La única razón por la que cayó el ex juez Luis Leiva
Hace 15 años fue destituido Luis Leiva de su cargo de juez federal, pero ese hecho vuelve a adquirir vigencia en estos días, debido al cierre por prescripción de la causa por la caída del Banco Mendoza.
Aquel caso puso a Leiva en la tapa de todos los diarios: fue héroe y villano, en ese orden, en distintos tiempos históricos. Marcó su destino, indudablemente.
El 9 de mayo de 2002 se conoció en Buenos Aires el fallo del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados de la Nación, luego de un proceso extenso y controvertido. Silencioso, pero siempre con una postura intimidante, Raúl Moneta participó de algunas audiencias. No se privó en aquellos tiempos de exhibir su protagonismo el banquero, quien había tenido un recorrido inverso al de Leiva: pasó de perseguido a perseguidor.

Sin embargo, el Jurado de Enjuiciamiento desechó casi todas las pruebas de mal desempeño que el empresario menos querido por los mendocinos y sus aliados locales se habían encargado de reunir. Incluso, la ruidosa denuncia de coima a Moneta, que era avalada plenamente por otro mendocino, Daniel Vila, pero que apenas ocupó unas pocas líneas en la sentencia final.
Leiva cayó, de todos modos, por una sola y única acusación: el de haber sido "juez y parte" en una causa vinculada a la trama mayor por la caída del Banco Mendoza.
El Jurado consideró "inadmisible" que el entonces titular del Juzgado Federal Número 1 se hubiera puesto a investigar un supuesto complot en su contra, en lugar de apartarse para que se ocupara del caso otro magistrado.
El caso que derrumbó al juez
A finales de los ´90 y en épocas que Leiva todavía era héroe, por ir detrás de Moneta, y con la excusa de que estaba investigando una "campaña de desprestigio" contra toda la Justicia Federal mendocina, no solo contra su persona, Leiva retuvo aquel expediente durante más de dos meses.
La fallida investigación del complot acumuló al final más de 600 fojas y Leiva ordenó pinchaduras telefónicas, grabaciones y otras medidas de prueba, en búsqueda de lo que no iba a encontrar. El desenlace fue decepcionante: no se detectó ningún delito y la causa terminó en el archivo.
En este punto de la historia, aparecieron más nombres conocidos. Fue el entonces subsecretario de Justicia, el abogado Alejandro Poquet, quien encendió primero la sospecha del complot, según relató el propio ex juez durante el proceso.
Tal como señala el fallo de destitución, la investigación de Leiva se inició a partir de un preventivo policial.
Un informante había escuchado de boca de Eufrasio Mendoza y (el escribano y cuñado de Moneta) Silvestre Peña y Lillo, que "había que buscar algo que comprometiera y desacreditara a Leiva, como ser relaciones con la droga, alguna foto que lo mostrara en una situación difícil, algún negociado, coima, etcétera.".
Desde entonces, a cada paso, Leiva no paró de dejar rastros de que investigaba un caso en el que él era el principal involucrado. Entre ellas, un oficio dirigido a la Dirección de Observaciones Judiciales de la Secretaría de Inteligencia del Estado que decía que "los hechos de interés para la causa se vincularían con una supuesta asociación para desacreditar a este Juzgado o al suscripto".
Más adelante, el fallo consigna que "el magistrado enjuiciado ordenó la grabación auditiva, filmación y extracción de fotografías de la reunión que se concretaría entre los ciudadanos Mendoza, Peña y Lillo y Sánchez, por cuanto sospechaba que en la misma se concretaría ´la entrega de material a utilizar posteriormente en descrédito o extorsión del suscripto´".
Otro párrafo del fallo del Jurado de Enjuiciamiento señala: "El oficial inspector Rubén Elías Gorini, al informar sobre el resultado que arrojó la reunión mencionada, señala que Silvestre Peña y Lillo comentó que tenían intención de realizar los siguientes ´trabajos´: conseguir los resúmenes de las tarjetas de crédito del juez Leiva, hacerle un trabajo sucio llamado ´cama con unas prostitutas´ y buscar una fiesta donde concurra el juez, para involucrarlo con la existencia de drogas en su vehículo y en el lugar".
Es decir que Leiva era plenamente consciente de que era la supuesta víctima de aquellas maniobras, pero nunca se corrió de la investigación.
Para el Jurado de Enjuiciamiento, eso fue suficiente para destituirlo.
"Al no inhibirse, ha violado el derecho de toda persona a ser juzgado por un juez imparcial. El ilegítimo comportamiento del Dr. Leiva es de tal gravedad que justifica por sí solo su remoción. La actitud reprochada implicó actuar pretendiendo hacer justicia por mano propia, en la medida en que la presunta víctima era el propio juez de la causa, violentando de modo inaceptable el orden constitucional", dice el fallo definitivo, en sus tramos más duros.
La historia que eligió el Jurado
Todo esto no implicaba que Leiva no hubiera sido objeto de persecuciones y de una campaña de desprestigio en aquellos tiempos turbulentos. Aunque no era el único. Moneta también maltrataba a los políticos y periodistas que lo denunciaban.
Muchas de las acusaciones contra Leiva eran un elemento más de aquella persecución. Por ello, el Jurado de Enjuiciamiento dejó escrito en el fallo que había "una suerte de búsqueda de motivos que justifiquen una denuncia".
En consecuencia, fue tirando abajo en el fallo todas las causales acumuladas por la acusación, incluso aquella que ha quedado erróneamente en el imaginario social como una de las razones que provocó su destitución: la supuesta compra irregular de maletines en Chile para regalar en un encuentro de magistrados que se hizo en 1995.
¿Se podía destituir al juez que había perseguido a Moneta por no haber pagado los aranceles aduaneros de los maletines? El sentido común dice que no y el Jurado de Enjuiciamiento entendió lo mismo: "La imputación adolece de una vaguedad que conspira contra su procedencia", dice en ese sentido un párrafo de la sentencia.

No obstante, para los cuestionadores de Leiva, el caso de los maletines era emblemático del mal desempeño. Se ocupó con vehemencia de resaltarlo otra de las personalidades conocidas de esta historia: el entonces diputado nacional Miguel Pichetto (hoy, senador nacional del PJ), quien militaba en el menemismo y era el principal acusador de Leiva.
Así fue que, a lo largo de unas 70 páginas, el fallo disculpó a Leiva de acusaciones diversas, que incluían otras cuestiones menores, como la entrega de un vehículo que estaba en litigio o la compra de terrenos que había escriturado por debajo de su valor real.
También descartó denuncias con más peso jurídico, como las vinculadas al conflicto de competencia de Leiva con el magistrado porteño Gustavo Literas por la causa Banco Mendoza.
Y directamente despreció todo lo que tuviera que ver con el montaje en el programa de televisión "Mano a mano con Moneta", en el cual, el banquero buscó instalar que Leiva le había pedido 3 millones de dólares de coima para levantar la orden de captura en su contra.
Pero el fallo mostró ser una pieza con un giro sorprendente y lapidario en sus últimas páginas. La auto investigación del complot era una causa, o una excusa, suficiente para echar al juez de la Justicia. Bastaron menos de 10 páginas para que el tribunal marcara el contraste.
El Jurado de Enjuiciamiento debía elegir entre dos historias ciertas. La del juez que era acosado por un banquero que fundió un banco y al que persiguió sin tregua, o la del magistrado que solía actuar "exacerbando sus facultades y atribuciones".
Se quedó, obviamente, con la segunda.
Aquí, la sentencia completa del caso Leiva:


