Pobres (los condecorados)
Del latín pauper, -ēris.
1. Necesitado, que no tiene lo necesario para vivir.
2. Escaso, insuficiente. Esta lengua es pobre de voces.
3. Humilde, de poco valor o entidad.
4. Infeliz, desdichado y triste.
5. Corto de ánimo y espíritu.
6. Mendigo.
La señora duplicó la pobreza en lo que algunos llamaron la mejor presidencia de Argentina en 200 años. Seguramente los que calificaron semejante disparate nunca fueron pobres ni sintieron (de cerca) lo que es ser pobre.
De dos chicos que nacen en el país, uno de ellos lo hace en el nivel de pobreza. El mendocino Abel Albino sabe sobre este flagelo. Nos viene advirtiendo hace años. Algunos han entendido su labor, por fortuna.
Nadie en la "izquierda", hasta ahora, ha presentado plan alguno para terminar con la desnutrición. Me refiero a un plan concreto.
Por estas horas posiblemente nos cuesta pensar qué diablos es lo que el presidente Rafael Correa cree que merece ser condecorado en Ecuador, a propósito del paso de la señora Kirchner por la presidencia.
A Correa, en coincidencia con la justicia de Argentina, lo que más le interesa es el pasado de la señora Kirchner.
A los argentinos, que día a día desentrañamos una realidad que fue más verso que épica, nos debería interesar el futuro. Sin tantas condecoraciones.
No sea cosa que por discutir el pasado nos aburramos con el futuro.
¿Qué hice yo para que la pobreza no se duplicará desde el 2008? ¿Cuál es mi responsabilidad para que no nacieran uno de cada dos compatriotas en la pobreza?
Es una buena pregunta como ejercicio individual, acaso para no repetir errores, algunos de ellos crónicos e ingratos en la vida nacional de hace muchas décadas. Es una gran pregunta para empresarios, sindicalistas, políticos e, incluso, jueces.
Respondo por mí: jamás voté al kirchnerismo, jamás voté a tipos de dudosa capacidad, al estilo de Celso Jaque o, directamente, impresentables, como Paco Pérez.
Mi persistente curiosidad me lleva a preguntarme qué es lo que premia y rescata, con honores máximos, la Ecuador de Correa
Debo entender que el fracaso en varias de las políticas empleadas por la señora Kirchner no es tan evidente en Ecuador.
¿Debemos sentir lástima por los ecuatorianos o informarles que aquel cuentito no da siquiera como para postularlo como obra de ensayo para el premio literario Casa de las Américas?
Argentina necesita de presente, eso está claro. Un día día más benigno, aunque sea una mejora progresiva, lenta. Pero no es la mayor urgencia, como sí lo es la de transitar un futuro estratégico e inteligente.
Ya sabemos qué hicimos con el futuro desde el 2008 hasta acá.
El gran desafío es saber qué haremos con el futuro desde ahora.