La trama de las presiones nacionales para que Suarez no pueda endeudarse

La trama de las presiones nacionales para que Suarez no pueda endeudarse

La llamada del ministro Wado de Pedro, que el gobernador leyó como una extorsión. La negociación que Suarez encaró personalmente con los intendentes y que fracasó cuando estos se encolumnaron. El objetivo de la Casa Rosada fue evitar una derrota de Anabel Fernández Sagasti en la interna del PJ.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

Rodolfo Suarez sintió el miercoles a la noche cómo las viejas y malas prácticas del kirchnerismo para ejercer el poder con los gobernadores, estaban de vuelta.

No quedan muchas dudas acerca de lo que sucedió en la sesión de Diputados en la que el gobierno provincial naufragó en su pedido para endeudarse y pagar este año deuda y hacer obra pública.

La Casa Rosada (o al menos el ala kirchnerista instalada en ella) jugó fuerte para evitar una ruptura del peronismo mendocino que traía detrás de sí, además, una derrota política de Anabel Fernández Sagasti en Mendoza.

El ministro del Interior, Wado de Pedro, lo llamó por teléfono al gobernador en el momento del debate en la Legislatura en el que el oficialismo ya se había asegurado los votos que precisaba, para llegar a la mayoría especial de los dos tercios que marca la Constitución para aprobar endeudamientos como el solicitado.

El contenido de esa charla, Suarez lo reveló ante muy pocos. Sin embargo algunos de sus términos pudieron ser reconstruidos.

Uno de los aspectos centrales, fue el reclamo por parte del funcionario nacional para que el gobernador, como integrante de la mesa de conducción de Juntos por el Cambio a nivel nacional, respaldara públicamente la propuesta de Alberto Fernández para que Daniel Rafecas sea designado Procurador General.

Suarez dio su respuesta acerca de por qué no podía acceder al pedido (entre otras argumentaciones porque, si bien integra la mesa que maneja el partido, su injerencia es mínima) y del otro lado surgió la respuesta seca: “Sin Rafecas, no hay presupuesto”.

El otro cruce entre ambos fue aún más inquietante. Lo que se supo, fue que De Pedro habría expresado las mismas consideraciones que el ministro de Hacienda, Martín Guzmán, relacionadas con la inconveniencia de que las provincias tomaran deuda en dólares. Y ante la explicación del mendocino en sentido contrario, el ministro soltó: “No importa, aunque le aprueben ese endeudamiento, después tienen que pasar por acá”.

A lo que se refería el jefe de la cartera de Interior, es a la autorización que el gobierno nacional tiene que dar a todas las provincias cuando estas buscan tomar deuda en el exterior.

Pero esa conversación del miércoles a última hora, fue el corolario de varios días de negociaciones que involucraron el gobernador en persona, a Fernandez Sagasti y a los intendentes peronistas que estaban de acuerdo a aprobarle al gobierno al menos una parte de la plata que pedía prestada.

El propio Suarez fue quien se puso al frente de la negociación con lo tres jefes comunales. Aquí pudo haber existido uno de los errores del oficialismo, que nunca pudo encontrar otros interlocutores con la oposición.

El gobernador tuvo el aval para avanzar de Roberto Righi, de Matías Stevanatto y de Emir Félix quienes, en definitiva, le garantizaban el voto de legisladores propios. Para llegar a los dos tercios necesarios, Cambio Mendoza precisaba sumar dos diputados con lo cual, con el apoyo que venía de Lavalle de Maipú y de San Rafael, le sobraban legisladores para conseguir endeudarse.

¿Qué había logrado el Gobierno? Siete votos del peronisno. Tres diputados sanrafaelinos, un lavallino , un maipucino y, además, sumó dos voluntades pejotistas más de San Martín tras el respaldo de Jorge Omar Giménez, el exintendente de ese departamento, quien incluso se había expresado en público a favor de la toma de deuda.

Para lograr este respaldo el gobierno bajó sus pretensiones: de los U$S 300 millones que había pedido para endeudarse en dólares y hacer obra pública bajó esa pedido a U$S 210 millones.

Y de la deuda en pesos para refinanciar vencimientos en 2020, decidió solicitar autorización solo para $2000 millones de los $6.500 millones que había planteado originalmente en noviembre pasado.

A los tres jefes comunales del peronismo la propuesta les cuadró: primero porque tenían algo que mostrar como logro propio en la negociación y segundo porque eso los habilitaba para dar la la pelea que realmente apostaban a dar. Esta era, demostrar que Fernández Sagasti no es la que manda en el peronismo mendocino.

Este acuerdo estaba tan abrochado que incluso se menciona que, al menos dos de esos tres intendentes, estuvieron cerrándolo con el propio Suarez en su casa de Chacras de Coria solo unos días antes de la sesión del miércoles.

Con esto en la mano, un representante de este trío viajó a Buenos Aires para entrevistarse con el diputado Máximo Kirchner y pedirle el visto bueno. Y allí se abrió el juego nacional.

Máximo no lo atendió y lo derivó a De Pedro. Los argumentos que dio ese dirigente mendocino rondaron la lógica: no se le podía negar a un gobierno que recién empieza financiamiento para obras que, además les iban a llegar a ellos.

La respuesta de De Pedro fue corta. De manual K: “¿Y no le vamos a pedir nada a cambio? Y de allí salió la idea de presionar por Rafecas.

La emisaria inicial del mensaje fue Fernández Sagasti. Habló con Suarez en la tarde del miércoles y le pidió, entre otras cosas, que postergara la sesión en Diputados, que viajara a Buenos Aires para entrevistarse con De Pedro y que en la Casa Rosada solucionarían todo.

A esa altura de la jornada, la senadora nacional vislumbraba que una derrota interna estaba a punto de concretarse. El gobernador desechó el convite, explicó las razones de su negativa y además habló de “extorsión”.

Ahí apareció Wado a última hora, también vía telefónica y ante una nueva negativa gubernamental, mandó a ordenar al peronismo para que ningún intendente sacara los pies del plato.

El oficialismo podría haber intentado una negociación de último momento, incluso con el kirchnerismo en la Legislatura, que seguía cerrado a permitirle tomar deuda en dólares. Pero que estaba dispuesto a levantar la mano para darle la chance de tomar préstamos en pesos para el roll-over de la deuda.

Pero a esa altura de la medianoche Suarez había cerrado el debate. “Que voten como tengan que votar”, fue el mensaje, apagó el teléfono y se fue a dormir.

 

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