Diván electoral: los triunfos que no conforman y las derrotas "relativas"
Estaba exultante y lo hizo remera. En 2009 Alfredo Cornejo era intendente y estratega político de la UCR. Tras una victoria histórica, el actual mandatario hizo estampar una chicana: "Yo vi al PJ 20 puntos abajo", se leía en las casacas. Ahora el oficialismo ultima detalles y se sienta a esperar. La elección del domingo será algo más que una encuesta obligatoria. También conformará el primer ensayo de la estrategia de Alfredo Cornejo como oficialista y en una elección de medio término. Aunque las perspectivas son positivas y creen que Cambia Mendoza será el frente más votado, no alcanzaría aquella "utopía" radical de emular la elección de 2009 que Cornejo "hizo remera". Probablemente tampoco los alcance para emular lo ocurrido hace 4 años. En el 2013 la UCR sola sacó el 44,6% de los votos en las PASO y el Frente para la Victoria el 26,9%. En cargos provinciales la diferencia fue incluso más acentuada y eso le permitió a Cornejo consolidar su proyecto de construcción de poder.

Cornejo siente el rigor de ser Gobierno: es más difícil convencer al electorado de que estás "gobernando bien", que sumarse y potenciar las quejas y reclamos sobre lo que funciona mal. Desde el 2011 el ex intendente de Godoy Cruz fue el líder duro de la oposición y supo minar y capitalizar ese lugar. Ahora como Gobernador pudo construir una imagen fuerte, pero como jefe de campaña le cuesta transferir. Así lo indica al menos el resultado de la última encuesta realizada hace dos semanas que le da entre 5 y 7 puntos de ventaja a Cambia Mendoza. La dispersión de votos, que es más habitual en elecciones de medio término, también le restará al oficialismo. Aunque mantienen en el frente a todos los partidos que sumaron para llegar al poder, ahora como oficialismo todos juntos tienen menos peso y algunos de los frentes chicos que seducen con el voto bronca pueden capitalizar "ex" electores cornejistas.
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También a diferencia de las elecciones "arrasadoras" anteriores, no tendrán a Cobos como figura para traccionar votos y un posible lastre inmanejable: el mal humor por la economía, las tarifas y otros temas nacionales sobre los que Cornejo no tiene injerencia, pero tampoco cuestiona. En ese camino deberán seguir con la gestión y enfrentando nuevas tensiones.
Claro que aún falta y, así como puede ocurrir en la provincia de Buenos Aires, el resultado del próximo domingo puede diferir de los de octubre, que es el que vale.
La psiquis de la transición
En el medio hay algo importante; por lo político y sobre todo por lo relativo a las "sensaciones", esa extraña vara que tenemos, sin ningún rigor, los argentinos para mensurar lo que va a ocurrir. La transición entre agosto y octubre se ha planteado como algo de vida o muerte, sobre todo para el gobierno nacional y para la economía del país. Exagerado hasta límites peligrosos por uno y otro, se construyó la idea de que los argentinos caeremos a un precipicio o transitaremos un valle según la opción elegida y el resultado. No aparece ningún claro en el medio y tampoco un atisbo de realidad.
Esos pronósticos se manejan con sensaciones y no con datos y referentes a lo que se ha convertido en el "distrito político único": la provincia de Buenos Aires. "Si Cristina gana por un voto, el Gobierno fracasa", aseguran. "Si el Gobierno gana por un voto, es el fin de Cristina", replican del otro lado. Los que vaticinan un fracaso del gobierno si no obtiene un buen resultado en las PASO parecen tener alguna nostalgia de lo peor del peronismo argentino; esa impronta que sufrió Alfonsín y también De La Rúa (salvando las diferencias entre ambos). El argumento también les sirve para disimular el descalabro interno y la falta de legitimidad y construcción de liderazgos pos derrota. Tanto que la única opción viable para intentar recuperar el poder es la misma persona que tuvo el poder por 12 años y que gestó algunas de las crisis que se viven.
Los oficialistas que ponen a Cristina como el único obstáculo a derrotar se equivocan y, quizá, de manera más cínica. No es un dirigente opositor el enemigo, sino los desafíos que tienen como gestión. Los argentinos son más prácticos para pensar el voto y también menos fieles a los fanatismos de lo que se cree. Son la inflación, la falta de empleo, los problemas para llegar a fin de mes, y varios etcéteras más los que pueden pesar o no en la decisión de un voto "castigo". Obviamente que con alguna mirada miserable es el kirchnerismo el que busca capitalizar esos problemas apuntando más al fracaso que a la construcción. Pero, aunque cínica, esa estrategia tiene la legitimidad que les da estar afuera del poder.
Las sensaciones no dan lugar a ningún análisis fino, como que los resultados ajustados obligarán a cualquier partido a negociar para tomar decisiones en el Congreso o que Cambiemos seguramente fortalecerá su presencia en ambas cámaras.
¿No puede el PJ construir gobernabilidad luego de haber ganado una elección como opositores? Es un desafío democrático en todo caso. En 2009 Néstor Kirchner perdió una elección y pasó lo mismo en Buenos Aires en 2013 y en 2015. La del domingo ni siquiera es definitiva: si el "ex" Frente para la Victoria gana en Buenos Aires por menos de 5 puntos, en octubre el escenario puede ser distinto por la mudanza de votos de otros frentes no kirchneristas. Si se da el otro escenario, el Gobierno también deberá entender que no es un cheque en blanco ni mucho menos.
Las PASO, deslegitimadas por los partidos como instrumento y ninguneadas por el electorado, deberían ser un mecanismo de elección y no una guillotina. Quizá sea el momento de abandonar "las sensaciones" para comenzar a usar otros sentidos más racionales para analizar y decidir.


