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Abstención (Macron y las grietas de Francia)

Hoy eligen a un presidente que, por ahora, pondrá freno a una marea casi fascista. Apenas dos fuerzas crecen: las de quienes ni votan y las huestes de Le Pen.
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Del latín tardío abstentio, -ōnis.

1. Acción y efecto de abstenerse.

2. En los procedimientos judiciales o administrativos, acto mediante el cual la autoridad o el funcionario llamado a resolver un asunto se aparta de su conocimiento por tener alguna relación con el objeto de aquel o con las partes que intervienen.


Ayer, y a horas de ser elegido como el presidente de Francia en segunda vuelta, el New Yorker publicó un artículo sobre Emmanuel Macron. El artículo coloca el énfasis en su condición de rara avis por la conformación de su núcleo familiar ("Modern family", es su título), más que por virtudes políticas o de conducción o liderazgo. Apenas si se anota que fue responsable de Economía, durante dos años, de la gestión de quien hoy comienza a despedirse del Elíseo, Francois Hollande.

El debate entre los candidatos que se miden hoy, sucedido el pasado miércoles, resultó virulento en varios tramos. Y aunque la economía y sus derivaciones y soluciones dominaron este intercambio televisado (y youtebeado), la impresión es que ninguno ganó allí votos. Por el contrario, se trató de ratificar y consolidar lo que cada uno ya posee en términos electorales. 

Macron o El Principito Virtual, según su biógrafa no oficial.


Pero hubo un detalle que Marine Le Pen aprovechó para descolocar a su contrincante, en un pasaje tenso de esta emisión: 

"Veo que usted está buscando jugar a estudiante y maestro conmigo, pero, en lo que a mí respecta, no es realmente lo mío", dijo la hija del fundador del horrorizante Frente Nacional.

Macron fue sorprendido por este breve comentario, que se inmiscuye en lo que se consideraría la vida privada. Y el momento pareció salido más del formato de programas de chismes que del último debate entre los únicos aspirantes a la presidencia de la sexta economía del mundo (hace dos años resignó el quinto puesto, a manos de Gran Bretaña).

Macron y su esposa, Brigitte Trogneux completan una historia de amor que poco se parece a las clásicas, más en política, donde el conservadurismo y la hipocresía dominan el relato familiar. Y a esto apuntó Le Pen con ese dardo, acentuando la historia del alumno que conquistó a su maestra y que, de no mediar un espectacular vuelco en el electorado, se encamina a convertirse en el presidente y la primera dama.

Hace menos de un mes, la periodista Anne Fulda publicó un libro sobre Macron, que lleva como subtítulo: "Un joven tan perfecto". Fulda es encargada de escribir perfiles en Figaro y Elle y ya posee otros dos títulos. 

En el más reciente revela datos íntimos sobre el casi nuevo presidente, "este don Juan inusual para el que el espíritu de conquista es como una necesidad por agradar y convencer". Y allí también lo define como un Principito Virtual, que "encuentra en los ojos de los demás, especialmente de los ancianos, la admiración, el estímulo y la bondad".




Para su biógrafa, el factor singular con su esposa Brigitte, "no se debe a la diferencia de edad, pero sí al hecho que ella es la única mujer que Macron ama desde que tiene dieciséis años".


Habrá que razonar con Montaigne y trazar un paralelo con el candidato: "Aunque fui educado hasta cierto punto en la libertad y la indiferencia, al envejecer me he afirmado en ciertas formas, ya que mi edad no tiene que pensar ya en educarse, sino en sostenerse". ¿Podrá sostenerse Macron para un resurgir de Francia?

Las encuestas no se equivocaron en Francia, el pasado 23 de abril, ya que todas coincidían que ninguno de los aspirantes se convertiría en presidente y que la segunda vuelta vería a quienes hoy son la esperanza de un país azotado por el terrorismo y por los vaivenes de una economía que no muestra capacidad de reacción ante los problemas sociales. 

Hubo un dato en estas elecciones que convirtieron al abstencionismo en la segunda fuerza política del país.

Macron obtuvo un 24 % de las preferencias de los votantes, mientras que quienes no concurrieron al sufragio representaron un 22.23%. Luego se ubicó Le Pen, quien llegó a un más que histórico 21,3 %. Los analistas creen que hoy la cifra de abstención trepará casi al 30 %. Es un tema que incluso obligó a uno de los ex contendientes, el ex primer ministro Manuel Valls, a dar un mensaje en televisión: "Votar en blanco o abstenerse sin duda es votar a Le Pen".

Sin embargo, la abstención no jugará a favor de Le Pen y ni siquiera del propio Macron. Pero hay que reparar en que esta actitud de participación está más organizada que nunca. E incluso poseen una organización: Parti des Abstentionnistes et des Sans-voix (Partido del Abstencionismo y los Sin voz). 

En Facebook el viernes publicaron un comunicado que resume su posición en estas presidenciales: "Cualquiera puede ir a votar en blanco. ¡Debe ser un voto de mayorías para descalificar a los candidatos. Yo no voto porque Macron/Le Pen no es una opción. Y votar en blanco no es dejarle el campo abierto a Le Pen, porque es claro que va a perder". La fan page no llega siquiera a los 500 seguidores. Pero lo digital no tiene correlato con la realidad.

Un artículo publicado en Les Inrocks se pregunta:  ¿El voto en blanco demuestra un mayor compromiso con la política o una mejor comprensión de la política? Y la respuesta genera incertidumbres, no solamente en Francia sino en varios sistemas democráticos y las crisis de representación. "La sociología del voto blanco no suele ser la mismo que la de la abstención. Se superpone con la de los votantes e interesados en la política, que indican de forma explícita negarse a decidir entre estos candidatos. Es por esto que tradicionalmente existen más votos en blanco en el segundo turno electoral, cuando la elección queda restringida. En este sentido, el 7 de mayo puede contener, de repente, varias sorpresas".

¿Que gane el mejor o el candidato menos peor? Así se debate Francia hoy.