Paro (quieren más actividad, pero no por ahora)
Del latín "parus"
1. Acción y efecto de parar (cesar en el movimiento o en la acción).
2. Interrupción de actividades colectivas por iniciativa de algún grupo social o de una autoridad.
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3. Huelga (interrupción de la actividad laboral por parte de los trabajadores).
En la religión del peronismo se propulsa el paro para lograr más actividad. Es una variación histórica de una ley del budismo: buscar la quietud en el movimiento. Lo que los budistas no saben es que los peronistas propulsan la no actividad siempre y cuando no sean ellos los que están ocupando el poder.
Difícil explicarlo, hasta para un vegetariano, ya ni hablemos de un monje budista.
El nuevo sindicalismo argentino, al palo. Que algo cambie para que nada cambie. O para que no nos saquen el silloncito que supimos conseguir.
El primer paro general de las centrales obreras al presidente Macri será exitosísimo para la economía actual del país: es que estas acciones estratégicas incentivan la productividad, ayudan a mejorar los índices de recuperación en este plano y, para hacerlo más completo en su contribución patriótica, deja a su paso un panorama muy encantador para futuros y probables inversores y para todo aquel que está pensando en estos días en algún nuevo emprendimiento por esta geografía.
"Queremos trabajar pero, por ahora, preferimos no hacerlo". Es la gran paradoja y el verso más antiguo desde que el peronismo pierde, no solo elecciones, sino el poder. Pocos "compañeros" asumen esta contradicción.
El "luchador popular" Saúl Ubaldini. ¿Qué consiguió en su prédica y en su responsabilidad histórica? El comienzo de las privatizaciones más salvajes del país en en último medio siglo. ¿Quiénes fueron los que más perdieron? Los trabajadores. Un genio, ¿no?
Si en nuestra Constitución no se garantizara el derecho a huelga, sería el primero en propulsar esta conquista, legítima, necesaria y un resorte que, bien utilizado, no propulsara el caos, la mentira, el malhumor, la desesperanza. No vengan con el discursito anti neo liberal, que ese argumento ya quedó encanutado entre la octava y la novena Verdad Peronista, esa sinfonía que insiste en enfrentarnos o arrogarse la voz de los que más sufren, mientras se parece más a una fábrica de nuevos ricos, al menos desde sus cúpulas.
Nos encanta desvirtuar la norma -quizá seamos campeones del mundo, en esta disciplina- pero, al final, en esta distorsión nadie gana: los que protestan son ignorados por el abuso del recurso y los que deciden ya tienen en sus cálculos un "costo" laboral que va a contramano de repartir con mayor equidad las ganancias. Es decir, ecuación cero: todos perdemos.
Varios de los dirigentes sindicales que llaman a este nuevo paro han sido recibidos por el presidente Macri o por sus equipos en reiteradas ocasiones. Muchos de ellos han obtenidos beneficios que ni siquiera un gobierno de su propio signo político les ha otorgado. Hay una serie de medidas en la "cuestión" sindical que el gobierno ha resuelto a favor de los sindicatos e incluso de organizaciones sociales opositoras. Muchas veces hasta en contra de consejos del partido gobernante, legítimo y constitucional.
La inyección de dinero que el gobierno ha distribuido en sindicatos, obras sociales y hasta organizaciones sociales no ha bastado para que sus dirigentes vayan por más. Y que a cada abrazo respondan con un mordiscón de perro rabioso.
Emilio Pérsico: "El kirchnerismo fue un modelo de derrame con inclusión..." 7 de junio de 2016. Pensador contemporáneo, irresponsable atemporal.
"¿Hacia dónde marchan? ¿Y por qué luchan?", se preguntaba Alfonsín, antes de ser proclamado presidente. en octubre de 1983.
Hasta ahora, en estos 14 meses, lo que más hemos oído es una especie de vaticinio y mantra absurdo: "Vamos a volver".
No sabemos si este reclamo sectorial es una amenaza institucional o una esperanza frustrada, de parte de muchos que hace décadas están aferrados a su espacio de poder, sin demasiado sentido autocrítico, fuera del timming o del humor social.
Tenemos que contestarles con las palabras del Preámbulo, decía Alfonsín, por entonces, cuando les propinó la primera derrota electoral en su historia. Quizá el ex presidente ni en la peor noche imaginó la sistemática serie de paros generales que le propuso el sindicalismo peronista, para convertir a este país en un mamarracho.
Luego vino Menem y privatizó, luego los Kirchner y estatizaron. A los bucrócratas que pretenden ser la voz de obreros, desocupados y compatriotas en situación precaria, apenas le interesó conservar el sillón que los ha convertido en hombres prósperos, como los de negocios que habitan el mundo de las finanzas y las empresas.
Los sindicalistas bien podrían recordar estas palabras, si tuvieran un minuto y medio en sus vidas, entre tanta organización y logística para, insisto, paralizar y no activar:
La entonces presidente CFK se refería al "fenómeno sociológico" de los piquetes y huelgas, antes, cuando el país era "mejor" que Alemania. Qué duda cabe que nos legó una potencia mayor que Alemania y que estos "brutos" han convertido en Uganda. Lo decía en 2012. O sea: ayer, nomás.
Es una trampa el sindicalismo en Argentina. Lo sabemos todos y la padecemos, ya que se ha convertido en un sistema que, de tan perverso, hemos naturalizado. Creemos que lo más normal luego de un plenario o reunión gremial, en cualquier sindicato, lo que corona la convocatoria es cantar la marchita peronista. Lo mismo opino si alguna veces se entona la Internacional Socialista, una canción de Arjona o cualquier ópera de Wagner. Por fortuna vivimos en un país libre y cada uno canta lo que se le canta.
¿Sobre el particular de defender derechos laborales?
Ah, sí, genial. Paramos, promovemos la movilización inconducente, desviamos la atención sobre los problemas estructurales, tomamos mate creyendo que una bombilla nos hermana, nos ampara y nos resuelve aquello por lo que no luchamos, si ni idea tenemos si el próximo amigo presidente va a privatizar, estatizar, dejarnos más pobres o, apenas, invitarnos a fiestas que después nos dejan una resaca que ni tres toneladas de yerba mate no las pueden sacar.
Muy mediados de siglo XX, muy 1945, para un mundo que ya ha dado tantas vueltas al mundo que nos ha mareado en convicciones añejas, a falta de coraje para encaminarse hacia aventuras más ambiciosas.




