Laura Muñoz: "El que denuncia la corrupción tiene sentencia de muerte"
El ex vicepresidente Amado Boudou podría ir a juicio oral por la causa Ciccone. Se trata del caso en el que se investiga la trama armada para quedarse con la imprenta Ciccone Calcográfica, única con la logística para imprimir billetes. La sospecha es que Boudou usó una empresa fantasma y un testaferro para quedarse con la imprenta (que había quebrado) y a la vez usar las influencias para imprimir pesos.
Desde la foja 1 de la causa hay una protagonista clave: Laura Muñoz, la ex esposa del supuesto testaferro de Boudou (Alejandro Vandenbroele), quien describió en la justicia cómo era la relación entre esos protagonistas. Laura Muñoz es mendocina y tuvo que pasar un calvario luego de la denuncia: la amenazaron, soportó intentos de descalificación y enfrentó varios peritajes psiquiátricos. Ahora con la causa elevada a juicio asegura sentirse más tranquila.
Laura Muñoz habló con MDZ sobre la historia que le tocó vivir.
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-¿Cómo tomaste la noticia de elevación a juicio?
-Es una noticia muy esperada, pensé que iba a ser antes. Pero la justicia tiene tiempo que las personas no comprendemos. Esperemos que el juicio se haga pronto y los culpables paguen por lo que hicieron.
-¿Qué te llevó a contar todo?
-Necesitaba contar mi verdad. Le había contado a un juez todo, pero en vez de llevar mi denuncia, escucharme; me silenció violentamente. Nadie quiere que le roben a nuestro país, todos queremos lo mejor. Ahí empezaron las amenazas tremendas para que no hable. Ahí me di cuenta que rápidamente tenía que hablar porque tenía miedo que me pasara algo. Por suerte Nicolás Wiñazki se cruzó en mi camino y le conté todo.
-Cuando presentaste la denuncia te trataron hasta de loca, tuviste que pasar peritajes psiquiátricos y demás. ¿Qué sentís ahora?
-Fue un combo de todo. Cuando uno se resiste empiezan los ataques, que venían desde el lugar menos pensado. Fue un camino duro. Me pasa cada vez que la justicia da un paso más, que es mirar hacia atrás...son recuerdos que no son gratos y que no tengo presentes todos los días. Los primeros dos años y los seis meses previos a hacer la denuncia fueron horribles y en total soledad. Obviamente la gente tampoco me quería creer. Lo que me da pena es vivir en un país que cuando decías la verdad y se comprueba viene la reivindicación. Debería ser normal que se denuncia. Lo que también me pasó fue que la primera reacción fue decirme ‘cómo vas a decir esto'. Está en el inconsciente de la gente que no te podés levantar o decir algo contra el Gobierno, decir una verdad en contra de un corrupto porque te van a matar.
-¿Te pasó también en tus círculos más íntimos?
-Mi círculo íntimo lo perdí al segundo de hablar. Nadie se quiso quedar a mi lado. Las personas que pensé que eran de mi confianza me dijeron ‘por qué no agarraste la guita y te callaste' en vez de apoyarme. Estamos acostumbrados a que el tipo piola, el vivo, sea el que le vaya bien. El tipo a imitar es como Boudou, que se hace el adolescente cancherito, que toca la guitarrita, que anda en moto y se roba nuestro dinero. Ese es el personaje a imitar. Yo quiero que no pase eso, que la generación que viene valore el esfuerzo, que quieran emular al que se esfuerza, al que trabaja, al que estudia. No personas como las que eran mis amigos que me decían cómo no te quedaste con la plata de Vandenbroele. Yo nunca toqué un peso. Me ha tocado escuchar mujeres que me decían que le reventaban la tarjeta y luego los denunciaban. Si hacés eso sos cómplice.
-Se habla mucho de crear la figura del arrepentido para proteger a los corruptos que denuncian. ¿Qué pasa con quienes denuncian la corrupción desde el llano?
-Lamentablemente en este país denunciar la corrupción es tener una sentencia de muerte. El Estado en vez de ocuparse de vos y cuidarte, trata de aplastarte. Por eso la gente no denuncia. Ojalá esto cambie. Peor con las mujeres. Las mujeres que han denunciado a sus parejas o jefes, terminan en un psiquiátrico o terminan suicidadas o sin los hijos. Eso es lo que hay que cambiar. Una persona común que quiere denunciar hay que cuidarla, no maltratarla. Si no, qué ejemplo das. Eso es lo que a mí me gustaría que cambie. 
-A Vandenbroele se lo ha visto en muchos lados.
-Tiene un círculo de aplaudidores, que lo adulan y lo aplauden. Es socio del club del Arena Maipú. Lamentablemente muchos son del círculo de la escuela de mi hija. Igual hay como una condena social importante, ya no puede andar por restaurantes ni lugares como antes.
-¿De qué vive?
-Nadie sabe de qué vive y cómo mantiene ese nivel de vida, que es bastante alto.
-Sigue investigado y estuvo preso
-Estuvo preso en forma relativa porque mientras todos pensábamos que estaba preso, se lo vio entrar a un edificio en calle Mitre, a media cuadra del juzgado de familia caminando con capucha y anteojos negros.
-¿Tiene contacto con dirigentes políticos?
-No tengo idea. No tengo contacto con él. Lo único que hago es que mi hija tenga la mejor relación con su padre.
-¿La situación de amenazas y de tensión se modificó con el cambio de gobierno?
-Sí. Cambió. Tengo una vida mucho más tranquila. Tengo un grupo de gente que me cuida. La mirada social hace dos años que cambió. También es un camino personal. Cuando vivís situaciones límites aprende en poco tiempo mucho y crecés un montón.
-¿Vas a declarar en el juicio oral?
-Sí, siempre he estado a disposición. Cuando allanaron mi casa, cuando me pidieron declarar. Incluso tuve que ir a buscar a Buenos Aires algunos objetos personales. Esto se tiene que aclarar. Mi lucha es que haya justicia, que el que cometió un ilícito pague, devuelva lo que se robó y que si va a la cárcel que reflexione.
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