La agorafobia política que vive Mendoza

La agorafobia política que vive Mendoza

El Gobierno elige la seguridad de los despachos y los anuncios ex post como estrategia. El PJ también está en shock. Los dirigentes sienten que perdieron el "pulso de la calle" para tomar decisiones. ¿La bandera del agua fue un catalizador? Suarez encabeza los diálogos para destrabar el Presupuesto.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

El Salón Patricias de Casa de Gobierno es el sitio más seguro para los gobernadores. Allí se sienten cómodos: entrada directa desde el despacho, salida rápida por ascensor privado. Amplio espacio para recibir a mucha gente y debatir. El gobernador Rodolfo Suarez ha optado en los primeros días por usar ese escenario como base para comunicar su gestión; mucho más tras la crisis por la reforma de la 7722.

Luego de enviar el proyecto de derogación de la reforma, Suarez apenas comunicó algunos hechos de gobierno desde ese cuarto piso. El resto; todo por redes sociales y “ex post”. Es decir, el Gobernador elige recorrer y decidir bajo la seguridad de su despacho y su propia agenda y luego comunicar con la restricción de palabras impuesta por Twitter. Su antecesor Alfredo Cornejo no era muy distinto y tampoco era adepto a los actos populares, a las recorridas espontáneas y a moverse en territorio que no esté blindado. Pero si Cornejo carecía  de “sensibilidad” propia, lo cubre con profesionalismo político: era un obsesivo de las mediciones, las consultas y el abordaje sobre el “humor social”. El mismo que le permitió hacer reformas que iban contra la “lógica política” pero con aval popular. La misma que probablemente le haya impedido impulsar públicamente la minería a pesar de estar de acuerdo.

Suarez no es el único que sufrió con la crisis de diciembre. La clase política mendocina está en shock aún. Tiene sensación de encierro. Sufre agorafobia y por eso se mueve donde se siente segura: los despachos, los recintos y las redes sociales, sitio donde discuten de manera virtual con sus pares. Han perdido el pulso de la calle. Eso no implica que “la gente” tenga razón o que necesariamente hayan actuado de espaldas. De hecho, el caso de Mendoza es merecedor de análisis profundos: de manera mayoritaria la dirigencia política y empresaria se unió para buscar un objetivo que creían legitimado por las recientes elecciones y el blanqueo público de esas intenciones. Sin embargo, el rechazo social obligó a retroceder. Muchos de los que apoyaban el camino iniciado entraron en pánico y no reaccionaron, como ocurrió con las cámaras empresarias. Otros, como el PJ, desandó sus pasos y revirtió discursos. El Gobernador eligió revisar sus decisiones y cambiar.

Un gobernador de línea directa

Suarez ha tenido un inicio de gestión extraño. Sus asesores aseguran que tiene una energía enorme y que está encima de los temas. Hoy la sanción del Presupuesto le lleva casi el tiempo completo. Recién la semana pasada se pudo “reconducir” la pauta de gastos 2019 y se liberó administrativamente la gestión. Había ocurrido que por la modernización de la gestión a través del expediente electrónico, no había forma de llenar los formularios digitales para tomar decisiones: pagos y otras medidas se bloqueaban a la hora de asignarles recursos. Un detalle del día a día complicado del nuevo Gobierno.

En ese plan, Suarez tiene el teléfono caliente de tanto hablar para tratar de destrabar el Presupuesto 2020, aprobar los créditos para obras (única chance por ahora de hacer trabajos públicos nuevos) y avanzar. “Está él encima, no lo delega en nadie porque es otro modelo de gestión”, aseguran. Justamente ese es el otro obstáculo que el Gobernador debe sortear: sacarse el lastre de la comparación permanente con Cornejo, potenciada por la idea de continuidad que se usó como eje de la campaña. “Las consultas que hace Suarez a todos son genuinas. No son muestra de debilidad ni nada, es un hombre de consensos, de gestión abierta y sin esconder nada. Ya lo van a ver”, aseguró a MDZ alguien que lo conoce mucho a Suarez; incluso mucho más que los funcionarios a los que el gobernador les dio confianza pero aún no conoce a fondo.

Fóbicos

Puede que la fobia social que desarrollan los dirigentes políticos mendocinos (y argentinos) no sea un brote espontáneo, sino una acumulación de temores que antes se escondían. El año pasado lo advertíamos: lo que la comunidad sufre en la vida cotidiana iba por un lado y los objetivos de la clase política por el otro; caminos que se hicieron más divergentes con la agitación de la grieta.

Esa pérdida de pulso hizo perder credibilidad (aún más). Y la reacción desbordó a todos en una vorágine que entró en la sinrazón. Incluso, probablemente trascendiendo la noble bandera de la defensa del agua. El germen de la protesta ya estaba instalado y el catalizador fue la torpe manera de abordar un tema sensible. Incluso generando respuestas miserables como escraches, repudios y agresiones.

Así, por ejemplo, no se puede tomar como capital político la masividad de las marchas contra la ley de Suarez y nadie se puede arrogar ese volumen político. Apenas tres meses antes, quienes tenían como bandera de campaña el cuidado del agua, como Protectora y la Izquierda, tuvieron un pésimo desempeño electoral y ni siguiera lograron un escaño legislativo. En el colectivo que marchaba se abrazaban la misma izquierda con dirigentes de la derecha católica; sectores que en pocos meses volverán a estar enfrentados por otros temas como la legalización del aborto.

Los partidos tradicionales tienen una tensión interna mayor porque ellos sí tienen la responsabilidad de tomar decisiones para mejorar la calidad de vida de las personas tomando decisiones.

En el oficialismo recalculan, pero no son pocos los que tienen incertidumbre y hasta intentan leer qué quiere hacer Suarez. Están todos orgánicamente abroquelados detrás del Gobernador, aunque a la espera. Cornejo juega un rol importante. No apareció en la crisis para no complicar todo más y así se mantendrá. Su presencia puede generar distorsiones hacia la figura de Suarez y también complicaría mucho más las negociaciones con el PJ. Sí está atento a lo que su sucesor necesite. Son amigos. Y el ex gobernador confía ciegamente en el inquilino del cuarto piso.

En el PJ el problema es profundo. Al arrastre de derrotas y de falta de liderazgos que sufre hace rato, se le suma el desconcierto por haber perdido ese pulso de la calle. Hubo sectores, como el que responde directamente a Carlos Ciurca, que se sienten más cómodos agitando los conflictos que solucionando problemas y que buscaron sumar discordia. Otros que atenuaron los problemas y los oportunistas, como ocurrió con el curioso interés de Sergio Massa por los conflictos en Mendoza. Pero hacia adentro, en el PJ aún están en redefinición. Creen que lo que ocurrió no será gratuito para algunos nuevos dirigentes como Anabel Fernández Sagasti. El problema es que salvo ella, el resto de los dirigentes tienen un recorrido tan dilatado que puede costarles construir credibilidad. Y a los nuevos intendentes, por ejemplo, creen que aún les falta recorrido para intentar dar una pelea interna.

La crisis de credibilidad no es nueva y no es un problema endógeno de Mendoza. Por el contrario, es global. Alcanza con ver lo que pasa al otro lado de la cordillera y también cruzando el Atlántico. Tener pericia para leer lo que ocurre será una de las virtudes más importantes para quienes gobiernan. No para responder demagógicamente a cualquier demanda, sino para saber gestionar, comunicar y buscar el bien común.

 

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?