La danza de la lluvia de dólares
El presidente Mauricio Macri puso al mismísimo organizador del Foro de la ciudad suiza de Davos a poner en marcha su berretín: un foro de inversiones y negocios con los grandes exponentes de la industria y el comercio del mundo. Lo hemos sintetizado en varias notas como "la mini Davos" de Macri, y no nos hemos equivocado. Pero hay un dato que contó este fin de semana el periodista que cubre las instancias para MDZ, Carlos Burgueño: ¿por qué Macri se lanzó de cabeza a organizar este encuentro? La respuesta puede hallarse en gran medida en la consideración que emblemáticos empresarios argentinos piensan y solo dicen en voz baja o pidiendo respeto por el "off the record". En buen cristiano, sienten que Macri les "toca el culo" con este hecho político y económico de relevancia. "Traen gente a que compita con la industria nacional", aducen. Y puede que tengan razón. La intención del macrismo puede ser, inclusive, esa: que dejen de sentirse imprescindibles, que sepan que pueden ser reemplazados y reciban lo que les toca por no haberle dado al nuevo gobierno el empuje que éste esperaba de ellos.
Desde el gobierno también dicen estar hartos de sufrir el mismo toqueteo trasero de parte de quienes creían aliados desde el momento cero del PRO y que, una vez conquistado el gobierno, se hacen los distraídos, siguen con sus mismas prácticas, rezongan cuando se les da la oportunidad de blanquear la plata que tienen afuera y, al final, "cualquiera que gobierne ellos siguen igual", según filtraron funcionarios nacionales, empacados contra el que creían "su" empresariado, el mismo que sufrió los embates del kirchnerismo.
En este contexto, Macri decidió avanzar. Pero no resultará fácil. Podrá contarles que el país cambió y alentar las esperanzas de que este cambio dure un largo tiempo, pero los inversores extranjeros miran a la Argentina con ojos más largos: ¿cuánto tardará un nuevo ciclo en dar la vuelta entera en este país ciclotímico y cambiante? Macri y los suyos creen que ya no se volverá a los 70 años anteriores de populismo aplicado con diferentes máscaras y subido a distintos caballos de Troya. Pero para eso necesita no solo convencer a los propios sino a los opositores. Y allí juega un rol importante el peronismo, con todas sus caras. Descartado que el kirchnerismo vaya a dar alguna señal de interés en estas políticas, la mirada debe posarse en todos los demás, incluyendo en ese surtido al más importante (e impredecible) de todos, Sergio Massa, quien se mueve en función de su propia conveniencia y tracción a encuestas.
El presidente, como los viejos caciques, está convencido en que hay fuerzas universales que deben aportar para que la Argentina ocupe un lugar de relevancia en el mundo. Uno que ya ocupó y del que fue desmoronándose hasta llegar al lugar de vulnerabilidad en la que estamos hoy. Como aquellos líderes y chamanes, ofrece con este foro su "danza de la lluvia" esperando que los dólares caigan del cielo. Pero -como decía Cristina Kirchner- "no es magia". Gobernar es convencer, dialogar, gestionar, incluir, tomar decisiones y caminar caminos sin retroceder. Y allí, si se dieran las condiciones necesarias, se produciría el milagro.

