El protagonismo de Suarez que apoya en silencio Cornejo
Dicen en el Gobierno que Rodolfo Suarez luce ya completamente recuperado del duro golpe que recibió tras la reforma de la ley antiminera 7722.
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El gobernador, a tono con esta apreciación, ha comenzado a dar señales de ello, con apariciones públicas en Mendoza cada vez más frecuentes. La estrategia ha sido encarar por el lado de la agenda más blanda: la aplicación de la ley Micaela, que ordena la capacitación en violencia de género, y los primeros aprestos para el inicio del ciclo lectivo 2020.
Aunque la obra pública sea su mayor apuesta y su gran preocupación, Suarez ha preferido figurar en actividades de otro tipo y, por ejemplo, no participó este martes de la apertura de sobres para la reconstrucción de más de 8 kilómetros de la ruta 82, entre la zona de "la tijera" (unión del Corredor del Oeste y Panamericana) y la calle Ortiz (fin de los boliches).
Hubo varias ofertas en esa licitación, pero el acto era mucho más frío que la aparición (con un anuncio para los supervisores) en un evento de la DGE.
En lo concreto, la obra de la ruta a Cacheuta cuesta 1.900 millones de pesos y el financiamiento (80 millones de dólares) está aprobado desde la era de Alfredo Cornejo. Suarez, en cambio, todavía no cuenta con los 300 millones de dólares para obra pública que necesita para empezar a tener brillo propio.
Mientras trata de convencer al PJ para que le apruebe ese crédito, el nuevo gobernador toma sus previsiones de cara a la gente. Cautela máxima con la opinión pública parece ser la premisa.
Tanto cuidado hay todavía de las posibles reacciones sociales que Suarez se mostró proclive este lunes, en una entrevista, a postergar el inicio de clases si continúa el agobio del calor.
Finalmente todo quedó en la mera anécdota dado que al día siguiente se confirmó que las clases arrancan el 26. Hay que recordar que la decisión de que haya cada vez más días de clases es la bandera principal de su director de la DGE, José Thomas.
Enero fue un mes en el que Suarez eligió cuidarse de los efectos colaterales de la batalla perdida por la minería. Viajó mucho a Buenos Aires para tratar de aliviar problemas financieros. Se pegó a la agenda política del presidente Alberto Fernández.
Lo que viene, según sus asesores, va a ser distinto. Será un gobernador más protagonista que el que se vio hasta aquí. Contará para ello con el silencio colaborativo de Cornejo, quien seguirá evitando, por lo menos un tiempo más, intervenir u opinar en asuntos que tengan que ver con la provincia.
El ex gobernador de todos modos se reúne al menos una vez a la semana en Mendoza con quienes se quedaron a trabajar para Suarez. Repasa la marcha del Gobierno y, aunque nadie vaya a reconocerlo en público, hay cornejistas que se atreven a marcar errores en privado.
En el tema de la minería, dicen que hubo una concesión que el ex gobernador nunca hubiera otorgado y que complicó a Suarez. El gobernador aceptó enviar un proyecto propio de reforma de la ley 7722 en lugar de exigir el tratamiento de los proyectos del PJ que ya estaban en la Legislatura. Eso facilitó que el peronismo se cortara ante las primeras reacciones populares, según razona esta parte de la tropa propia.
Sin embargo, todos saben que es tiempo de hacer borrón y cuenta nueva. Y de anular cualquier foco de división entre suaristas y cornejistas que pudiera aparecer, por ejemplo, en la Legislatura. Una fisura sería aprovechada por el PJ y ese es el síntoma que, tanto los de Suarez como los de Cornejo, se han propuesto evitar.
