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La matriz productiva, entre la superstición y la ciencia

Una sociedad en la que no se permite la democratización del éxito y se promueve "la dieta de las moscas" para no aceptar la realidad compleja.

Esta fue la columna de Gabriel Conte en el programa "Otra Manera" por MDZ Radio:

Es muy difícil hablar de la realidad cuando una porción muy grande de la población es supersticiosa. Por ejemplo, si hablamos de la necesidad de desarrollo y empleo, de las posibilidades reales de que Mendoza diversifique su matriz productiva, ¿es posible que aquí pese lo mismo en la balanza de las opiniones un estudio científico complejo que un mensaje de WhatsApp catastrófico? 

Es muy probable que lo complejo resulte difícil de entender y que lo simplón pegue con más fuerza en el imaginario social. Eso hablaría de una sociedad poco preparada para la verdad, que prefiere lo mágico, que necesita que le mientan y que sería capaz de creer cualquier cosa, azarosa o hipnitozada.

El podcast de la columna:

No creo que los mendocinos seamos así, pero sí que muchos quieren poner un pie sobre nuestros cerebros, de modo que no funcionen por sí solos. A muchos sectores de poder les conviene que los poderosos sean siempre los mismos, que no surjan nuevos referentes, nuevos emprendimientos, nuevas actividades. Parece increíble que muchos pretendan que disfrutemos de los éxitos ajenos del pasado y a la vez impidan democratizar el éxito, que pueda ser algo que pueda alcanzar otros sectores o personas.

Una de las formas más comunes de juntar fuerza supersticiosa es demostrar masividad para justificar la potencia de determinada creencia. Vamos de nuevoa  un ejemplo: creer y hacer creer que juntar mayor cantidad de gente en favor o en contra de algo es más fuerte que un proceso electoral o un estudio científico. Es el fenómeno que podríamos llamar "si millones de moscas comen caca, no pueden estar equivocadas: comamos caca".

La cuestión en debate está signado por si nos ponemos del lado de liderazgos realistas(por duras que nos parezcan) o de movilizaciones supersticiosas (por mágicas que nos prometan ser).

Tenemos, por caso, al nuevo arzobispo, Marcelo Colombo, entrevistado por Jimena Catalá, que sale a pedir "consenso social" sobre el fracking, la última posibilidad de raspar las piedras para sacarles petróleo en Mendoza. ¿No tiene suficiente consenso en contra de lo que están haciendo sus pares en el mundo como para ocuparse? El arzobispo dice lo que dice desde una posición designada por el papa Francisco. Y sus dichos -que pretenden poner a la par de las sensaciones sociales a los hechos científicos sobre la explotación del petróleo- se produjeron al mismo tiempo en que se dio a conocer un estudio completo, realista, sin magia, sobre el procedimiento de fractura hidráulica que podría empatar el crecimiento económico de Neuquén, en donde se generan 60 nuevos empleos por día, gracias a Vaca Muerta. La Universidad Nacional de Cuyo hizo un estudio de fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que pone en claro qué hay que hacer para tener éxito en la materia sin causar impacto y qué no hay que hacer. Es un tema práctico, no demagógico.

La UNCuyo no busca tener más fieles: está dando una respuesta concreta, palpable, contrastable con casuística y antecedentes y verificable con procedimientos humanos, homologados y a la vista de todos.

Pero ocurre como siempre: los populismos -de cualquier tipo, los religiosos y los políticos- no se alimentan de un pueblo capaz de aspirar al éxito, sino de gente a la que le va mal y se entrega a la superstición como último recurso a su alcance. Gente que termina siendo manipulada como masa. ¿Y quiénes son los únicos exitosos con este modelo? Los mismos de siempre, más allá de lo que los supersticiosos usen como lenguaje aglutinador. Porque ya han vaciado hasta las ideas, las frases y las palabras.