Scioli, el pícaro sinvergüenza que mejor nos representa

Scioli, el pícaro sinvergüenza que mejor nos representa

La sonrisa picaresca del embajador en Brasil es un hito más en su viscosa carrera política, pero también una advertencia: cualquier argumento es válido para justificar una decisión política. El cuento con los jueces donde no hay buenos y las advertencias del Gobierno nacional.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Campeón mundial con la “Gran Argentina”; fotos en primera plana, mejores primeros planos en Canal 9, por entonces el de mayor audiencia. Jet set, héroe nacional. Daniel Scioli era un protoídolo. Gran decepción posterior: resulta que en las carreras corría contra nadie; que se deba el lujo de usar a un Presidente como copiloto porque tenía el podio asegurado. Que las primeras planas eran pagas o favores de amigo. Que el héroe deportivo tenía copas de cartón. Daniel Scioli comenzaba su carrera pública con una impronta que luego perfeccionaría; la de un gran impostor.

La sonrisa picaresca del ex gobernador de Buenos Aires ingresando al Congreso para votar una ley cuando en realidad ya tiene las valijas hechas para vivir en Brasil como embajador no es más que un hito más en la viscosa carrera política de un dirigente con poca dignidad y mucha ambición.

Pero que muestra una característica de la vida política argentina a la que hay que prestarle atención: cualquier argumento es útil para justificar una “decisión política”. Una de las frases más pervertidas es esa que dice que la “Política es el arte de lo posible”. En Argentina se entiende como la habilidad para hacer lo que sea para conseguir un objetivo y no como la posibilidad de generar alternativas para hacer posible realidades mejores para la comunidad.

Un cuento sin buenos y malos

El mecanismo usado para aprobar el cambio en el régimen previsional de los jueces y embajadores genera sospechas. Y no por defender justamente al público afectado. Si lo trasformáramos en un cuento clásico para niños estaríamos en problemas para hallar los buenos y los malos. En esta historia probablemente haya muchos de un mismo lado.

Los propios jueces, incluso, mantienen el privilegio de poder influir en las normas que los afectan como ningún otro ciudadano. ¿Acaso los jubilados ordinarios pudieron cambiar la ley de solidaridad que los perjudicó como sí hicieron los magistrados con la ley tratada en el Congreso? Claro que no.

La reacción de los jueces puede generar ira al escuchar algunos argumentos más ligados al siglo XIX que a la actualidad, donde una casta pretende subirse al pedestal de los privilegios citando algunas leyes, pero sin haber comprendido el artículo 16 de la Constitución Nacional. "La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas", reza.

La otra falacia tiene que ver con  hacer creer que la honestidad e independencia de una persona tiene precio: “los jueces deben ganar mucho para mantener su independencia”. Mala noticia: quien es deshonesto lo será con un peso o con un millón.

Pero para no abundar en argumentos que rozan el “populismo dialéctico”, es real que los jueces deben ganar bien por la carrera que tienen que transitar para llegar, porque tienen su título bloqueado, porque para eso estudiaron y por la responsabilidad que tienen: pueden privar a cualquier persona de lo más preciado; la libertad.  

Lo mismo ocurre con sus derechos adquiridos; los suyos y los de todos. Por eso el vértigo impuesto para aprobar la ley y la negativa a incorporar una cláusula que permita una progresividad en la renovación de la justicia genera alerta. En Mendoza hay experiencia en el tema: si se generan renovaciones masivas en Tribunales y muchos juzgados quedan vacíos, se da lugar a la arbitrariedad, los expedientes se vuelven perezosos y la justicia es aún menos justa. Ocurrió con la Cámara Federal que tardó años en volver a constituirse; también con juzgados (como el número 2) que sigue sin juez fijo; y ocurrió en la justicia provincial con fiscales que eran nombrados de manera provisoria y sin cumplir los requisitos legales.

Alertas

La picardía política ejecutada con al voto del embajador Daniel Scioli alerta, como dijimos, sobre el mecanismo adoptado por el oficialismo nacional y que sorprende. No importa el camino a seguir en beneficio de cumplir el objetivo político.

Entonces habrá que estar atentos para analizar las decisiones políticas que puedan involucrar a la provincia. De manera arbitraria se pueden mencionar algunas.

Podría ocurrir, como comienza a asomar, que un hecho que parece blindado desde todos los puntos de vista como es la construcción de la represa Portezuelo del Viento (la obra más grande que se ejecutará a nivel nacional) pueda tener problemas por el solo viraje político de la provincia de Buenos Aires. Sí, el lobby pampeano ya penetró a Río Negro y Neuquén y hay señales de que Axel Kicillof puede sumarse en el intento de complicar a Mendoza en el marco del COIRCO. Todo, a pesar de que hubo una decisión institucional que debería ser inalterable: un presidente arbitró a favor de Mendoza. Pero acá no se trata solo de lo institucional, sino de ese perverso arte de lo posible.

Habrá que estar atentos también con todas las transferencias no automáticas que la Nación ejecute hacia las provincias y el margen de discrecionalidad que le impongan. Una prueba se verá con la renovación o no de los subsidios al transporte (que vencen en abril), o el pago del “aumento” a los docentes, que tiene una garantía de solo 4 meses: la Nación pagará los 4800 pesos en cuatro cuotas y en el mes cinco dejará de transferir a todas la provincias, salvo las que crea necesario que necesitan ayuda.

Hay que estar atentos, en Argentina la política es el arte de lo posible.

 

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