El "resistiré" de unos malos perdedores
Ser un "mal perdedor" incluye la condición de no aceptar el fair play. En el juego, esto generalmente se vuelve una situación complicada, que puede terminar con una mesa patas arriba, una trompeadera y enemistades irreconciliables. En la democracia, también. Se gana por un voto y esto viene pasando en muchos lugares del mundo en donde los partidos aceptan las reglas del juego y se someten a sus consecuencias mansamente. Por ser mansos ante la ley, nadie queda disminuido en su ego ni en sus posibilidades de resurgir, sino todo lo contrario, ya que el premio es la estabilidad, la sucesión sin sobresaltos, el crecimiento y un disenso que no tiene por qué ser épico.
Sin embargo, el peronismo argentino después de las últimas elecciones, sufre un trauma importante, uno de los más grandes desde 1983: mientras algunos sectores se ajustan a las condiciones bajo las que participaron del comicio, otro, el kirchnerismo, (que llegó a las elecciones con todas las fichas a su favor, con todo el poder en sus manos y con la potencia de haber estado controlando todo, casi sin control, durante 12 años) sintió el impacto de las urnas aunque insiste en pretender que muchos crean que no perdieron.
Esa situación los lleva a mostrarse en forma que no podríamos calificar de otra forma que como "rara". Tienen todo el derecho a manifestarse y también podrían hacer un mea culpa, ofrecerse a la justicia que los investiga y aclarar los tantos. Podrían empezar a separar la paja del trigo y constituirse como alternativa política sin sobresaltos, sin necesidad de recurrir al caos y los levantamientos populares como única forma de conseguir visibilidad. Sin embargo, demuestran que no les importa demasiado que existan reglas de juego democrático cuanto convocan a "resistir" de la misma forma (aunque con muchísimo más respeto a su alrededor) que cuando muchos lo hicieron ante gobiernos impopulares.
Muchos participamos en el pasado en las "Marchas de la Resistencia" de las Madres de Plaza de Mayo aun sin pertenecer a su núcleo político. En otras épocas, fueron un símbolo para denunciar el autoritarismo (cuando no se podía hacer eso solo y había que juntar fuerzas para hacerlo) y la violencia de gobiernos ilegítimos, que no respetaron la Constitución. También se manifestaron ante gobiernos como los de Carlos Menem y Fernando de la Rúa de los cuales muchos kirchneristas fueron parte, pero reniegan de aquello. Ahora, las Madres se muestran tristemente "alquiladas" por un grupo político específico y con ellos retoman unas marchas que habían levantado cuando Néstor Kirchner llegó al poder.
Hoy se terminó por vincular definitivamente a "Madres" con "cristinismo". La "resistencia" al gobierno que ganó legítimamente las elecciones (inesperadamente, en todo caso, para los que marchan, que quedaron expulsados del manejo de la cosa pública y de gran parte de la privada) termina siendo la de una rama del Partido Justicialista. Alimentada por sectores satélites a los que se les convidó con porciones de gobierno en las últimas tres presidencias, lo que buscan es un espacio en un partido del que nacieron, al que negaron y que ya los mira de reojo y los considera, en todo caso, un lastre.
Las reglas de juego están claras y las exageraciones conducen a confusión, ya que cuando realmente hay cuestiones de fondo para criticar, en su boca, en sus discursos y en sus marchas, suena a otra cosa: a empujón para ocupar un lugar que creen propio eternamente, a cualquier costo.
Bienvenido el hecho de que se organice en partidos toda persona que quiera defender un núcleo de ideas para mejorar el país.Bienvenida la libertad de expresión. Bienvenido -siempre- el respeto irrestricto por las reglas del juego democrático vigente y que ni siquiera los que ahora "resisten" consiguieron el respaldo popular y los consensos para cambiar en el largo período en que tuvieron "la manija" del país.

