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Memoria (entre la de elefantes y la tuerta)

El primer planteo que me formulo se bifurca en varias preguntas o acaso una que no se alcanza a completar: ¿Dónde se alojan los recuerdos que no memorizamos?

Del latín memoria.

1. Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado.

2. Recuerdo que se hace o aviso que se da de algo pasado.

3. Exposición de hechos, datos o motivos referentes a determinado asunto.

4. En la filosofía escolástica, una de las potencias del alma.

5. Relación de recuerdos y datos personales de la vida de quien la escribe.


En Tailandia funciona el llamado Elephant Nature Park. Es un centro de recreación y estudio sobre estos animales descomunales, tanto que si nos comparamos con algunas de sus características nos achicamos aún más: ellos poseen el cerebro más grande de los animales terrestres. Su peso alcanza casi los 5 kilos, en tanto el nuestro no es mayor al kilo y medio. 


Pero hay otro dato que me parece formidable acerca de los elefantes, lo que posiblemente haya motivado la referencia coloquial ante su capacidad de memoria: nosotros contamos entre 22 mil y 100 mil millones de neuronas y estos animales completan un total de 257 mil millones.


Si quisiera hablar de sexo debería referirme al tamaño como noción afrodisíaca, lo cual es bastante animal para mi gusto.



El primer planteo que me formulo se bifurca en varias preguntas o acaso una que no se alcanza a completar: ¿Dónde se alojan los recuerdos que no memorizamos? ¿En qué lugar se hospedan los hechos que eludimos? ¿Por qué elegimos determinados recuerdos y otros se imponen? ¿Y qué paraíso guarda aquello que no queremos o no deseamos tener a modo de memoria?

Siempre fuimos compañeros, teacher.


En 1976 pasaron varias cosas. De las horribles no me ocuparé, puesto que es sabido que en la vida del país comenzó una larga, sombría y lúgubre noche. Pero enfrentado a las preguntas anteriores recurro a Borges, que en ese año dejó escrito un poema posiblemente perfecto acerca de la memoria. Justo Borges, justo ese año, justo esta declaración impecable de lo insondable, casi como vaticinio. Posiblemente el relato "nacional" sea más sencillo si recurriéramos a los artistas. Tipo Borges, claro. Lo que no es sencillo, ni siquiera hoy, por haber puesto la vara tan alto en el universo. 

Y si vamos a cultivar la memoria no deberíamos olvidar al escritor más global que ha dado este país en 200 años. Alguien dirá que es una paradoja citarlo en estas horas. Posiblemente esos "alguien", tuertamente, olvidan que los autoadjudicados campeones atómicos de los derechos humanos, por aquellos tiempos, reventaban propiedades con la ley 1050, allá en la Patagonia.


Elegía del recuerdo imposible

Qué no daría yo por la memoria

de una calle de tierra con tapias bajas

y de un alto jinete llenando el alba

(largo y raído el poncho)

en uno de los días de la llanura,

en un día sin fecha.

Qué no daría yo por la memoria

de mi madre mirando la mañana

en la estancia de Santa Irene,

sin saber que su nombre iba a ser Borges.

Qué no daría yo por la memoria

de haber combatido en Cepeda

y de haber visto a Estanislao del Campo

saludando la primer bala

con la alegría del coraje.

Qué no daría yo por la memoria

de un portón de quinta secreta

que mi padre empujaba cada noche

antes de perderse en el sueño

y que empujó por última vez

el 14 de febrero del 38.

Qué no daría yo por la memoria

de las barcas de Hengist,

zarpando de la arena de Dinamarca

para develar una isla

que aún no era Inglaterra.

Qué no daría yo por la memoria

(la tuve y la he perdido)

de una tela de oro de Turner,

vasta como la música.

Qué no daría yo por la memoria

de haber oído a Sócrates

que, en la tarde la cicuta,

examinó serenamente el problema

de la inmortalidad,

alternando los mitos y las razones

mientras la muerte azul iba subiendo

desde los pies ya fríos.

Qué no daría yo por la memoria

de que me hubieras dicho que me querías

y de no haber dormido hasta la aurora,

desgarrado y feliz.


No es una acción de foto montaje. ¿O sí? La historia tiene la palabra.


La memoria histórica no se compra con ningún feriado y menos con cualquier clase de subsidio estatal. Ojalá esa lección haya sido asimilada, aprendida entre nosotros. No funcionó, amigos. Puede haber dado 5 minutos de gloria pero no mucho más, que es poco para una nación formada hace dos siglos. 

El oportunismo es esa fotografía espeluznante: César Milani, hasta hace un rato mandamás de las fuerzas militares democráticas, preso, más que sospechado por abusos durante aquella noche, a la que algunos le encienden la vela. No parece una posición muy progresista ni nacional ni popular.

Me gusta creer que la memoria colectiva no es tuerta en este 24 de marzo de 2017. O mejor: que no haga las veces de tuerta, que observe apenas de reojo. 

Todos nos equivocamos. Y no es indigno aceptar que en el fragor de una pasión, hasta lo inverosímil haya sido realidad. Milani como parte de un gobierno de "izquierda". Ponele.



Los derechos humanos, he dicho antes aquí reiteradamente, no deberían ser bandera de sector político alguno. Y si lo traslado a la "histórica" marcha de docentes, amplío el campo de percepción. Se trata de derechos que nadie "inventó". Ya estaban ahí, incluso cuando algunos rimbombantes campeones se adjudiquen su propiedad.

No es la política la que le da sentido a los derechos humanos, sino la sociedad en cada sector, en el metro cuadrado que nos asigna el designio histórico. 


No aceptamos mesianismos, iluminados ni descubridores flamantes. No es de estadista decir una cosa y hacer otra. Y aquí la figura de Milani es gravitante: fallamos, como sociedad, al permitir el ascenso de un mamarracho de tal calaña. Cedimos espacio a los oportunistas, a los animales, a las bestias que torturaron durante años hasta lo más mínimo: la dignidad de la condición humana.

Por último creo conveniente decir que no me gusta que un día como hoy sea feriado. Parece un elogio al horror, una suerte de acción salida del Síndrome de Estocolmo. Preferiría que fuera feriado el 10 de diciembre.

Pero todo es cuestión de memoria. Y en eso cada uno lo hace a su modo. Incluso Milani, que, por fortuna, está confinado en prisión.

Capaz que estos hechos nos hagan mejor como cuerpo social. Sería una esperanza nada ingenua, sino más bien real, de carne hueso: nunca más, pero nunca más en serio.