas para salir en Mendoza. La medida es una nueva estrategia para evitar el contagio hoy, pero también es un paliativo para lo que pueda venir: por decisión estatal o por necesidad, es probable que en las próximas semanas haya más personas en la calle. Es que muchos que hoy tienen todas sus actividades restringidas sienten la presión de tener que generar recursos para poder sostenerse. Esa presión ya se siente en muchos barrios donde hay una "flexibilización de hecho" de la cuarentena.
Las consecuencias del aislamiento total y el parate económico son enormes en las familias, las empresas y el propio Estado. Bloqueo de ingresos y pagos, caída de la actividad y pérdida del empleo.
El punto de partida para Mendoza no era bueno. La caída de la actividad económica ronda el 5% en los últimos 4 años. El desempleo afectaba al 7,3% de la población activa en el Gran Mendoza, pero el 46,1% de la población económicamente activa tenía problemas de empleo; es decir casi 250 mil personas de un total de medio millón. Ese grupo incluye a quienes tienen empleo pero necesitaban otro y a los que tenían un empleo precario o de baja carga horaria.
Pero además, 4 de cada 10 trabajadores estaban en la informalidad; es decir con relaciones laborales sin estabilidad o dependiendo del "día a día". Ese grupo es el más vulnerable ante los efectos de la pandemia. "La cantidad de empleos que se están perdiendo no lo sabemos, pero van a ser muchísimos. La situación económica va a ser difícil, nos cuesta dimensionarlo. La gente la está pasando muy mal. Es muy difícil saber hasta cuándo aguanta esta situación, creo que la salida es gradual. Va a ser un descalabro mundial que va a cambiar muchas cosas; la forma de relacionarnos entre nosotros y entre los países", aseguró el gobernador Rodolfo Suarez.
No hay registros de otro parate igual en la historia reciente y por eso se hace difícil comparar. Pero es un hecho que, por ejemplo, el desempleo en Mendoza superará los dos dígitos. En 2001, por tomar un parámetro, la desocupación llegó al 14% luego de años de recesión. Justamente allí hay un diferencial: esa crisis se "sembró" a lo largo de un período de al menos un quinquenio. La crisis actual puede tener un cimbronazo abrupto con caída del empleo, la actividad y subida de la pobreza en solo un mes. En 2002, año en que se sintieron las consecuencias del quiebre, la pobreza afectaba al 42% de los hogares. En Mendoza la pobreza por hogares antes de la pandemia afectaba al 32%. Pero en población ya llegaba a 4 de cada 10 mendocinos.
La otra diferencia con la crisis aguda más reciente es que en 2002 hubo un efecto rebote. La economía de "supervivencia" hizo que muchas familias lograran sostenerse, se reactivaron medios de producción que estaban dormidos y el contexto internacional ayudó. Ahora se espera una recesión mundial que achique la demanda en todo sentido, salvo algunas materias primas: allí Argentina podría tener una oportunidad.
Parate total
Los medios de producción de la provincia están detenidos. El Banco Mundial pronosticó una caída del 5,1% del PBI de Argentina para este año, aunque hay quienes creen que puede ser peor. Algunas de las actividades que traccionan a Mendoza tienen hoy facturación cero: el comercio, los servicios turísticos, la logística y hasta la actividad petrolera está en crisis (en ese caso por la caída de la demanda).

El aislamiento obligatorio seguirá y hasta ahora Mendoza no ha solicitado ninguna flexibilización. La falta de información sobre el impacto real de la pandemia en la Provincia genera temor aún. Por eso el gobernador Rodolfo Suarez no pide de manera unilateral la reactivación por "sectores y regiones" según el plan que habían redactado en el Gobierno. El propio Estado tendrá problemas. Suarez asegura que en un mes toda la estructura estará en problemas.
Las alternativas que le quedan al Estado es financiamiento nacional a través de coparticipación, créditos nacionales y, como última medida, la emisión de un bono o una cuasimoneda. Mendoza usó el pago a proveedores con un bono a comienzos del 2016, pero tenía como respaldo los 500 millones de dólares que consiguió en el mercado financiero. Hoy esa posibilidad no está. En cuanto a la "cuasimoneda" también se analiza, pero será la última opción: la falta de garantías reales puede complicar la solidez (el petróleo está en decadencia). Incluso Hacienda ya negocia con acreedores externos la posibilidad de prorrogar pagos de intereses.
Liberar o no
Los especialistas no niegan que se puedan permitir algunas actividades en el marco del control de la pandemia. Pero sí aseguran que hay que cumplir a rajatabla tres condiciones para hacerlo y no generar una crisis sanitaria aún peor: que se mantenga el distanciamiento social, que haya testeos masivos y diagnósticos rápidos; y garantizar el cuidado de los grupos de mayor riesgo (adultos mayores y personas con otros problemas de salud).
En Mendoza de a poco comenzó a ampliarse una de esas estrategias; la ampliación de los testeos. El aislamiento social es complejo por la dependencia de la voluntad de las personas. El cuidado de los grupos de riesgo también es difícil: los adultos mayores, por ejemplo, están más obligados a salir que el resto a pesar de que son el grupo de mayor riesgo.



