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Cornejo, igualito al resto

Como sus antecesores, al año de asumir, Alfredo Cornejo también ya comenzó a ambicionar su reelección. Cuál será el camino que elegirán los radicales para que la reforma de la Constitución esta vez salga.
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Ya no quedan dudas: el Gobierno avanzará para lograr habilitar el proceso de reforma de la Constitución en las próximas elecciones legislativas y, lo que hasta el viernes eran especulaciones políticas con mucho asidero, se terminó transformando en una estrategia blanqueada por el propio gobernador.

"Me gustaría que durante mi gobierno se reforme la Constitución", dijo Alfredo Cornejo en durante un acto, haciendo público lo que desde hace meses se debatía en privado.

Lo que hará el gobernador es dejar correr una negociación que se encaró desde la Legislatura y que tiene al senador oficialista Juan Carlos Jaliff como a uno de sus impulsores.

El histórico dirigente viene trajinando un acuerdo político con la oposición para declarar una ley de necesidad de la reforma para que el mismo día de la votación legislativa de octubre, se vote el referéndum por el sí o por el no. Ese proyecto debería ver la luz antes del inicio de las sesiones ordinarias del 1 de mayo. 

Hasta aquí las señales del gobernador habían sido equívocas. En su entorno aseguraban que no piensa estar cuatros años más en el sillón de San Martín a partir de 2019, y que su proyección cuando deba irse será nacional.

Pero ya desde principios de año había un ruido que se escucha en los pasillos del edificio de calle Peltier: el de los insultos de los ministros del gabinete con proyección que apostaban a una candidatura y que, en caso de volver a presentarse Cornejo, quedarán automáticamente vedados.

Cornejo y la vicegobernadora, Laura Montero, no terminaron en ponerse de acuerdo en la forma de avanzar con un proceso que desde hace años es políticamente complicado en esta provincia.

La vice siempre apostó a una búsqueda de consensos amplios que le permitieran conseguir los dos tercios de los votos necesarios en la Legislatura.

Cornejo entendía que el camino debía ser más directo. Esto es apostar a acuerdos políticos más específicos con la oposición, incluso con la Izquierda, para que ningún partido saque los pies del plato y los cambios constitucionales avancen. La rosca de Jaliff pasó por el medio de estos tironeos.

El oficialismo intentará instalar el concepto de que lo que se votará será el inicio del camino reformista y no la reforma en sí. Esto, según tratarán de imponer en la sociedad y en la dirigencia política opositora, será tarea de la Convención Constituyente posterior. Si es que se llega a esa instancia.

La centenaria Carta Magna mendocina demostró ser sabia, pero necesita aggionarse. Pero si, como ocurrió en los últimos 15 años, todo proceso es encarado por ambiciones políticas personales, los cambios están condenados al fracaso.


El gobernador no se desvive por la reforma. No ambiciona ese bronce, como tampoco pierde el sueño por seguir donde está después de cuatro años.

Pero sabe que la diáspora en la oposición le juega a favor para explorar la alternativa de tener a futuro la posibilidad abierta de decidir si continuar o no.

Algunos dirigentes del peronismo se oponen fuertemente a darle la posibilidad a Cornejo de intentar ir un período más. Pero hay intendentes justicialistas que ya dijeron que sí.

Omar De Marchi, el intendente del PRO de Luján de Cuyo, horas antes de la expresión de deseo pública de Cornejo, apareció para decir que respaldaba un proceso de reforma.

El Partido Demócrata, histórico enemigo de los cambios constitucionales, comenzó a trazar la idea de dejar pasar ahora la ley que impulsa Jaliff para luego hacer campaña por el no y volver a tener algún protagonismo en las elecciones.

Con la reelección la jugada será una: los radicales quieren que en la ley de necesidad de la reforma quede enunciado que los constituyentes podrán "habilitar o prohibir la reelección del cargo de gobernador", como manera de demostrar que, si el tema no prospera, se caerá definitivamente en la Convención.

En cuanto a los temas a reformar, hasta aquí el borrador de proyecto oficial es un cocoliche de ideas que amontona iniciativas de intentos reformistas anteriores.

Nada, prometen los radicales, quedará definido en esta instancia y los cambios serán decididos por los constituyentes.

No habrá un "núcleo de coincidencias básicas", como en la fallida reforma de Roberto Iglesias en 2001, pero sí se incorporarán enunciados de temas propuestos en las reformas buscadas por Julio Cobos (como la segunda vuelta electoral que el PJ ya rechazó); por Celso Jaque (limitar la edad para la jubilación de los jueces)­; por el propio Francisco Pérez (que insistió en recortar las elecciones de los intendentes) o por Montero (incorporar avances en el cuidado del medioambiente).

Con la Constitución, Cornejo es igualito a sus antecesores recientes. Iglesias, Cobos, Jaque y Pérez empezaron a hablar de reformar la Constitución a los pocos meses de haber cumplido un año de mandato.

Aunque en este recorrido histórico hay que hacer una salvedad. Pérez empezó a delirar con su reelección desde el primer día de su gobierno y encaró una campaña en la que se puso al frente y que lo desgastó durante dos años, sin que se haya podido avanzar ni un paso.

Cornejo fue, como líder opositor, quien bloqueó la intentona de Paco.

Hace cinco años casi exactos, cuando aquella historia comenzaba, tuve la oportunidad de preguntarle al entonces intendente de Godoy Cruz sobre el tema.

- ¿Usted cree que el gobernador (por Pérez) debe hacer un gesto de renunciamiento a la alternativa de ser reelecto si la reforma prospera?
- No tiene necesariamente que hacer el gesto de renunciar, sólo admitir que la reelección podrá permitirse para los próximos gobernadores. No para él.

La respuesta a esa misma pregunta hoy, da la toda impresión de que será otra.