Se pone en marcha la maquinaria electoral
Al menos tres definiciones se trajo Alfredo Cornejo del encuentro que, a mediados de la semana, los radicales a nivel nacional tuvieron con Mauricio Macri para comenzar a definir la estrategia electoral para las legislativas de 2017.
La primera de ellas fue la ratificación de que, más allá de acuerdos políticos que le garantizan la gobernabilidad, el presidente está dispuesto a presentar listas de Cambiemos en aquellas provincias en las que los gobernadores son peronistas aliados.
Aquí resaltan dos distritos: Córdoba y Salta. Macri les garantizó a los radicales que independientemente de los vínculos que mantiene con Juan Schiaretti y con Juan Manuel Urtubey, irá a las elecciones con candidatos propios.
El otro punto fue una señal que dio el PRO a su principal aliado de la coalición gobernante. La UCR renueva en la próxima elección 25 diputados nacionales y Macri se comprometió a que esté garantizado que el radicalismo pueda cubrir ese número con lugares "entrables" en las listas.
Y el último asunto fue, para mendocino, el que quizás más esperaba escuchar: el presidente aseguró que tanto en el armado de la estrategia y fundamentalmente en la designación de los candidatos en las provincias oficialistas, el gobernador será quien esté al frente.
En el arranque del año electoral Cornejo sigue sin apartarse de un libreto que, según entiende, le dio rédito hasta aquí.
Esto es no hablar demasiado en público de la campaña, ni de las elecciones ni hacer anuncios de obras que luego no se puedan cumplir y que tengan el solo fin de sumar votos para la contienda que se viene.
En las entrañas de Casa de Gobierno incluso la elección se toma con cierto desdén, al menos por ahora. Algunos argumentos para este destrato aparecen como visibles.
Uno de ellos es que, a diferencia de lo que sucede en las provincia de Buenos Aires por caso, el oficialismo mendocino no avizora, según las últimas encuestas, perder los próximos comicios de medio término.
El riesgo está en otro lado, probablemente. Dado que la UCR pone en juego las bancas conseguidas en la Legislatura en la muy buena elección que hizo en 2013, Cornejo podría perder las mayorías que hoy tiene en la Casa de las Leyes. En el Senado es holgada esa ventaja, pero en la Cámara de Diputados es mucho más finita.
Pero aquí vuelve el Gobierno a levantar los hombros. La renovación de las Cámaras producto de la elección se dará recién en mayo de 2018, con lo cual a Cornejo le quedarán solo 19 meses para lidiar en minoría, si es que consigue un resultado óptimo en octubre.
El andamiaje legislativo fuerte, en trazos generales, ya fue realizado este año, para la actual gestión. Y lo que reste, Cornejo se apurará a tramitarlo en 2017, con lo cual el resultado de las unas podría terminar teniendo un valor más simbólico que práctico aquí.
Una cuestión sí saca a los radicales de este pretendido desinterés actual en la cuestión política: ¿Avanzará o no Cornejo con la reforma de la Constitución que incluiría, por caso, la alternativa de buscar su reelección?
Las señales del gobernador son equívocas en ese sentido. En su entorno, aseguran que no piensa estar cuatros años más en el sillón de San Martín a partir de 2019, y que su proyección eventualmente será nacional cuando deba irse.
Pero hay un ruido que se escucha en los pasillos del edificio de calle Peltier: el de algunos ministros del gabinete con proyección que apostaban a una candidatura que, en caso de volver a presentarse Cornejo, quedará automáticamente desactivada.
De una u otra forma, para que la reforma avance se deberá superar otro escollo. Cornejo y la vicegobernadora, Laura Montero, no terminan de ponerse de acuerdo en la forma de avanzar con un proceso que desde hace años es políticamente complicado en esta provincia.
La vice apuesta a una búsqueda de consensos amplios que le permitan conseguir los dos tercios de los votos necesarios en la Legislatura para lograr que, en la próxima elección de octubre, se vote por el sí o por el no a la necesidad de la reforma.
Cornejo entiende que el camino debe ser más directo. Apostar a acuerdos políticos más específicos con la oposición, incluso con la izquierda, para que ningún partido saque los pies del plato y los cambios constitucionales logren avanzar.
De estos tironeos entre el gobernador y su vice depende, entre otras cosas, que el tema salga.
Sin embargo detrás del fingido desinterés por las elecciones y de la cuestión de la reelección, la maquinaria electoral ya está en marcha.
Como Plan A, el gobernador ya tiene en claro dos estrategias. La primera, será mantener el frente Cambia Mendoza tal y como se presentó en las elecciones de 2015.
Las posibilidades de ruptura son varias. Las dudas están en qué hará el masismo mendocino, aunque también están las agitadas aguas de Partido Demócrata que ya viene de presentar listas propias para concejales en varios departamentos durante elecciones pasadas.
La segunda será que, si bien está facultado por ley para hacerlo, Cornejo no apunta a desdoblar la elección para elegir por separado los cargos nacionales y los provinciales en Mendoza.
La eterna vuelta del teorema de Baglini. Desde la oposición, la UCR era firme impulsor del desdoblamiento e incluso había propuesto fechas fijas para realizar las elecciones de manera distinta en la provincia. Hoy se argumentan razones económicas para aplazar otra vez esta decisión, aunque está claro que las motivaciones son de conveniencia política.


