Por qué ahora todos desafían la autoridad de Alberto Fernández

Por qué ahora todos desafían la autoridad de Alberto Fernández

La marcha expuso aún más las contradicciones del Gobierno. Alberto Fernández sobreactúa una autoridad que no tiene, mientras gobernadores, intendentes y la sociedad desoyen sus pedidos.

Paulino Rodrigues

Paulino Rodrigues

El gobierno está perdido en un laberinto y sin hoja de ruta para salir. Es una semana clave, pero no solo por los desafíos políticos sino económicos: cómo controlar el dólar, qué va a pasar con la inflación, son algunos de los problemas estructurales que preocupan. 

La idea de presidir el PJ por parte de Alberto Fernández es una muestra más de debilidad. No debería ser necesario que el Presidente sea empoderado en un país normal. Pero sí acá, en Argentina, donde se sobreactúan los liderazgos. Alberto Fernández va a ser postulado como "conductor" de un partido que no lidera. Quien decide es Cristina Fernández de Kirchner. Alberto busca una forma de construir un liderazgo que no ostenta. 

En ese plano, hay contradicciones permanentes. La idea de hacer una contramarcha lo indica. Alberto pidió que no marchen. Pero el partido "Parte", que conduce Claudio Ferreño y es la estructura del propio Alberto, hace una marcha de apoyo en la Quinta de Olivos para tratar de neutralizar los gritos opositores. Como un montaje político, hacen la concentración en la puerta de Olivos  y la propia policía les tiene que pedir que se retiren para evitar confrontaciones. 

Desafío a la autoridad

Hay contradicciones permanentes. El Presidente descarta cambios de Gabinete en una curiosa entrevista para tratar de dar una señal de que el Gobierno ha hecho una gestión "extraordinaria", pero que la pandemia no deja verlo. En realidad la pandemia demostró las propias impericias del gabinete. 

El problema de fondo vuelve a ser la falta de credibilidad. Tanto, que ahora hay un fenómeno nuevo: intendentes y gobernadores que desoyen las indicaciones del Presidente. La sociedad, incluso, va más allá y en localidades donde está prohibido marchar la gente sale con más energía. Es decir, hay un desafío constante, permanente a la autoridad

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