Dolores, aprendizajes y la esperanza de un año mejor

Dolores, aprendizajes y la esperanza de un año mejor

El 2020 que se va fue un año dramático. Pero hubo respuesta colectiva. Los dolores por las muertes, el drama social de la desigualdad y la esperanza que la respuesta de la ciencia nos brinda.

MDZ Política

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El 2020 que se va aún nos tiene conmocionados. Por las situaciones extraordinarias que generó la pandemia; una crisis sanitaria sin igual y sus consecuencias en la economía, la vida social y las familias. Para analizarlo a fondo habrá que tomar distancia, pero mientras tanto los desafíos continúan: habrá que seguir conviviendo con el virus, mientras se busca generar inmunidad colectiva. Al mismo tiempo las dificultades se agudizan y está visto que las soluciones no pueden ser las mismas que al inicio de la crisis, en marzo de este año. 

Como sea el año que se va dejó dolores, aprendizajes y esperanzas para lo que pueda venir. 

Distanciamiento y crisis

Hay un concepto que se instaló y se transformó en una nueva forma de convivencia: el distanciamiento. Primero fue la distancia social, luego se precisó por alejamiento físico. Es que aún a pesar del impedimento de poder reunirse, necesitamos cercanía afectiva. Y el 2020 fue un desafío para ello. Lo es aún. El distanciamiento de al menos dos metros, sumado a las otras medidas básicas de prevención generan una protección que no otorgaba ningún medicamento hasta la aparición de la vacuna. Fue el año de las caras tapadas por los barbijos. Una imagen que suena a ciencia ficción.

Los cuidados no deben cesar. La posibilidad de una segunda ola de contagios está latente porque la inmunización general no llegará antes del segundo semestre del nuevo año. El sistema sanitario, principalmente los trabajadores de la salud; no pueden volver a tener el estrés que vivieron este año. 

De manera intempestiva para generar ese distanciamiento obligado se cerró todo. Las personas en sus casas. Los comercios y la industria cerrados. La economía parada. Los servicios básicos restringidos. De un día para otro. En Argentina en particular las medidas fueron drásticas y, por mucho tiempo, sin calibrar diferencias, necesidades y prioridades ineludibles. 

La urgencia sanitaria lo exigía, pero las consecuencias son dramáticas para el futuro. La economía del país cerrará el peor año de la historia. No hay registro en la historia sobre una caída del PBI (de cera del 12%), de la cantidad de empresas y comercios cerrados y de trabajos perdidos en tan poco tiempo. La recuperación será lenta. La salida está en la innovación. 

Los dolores

Fue un año dramático para muchas familias y también para la población en general. Los fallecimiento de ídolos y referentes populares generaron conmoción. Diego Maradona en el país, Joaquín Lavado, Quino, en Mendoza. Dos personas universales que dejaron una huella. 

Pero hay familias que vivieron el drama de las pérdidas por la pandemia, sin tener la posibilidad siguiera de darles una despedida, sobre todo en la primera etapa de la pandemia. En el 2020 habrá una generación marcada por las pérdidas imprevistas. A ello se le suma el deterioro de la salud en general por el temor y la priorización de la emergencia por el covid. 

Esa situación también dejó aprendizajes en base al dolor. Cuidarse uno es cuidar al otro. Priorizar la salud tiene un valor que muchas veces es intangible. 

La desigualdad y el desafío de la educación

La pandemia expuso y potenció muchos problemas que ya existían. Dolores que estaban anestesiados. La desigualdad social y principalmente en la educación quedó expuesta y se profundizó. Miles de personas perdieron su empleo de un día para otro. Las estrategias de supervivivencia de muchos también desaparecieron. Por eso el Estado debió aumentó la asistencia de emergencia y muchas familias desacostumbradas a esa realidad se resignaron a recibirla. 

Esa grieta social por ingresos y posibilidades tiene su cara más dura. Un 40% de los argentinos vive en la pobreza. Pero 6 de cada 10 niños y adolescentes viven en hogares donde tienen esa situación. Es decir no tienen los ingresos suficientes para adquirir los bienes indispensables. 

En la educación también se profundizó la desigualdad. Con las escuelas cerradas, los niños y adolescentes que no tenían los medios tecnológicos necesarios para conectarse quedaron excluidos. Tanto que el Estado se vio obligado a promover de manera obligatoria y tomar al 2020 y al 2021 como una unidad pedagógica única. El año que se inicia será el de la evaluación del impacto. Pero ya hay datos previos que indican esa brecha que se expande. 

La ciencia, los héroes y la esperanza

El diagnóstico es dramático. Pero la capacidad de adaptación del ser humano y la comunidad es enorme. Esa adaptación no se tiene que transformar en resignación, sino en todo lo contrario: energía para renacer. 

La pandemia expuso los dramas más profundos. Pero también la capacidad que hoy tiene la humanidad de responder. Y la respuesta más importante estuvo en la ciencia, en la generación de conocimiento, técnica y evolución. Nunca antes en la historia se había logrado hallar la solución a una pandemia en el mismo año calendario. En marzo el mundo se cerró por un virus desconocido. En diciembre la humanidad comenzó a vacunarse gracias a la ciencia, al trabajo colaborativo y la expansión del conocimiento. Ahora viene el desafío ético de la humanidad para garantizar el acceso a todos. 

La ciencia no es nada sin sus ejecutores. Los trabajadores de la salud que le pusieron el cuerpo a la pandemia para frenar el impacto, sanar a los enfermos y contener a los familiares. Médicos, enfermeros, técnicos, empleados de apoyo. Todo un sistema que respondió con poco descanso a una necesidad desesperante. Los abrazos que las familias no pudieron dar, lo dieron los trabajadores de la salud cuidando a sus enfermos. 

Por eso en el final de un año tan dramático como el 2020 el mensaje no puede ser otro que el de esperanza. 

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